La oportunidad perdida

Por: Ricaro Kirschbaum

Cambiaron ministros, llamaron al diálogo, maquillaron el INDEC y patearon el problema para adelante, siguieron pisando las importaciones, resisten los cambios en el Consejo de la Magistratura y se arriesgan a un choque con la Corte. Evitaron, por ahora, la fractura de la CGT y sostuvieron a Hugo Moyano como su más fuerte aliado en medio del temblor político.

Y a los gobernadores ávidos de plata fresca los mantienen con la rienda corta: la rebeldía de algunos todavía no se ha convertido en conspiración.

Estas han sido algunas de las decisiones que tomaron los Kirchner después de la derrota electoral. Les ha servido para mantener viva la iniciativa política, para resguardar el rumbo general del Gobierno, para abroquelar a las fuerzas que les siguen siendo leales. Ha sido, hasta aquí, una demostración de lo que el poder todavía puede ensayar con suerte diversa. Y, como contrapartida, ha mostrado que la oposición logró avanzar muchos casilleros, pero esto no significa que haya conseguido marcarle el ritmo al oficialismo.

El kirchnerismo está más complicado con sus problemas que con los ajenos. El principal es que su base se angostó dramáticamente y las cartas que tiene para mejorar su posición las juega de acuerdo con su vieja táctica de vencer o morir. La oportunidad abierta por la revisión del INDEC ha sido desperdiciada. Su presunto auspiciante, el ministro Boudou, aceptó la simulación sin dar batalla. Se quedó con el boato del cargo pero ha quedado claro que no tiene ni poder ni una estrategia para cambiar las cosas.

La CGT seguirá formalmente unida porque el Gobierno, presionando y prometiendo, frenó la ruptura. Cuando los sectores que se levantaron contra el camionero lo hacen es porque olfatean que el poder está mudando. En el peronismo eso ya es notorio. Pero ¿hacia quién?

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