"La opinión pública es la subjetividad de la mayoría"

Viedma.- (APP) Últimamente se hace muy difícil debatir racionalmente sobre la política nacional. El antikirchnerismo se transformó desde el conflicto con el campo hasta esta parte en una cuestión visceral y antiracional por parte de los grupos concentrados de poder, los grandes medios de comunicación y gran parte de los dirigentes de la oposición. Esto se trasladó a amplios sectores de la población, especialmente la clase media
Hay pocos momentos de la historia más o menos reciente de la Argentina en que uno encuentre que una campaña tan sistemática de los grandes medios –gráficos y audiovisuales- en mostrar que todo, absolutamente todo, está mal, y que no hay nada, absolutamente nada para destacar del gobierno nacional y de la situación que atraviesa el país.

Quizá en los últimos años del gobierno de Alfonsín hubo algo parecido (de hecho hay varias similitudes, desde el enfrentamiento gobierno-Clarín hasta la confluencia de sectores agropecuarios más antinacionales y conservadores con una parte de la Unión Industrial, que a finales del alfonsinismo se denominó Grupo de los Siete), pero tampoco fue tan a fondo (había todavía muchos medios de comunicación estatales y además Alfonsín decidió ir cediendo ante las presiones, lo que era saludado por parte de la prensa ‘del poder’ que igualmente apuró su caída, cosa que no hace el actual gobierno). Se nos hace muy difícil a quienes seguimos defendiendo el sesgo progresista del gobierno nacional, un núcleo de políticas que se pusieron en marcha desde el 2003 hasta la fecha que consideramos esenciales para construir un país más desarrollado e igualitario, enfrentarnos diariamente con tanto discurso troglodita, retardatario y mentiroso. Hay indudablemente ‘halcones’ de este discurso, políticos y comunicadores fundamentalmente, los Duhalde, Macri, De Narváez, Carrió, Grondona, Aguinis, Ruiz Guiñazú, Morales Solá, entre otros, que han logrado la ‘hegemonía’ en la opinión pública. Hay sectores de la oposición, intelectuales y periodistas que sin dudas no pueden emparentarse a esos personajes profundamente reaccionarios que sólo destilan odio y revanchismo anti-kirchnerista. Pero lamentablmente son muy enfáticos a la hora de marchar las diferencias con el gobierno nacional que al momento de marcar las coincidencias con el oficialismo. Con lo cual suelen ser funcionales a los dirigentes de la derecha más clara que pretende suceder a los Kirchner en el 2011 –y si es posible antes-. Esto se ve muy claro también en temas claves que impulsó el gobierno nacional y que siempre fueron bandera de los sectores progresistas de la oposición, ya que a la hora del debate y del voto en el Congreso prefirieron encolumnarse con la contra –a espaldas de su conciencia- a tener que sumarse al oficialismo. Así pasó, por ejemplo, con la nueva ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y la estatización de las AFJP. Si uno repasa los diarios y las opiniones de un mes a esta parte de los distintos dirigentes de la oposición, incluyendo los ‘progresistas’, ve muy, pero muy pocas líneas destacando, por ejemplo, la puesta en marcha de la Asignación Universal por Hijo para Protección Social, un hito en cuanto a políticas sociales y a reparar la exclusión que dejó los ’90, y en cambio hay mucho centimetraje en criticar hasta cuestiones menores de las políticas del gobierno nacional. Y sí, después de llenarse la boca en los últimos tiempos por el aumento ‘inaudito’ de la pobreza, no dijeron casi nada sobre la asignación universal, en cambio escribieron largos comunicados e hicieron extensas declaraciones contra el Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad. Lo del Fondo del Bicentenario marca muy bien esto de que se mira al gobierno con un solo ojo. Se critica que se utilice una parte del nivel actual de reservas para dar garantías que los compromisos de la deuda en el 2010 van a ser atendidos –un 14%, muy inferior al porcentaje que se utilizó en su momento para desendeudarnos del FMI-, pero no se dice lo obvio, que este gobierno tiene sus cuentas externas superavitarias, que hay suficientes divisas como para asegurar que seguirá vigente un modelo anclado en la actual diferencia peso-dólar, que aún utilizando el año próximo la totalidad de ese fondo, van a quedar más de 42 mil millones de dólares de reserva, que este año la balanza comercial tendrá un superávit de 17,000 millones de dólares y que la del 2010 estará también por arriba de los 10 mil millones de dólares, es decir, cifras que no pudo mostrar prácticamente ningún gobierno del 83’ a la fecha. Pero lo cierto que más allá que uno trate de marcar con fundamentos que las cosas no están tan mal y que este gobierno como el de Néstor Kirchner tiene mucho para mostrar, se hace difícil –como ya dije- enfrentar tanto discurso visceralmente ‘anti’ que por definición no admite precisamente racionalidad. La ‘hegemonía’ que existe en la opinión pública de ese tipo de discurso opositor se refleja también en que ya los sectores más derechosos, nostálgicos de la dictadura y del menemismo, no necesitan ningún eufemismo para decir lo que piensan ni se sonrojan al momento de actuar como verdaderamente son. Antes del conflicto con el campo, cuando el kirchnerismo tenía la opinión favorable de más del 65% de la población según cualquier encuesta, hasta los más reaccionarios trataban de disfrazar su discurso de cierto progresismo. Hasta el Macrismo se presentaba como una derecha ‘moderna y cool’ alejada del Menemismo. Ya no. Grondona opina como Grondona. Biolcatti habla como Biolcatti. Y Macri actúa como Macri. Carrio desde hace ya tiempo que actúa como Carrió, no esconde nada, está con los monopolios, con Ernestina de Noble, con la Sociedad Rural, y pide en las embajadas la intervención extranjera contra el ‘fascismo’. La asunción de Abel Posse como Ministro de Educación porteño es un ejemplo. No hay nada que esconder. No está mal que se transparente que Macri no es una centroderecha moderna, al estilo de las centroderechas europeas, y que enr ealidade s más conservador que liberal, lo terrible es que quizás hay ‘plafond’ en la opinión pública para que un gobierno democrático pueda designar a un tipo que reivindica la dictadura, cree que la mujer es inferior, considera que el gobierno nacional tiene una estrategia política troskoleninista y opina que el rock estupidiza a los jóvenes.

