El opio del pueblo

Por Mariano Grondona

Cuando Marx escribió que "la religión es el opio del pueblo", tenía y no tenía razón. No tenía razón en el sentido de que la religión, que en tiempos de Marx parecía en declive en función del auge cientificista del siglo XIX, ha resurgido en las últimas décadas no sólo de la mano del judeocristianismo sino también del islam. Pero Marx tenía razón en que la distribución del "opio para el pueblo" sigue vigente hoy, aunque por otras vías que la religiosa. Tal es el caso entre nosotros de la transmisión gratuita de los partidos de fútbol que ha inundado las pantallas de la televisión desde que se produjo el pacto entre Néstor Kirchner y Julio Grondona. Es que, si Marx pensaba que la religión es una manera de anestesiar al pueblo para que se olvide de sus auténticas reivindicaciones, que esta función no la cumpla la religión no quiere decir que no queden otros caminos en dirección del mismo objetivo.

De lo que se trata entonces es de distraer al pueblo de sus verdaderos intereses, fijando su atención en zonas políticamente inocuas, menos peligrosas para el Gobierno. Cuando Kirchner concluyó erróneamente que había perdido las elecciones del 28 de junio por culpa de los medios y no, a la inversa, que los medios no hicieron otra cosa que reflejar el agudo desgaste popular del matrimonio presidencial, imaginó nuevas tácticas para manipular el espíritu de los argentinos que ahora se hallan en plena ejecución.

Este intento de desviar al pueblo de sus auténticos intereses se ha repetido una y otra vez en la historia, sobre todo en las épocas de decadencia. Cuando Roma había perdido la virtud cívica que le había dado su esplendor, concibió un método de distracción que se hizo famoso bajo el lema "pan y circo". Después de que el pueblo lo derrotó categóricamente hace seis meses, Kirchner, en vez de enmendar los pasos que lo habían llevado al fracaso redobló su apuesta "romana" al populismo, que hoy encarna aun más que antes bajo una fórmula que no proclama pero que aplica empeñosamente. En lugar de "pan y circo", ¿la llamaríamos acaso "subsidios y fútbol"? De un lado, los subsidios, lejos de amainar, hoy se aplican hasta en las liquidaciones de salarios de empresas privadas. Del otro lado está el indudable impacto popular de la televisación masiva del fútbol en el seno de las familias.

Estos dos recursos extremos de un gobierno acometido por la ansiedad van por su parte en contra de los valores que hicieron grande a la Argentina. En sus tiempos de gloria, nuestro país se basó en la educación de Sarmiento y en la fe en el trabajo que se resumían en el lema "mi hijo el doctor". Hoy no se paga por ser más competitivo, por capacitarse y por trabajar más, sino por quedar a la vera del camino del esfuerzo para ponerse al amparo del clientelismo. La apuesta de Kirchner en 2009, ¿será también la apuesta del pueblo argentino en 2011?

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