Con la oposición corriendo detrás de su agenda, Kirchner todavía no perdió

Por Luis Majul.

Néstor Kirchner todavía no perdió. Y quienes supongan que el ex presidente ya está listo para entregar el poder podrían llevarse una sorpresa.

El anticipo de las elecciones, las candidaturas testimoniales, la incorporación de Nacha como el fantasma de Eva Perón y la campaña sucia contra Francisco De Narváez son sólo las primeras decisiones tácticas de un juego mortal que todavía no alcanzó su máxima expresión.

Es más: la instalación del eje de campaña con la idea de que si Cristina pierde la mayoría se volvería a la crisis de 2001 no es nueva, original ni constructiva, pero podría surtir efecto entre miles de argentinos que no aman a Néstor ni a Cristina, pero que no desearían repetir la traumática experiencia.

"Si yo fuera el líder de la oposición y quisiera que el ex presidente cayera derrotado en la provincia de Buenos Aires, me preocuparía más en decirle a la gente qué pienso hacer para mejorarle la vida, en vez de criticar cada cosa que él dice o que él hace, y siempre corriendo detrás de quien me fija los temas de la agenda", me dijo un consultor político que prepara encuestas y aconseja a candidatos desde la restauración democrática, en 1983.

Como Carlos Menem hasta que Eduardo Duhalde lo doblegó, Kirchner bien puede ser definido como una máquina de ganar elecciones. Y sus últimos movimientos van en la dirección correcta para lograrlo otra vez. Veamos:

* Después de toda le espuma que generó, está probado que el anticipo de la fecha de los comicios le hará mejor que peor. En todo caso, le hará perder menos votos, porque se sabe que el paso del tiempo le va restando base de sustentación.

* Lo mismo puede decirse de las candidaturas testimoniales. Ahora se sabe que la figura de Daniel Scioli no le alcanzará para lograr un triunfo contundente, pero es innegable que hoy le aporta más votos que los que estaba perdiendo día a día en todo el territorio de la provincia de Buenos Aires.

* Todavía es temprano para analizar la inclusión de Nacha, pero es seguro que su figura no espantará a ningún convencido ni le meterá miedo a los los indecisos que todavía no descartaron votar al proyecto del oficialismo.

Campaña sucia

¿Y qué decir sobre la acusación contra el primer candidato a diputado por el peronismo disidente en la provincia de Buenos Aires, deslizando la sospecha de alguna secreta vinculación con el negocio de la efedrina?

Se trata de una poco original jug

ada de manual, extraída del libro gordo de las campañas negativas. Y es casi seguro que vaya a terminar como la denuncia contra Enrique Olivera, a quien acusaron falsamente de poseer una cuenta en el exterior no incluida en su declaración jurada. La mentira se hizo púbica apenas dos semanas antes de la elección, y todavía la gente de Elisa Carrió supone que le arrebató muchas voluntades, porque no tuvieron tiempo ni de demostrar que era mentira ni de usarlo como argumento para desenmascarar a quienes la propagaron, incluido el entonces presidente Néstor Kirchner.

Y si antes funcionó ¿como saber hasta donde afectará esta chicana a la fuerza que lideran De Narváez, Felipe Solá y Mauricio Macri? ¿Cómo evitar que algunos de los votos que quienes hoy dudaban entre elegir a De Narváez y otros como Kirchner, Margarita Stolbizer o Martín Sabbatella prefieran, ante la duda, optar por los últimos?

Pánico efectivo

Lo mismo puede decirse de la irresponsable apelación al miedo. Puede generar pánico, pero es efectiva. Es decir: quienes se indignan con Néstor y Cristina por el uso de los fantasmas del pasado no los pensaban votar, pero entre quienes todavía no descartan hacerlo por ellos lo toman como argumento válido antes de meterse en el cuarto oscuro y depositar la boleta elegida.

Es cierto. Se puede discutir hasta el cansancio si los métodos que usa Kirchner para ganar por poco o evitar perder son éticos o no, legales o ilegales, legítimos o ilegítimos, desesperados o brillantes, inocuos o peligrosos. De hecho, desde esta columna se criticaron, se critican y se seguirán criticando el cambio de la fecha de elecciones, las listas testimoniales y el nivel de dramatismo y locura que el Gobierno le está poniendo a esta campaña.

Pero mientras la mayoría de la oposición y el periodismo se indigna y se horroriza, Kirchner prepara la siguiente jugada con todo el aparato del Estado a su favor, con miles de fiscales y presidentes de mesa dispuestos a todo para ganar la elección, sin el menor remordimiento de conciencia.

Comentá la nota