En fin. Se hace difícil debatir en el marco de este panorama tan hostil. Por supuesto que uno no dice que el oficialismo sea inocente de este contexto, ha cometido gruesos errores y ha asumido muchas veces un estilo que en parte generó la unión de tantos sectores en su contra, ‘halcones’ y ‘funcionales’. El kirchnerismo se ha equivocado también al actuar como si en la oposición fueran todos ‘halcones’ en lugar de tratar de acercar a las ‘palomas’ o que éstas no sean funcionales a la reacción (aunque en esto se vea un cambio en el Congreso en los últimos tiempos). En realidad habría muchas cosas que objetar del gobierno nacional, pero, qué quiere que le diga, ante tanto discurso ‘alternativo’ al kirchnerismo con tufillo fascistoide, gorila, reaccionario y de derecha estilo Berlusconi, prefiero hacer reserva de esas opiniones. Aunque cometa el error de asemejarme a cierto estilo obtuso del enemigo, me pongo sin fisuras al lado del gobierno.

. En esto de que se miente desde los medios y esa mentira se convierte en ‘opinión pública’ me llama la atención que dirigentes que incluso se consideran progresistas o que por lo menos no destilan antikirchnerismo por los poros estén repitiendo que la pobreza y al exclusión es peor que en el 2001/2 y en el Menemismo. Es cierto que hay un núcleo duro de la pobreza que dejó los ’90 que es difícil revertir y que uno de las características que tiene la globalización –en un mundo que recordemos sigue siendo capitalista, es decir, con base en el mercado y en el lucro- es que la concentración de la riqueza se profundiza. No se puede negar que el descrédito del INDEC, que indudablemente se lo creó el gobierno –aunque se hayan rectificado algunas cosas y ahora no hay tantas diferencias entre los datos oficiales y los privados (que tampoco nunca han sido técnicamente puros)-, contribuyó a que se diga cualquier cosa y que se hagan diagnósticos al voleo sin ninguna fundamentación técnica. Pero en realidad no hay que hacer demasiados estudios, basta el sentido común para saber que en materia de pobreza y distribución del ingreso las cosas desde el 2003 a la fecha andan mucho mejor que en los ’90 y en el crack en que caímos con la Alianza. Si la desocupación es el principal componente a la hora de analizar esos indicadores, el hecho que hayamos caído de los casi dos dígitos de desocupación que dejó el Menemismo y de los 23 o 24 puntos de desocupación por la crisis 2001/2002 a un dígito, sin dudas que la pobreza y la exclusión es menor, mucho menor. Por supuesto que este año sufrimos el impacto de la crisis internacional y eso generó desocupación que nos acercó a los 9 ó 10 puntos, pero no hay comparación con lo que pasó en otros países donde ese índice prácticamente se duplicó. A la sustancial baja de la desocupación hay que sumar el millón y medio de viejos que se sumaron al beneficio previsional y ahora la asignación universal por hijo. A pesar de todo, Argentina sigue siendo el país latinoamericano más igualitario, muchos más que los ‘modelos’ que se ensalzan, como Brasil o Chile. Aunque yo también reivindico a Lula como al grueso de presidentes latinoamericanos como Chávez, Evo y Correa que se han planteado como prioridad salir de los paradigmas del Consenso de Washington y construir sociedades más igualitarias, lo cierto es que Brasil sigue siendo un país muy desigual, muchísimo, muchísimo más desigual que la Argentina. Basta decir que sobre una población de 160 millones de pesonas, hay 90 millones de pobres –el 62% del total- y sólo en Río de Janeiro y San Pablo hay más de 6 millones de personas en las favelas. Chile, hay que decirlo, recuesta en la Argentina parte de déficit social –como también lo hacen otros países limítrofes-, y por eso en la Patagonia como a todo lo largo de la cordillera hay miles de familias chilenas que optaron por este país sobre todo porque no tienen que pagar para acceder a la educación y a la salud. Volviendo al tema de la pobreza y la distribución del ingreso, Alfredo Zaiat informó recientemente en Página 12 que después de varios años volvió a ser pública la base de la Encuesta Permanente de Hogares. Señaló que ahora "ya no habrá excusas para eludir la rigurosidad, con la excepción de aquellos que prefieran continuar con las chicanas políticas de bajo vuelo". El sociólogo Artemio López ilustró que "una primera lectura de algunos datos de la nueva EPH muestra una baja en la brecha entre el 10 por ciento más rico y más pobre, medida por ingreso individual, que pasa de 34,1 veces en el segundo trimestre de 2003 a 25,3 en 2009. La brecha entre el 20 por ciento más rico y el más pobre medido por ingreso individual muestra una evolución positiva en el lapso 2003/2009, donde pasa de 15,6 veces en 2003 a 12,1 veces". Aunque los datos no son para descorchar champán, porque nadie es necio como para negar un núcleo de pobreza y exclusión que se ve en todos lados, se desmiente esto de que ‘estamos peor’ que en los ’90 o cuandoe stalló la convertibilidad. Comoa firmó Zaiat, "con altibajos pero con una orientación sostenida, la equidad distributiva empeoró entre 1975 y 2002, tendencia que se quiebra en el proceso de crecimiento iniciado en 2003". Es verdad que en el 2007 se estancó la mejora de la distribución, pero fue por el conflicto del campo –donde no era precisamente el gobierno el que se negaba a redistribuir ganancias extraordinarias-, a lo que se sumó después la crisis internacional. Zaiat mencionó además que "a Encuesta de Indicadores Laborales, elaborada por el Ministerio de Trabajo y que no recibe cuestionamientos del mundo académico ni de consultoras de la city, muestra que la fase contractiva del ciclo económico implicó una caída promedio mensual de 0,3 por ciento del empleo registrado. Ese porcentaje es menor al contabilizado en crisis recientes: la brasileña de 1999 (0,4 por ciento) y la salida de la convertibilidad en 2001 (0,8 por ciento). Considerando que la actual crisis es la más importante desde el crac del ’30 del siglo pasado, la caída del empleo registrado ha sido moderada. Esta respuesta que no fue tan negativa se desarrolló en un escenario laboral diferente al prevaleciente en la década pasada. La expansión del empleo asalariado formal ha sido extraordinaria desde 2003 en que, según la información del Sistema Integrado Previsional Argentino, ha creado unos 2,2 millones de trabajos. En total, ese universo de formales, que implica que el trabajador goza de los beneficios y derechos que establece la normativa laboral, es 19 por ciento mayor que el contabilizado en el mejor momento de los noventa. En los últimos cuatro meses se observa un período de estabilización y recuperación del empleo: en el último registro de octubre, el empleo registrado del sector privado de los principales centros urbanos creció 0,4 por ciento respecto del mes anterior. Esto significa la creación de alrededor de 20 mil puestos de trabajo formales durante octubre". En fin. Hay mucho para mejorar, pero también hay que decir la verdad y no repetir el absurdo de decir que con Menem o con De La Rúa –con Cavallo en los dos casos- estábamos mejor. (APP)

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