Opinión / A 149 años del Pacto de San José de Flores

Nuestra historia, signada por una versión centralista, oficial, tiende a disimular los graves conflictos suscitados entre porteños y provincianos.
En la segunda mitad del siglo diecinueve hubo un acontecimiento que se soslaya o se reduce a pocos párrafos como si hubiera sido de poca trascendencia: el Pacto de San José de Flores.

Este episodio tuvo crucial importancia por cuanto evitó el baño de sangre que hubiera ocurrido si el ejército nacional avanzaba sobre la ciudad de Buenos Aires para deponer el gobierno porteño hostil a la Constitución Nacional.

El 11 de noviembre de 1859 la negociación entre los comisionados de Buenos Aires y de la Confederación Argentina, operando con la eficaz mediación del gobierno del Paraguay, llegaron a un acuerdo de tregua que salvó la tremenda situación de enfrentamiento armado.

Desde varios años atrás los diplomáticos de Francia, Inglaterra, Estados Unidos y Brasil habían intentado lograr la pacificación sin resultados positivos. Básicamente debido a la intransigencia de Buenos Aires que no solamente se negaba a incorporarse a la Nación sino que operaba militarmente en contra de la organización nacional con acciones como la frustrada invasión a la provincia de Entre Ríos.

El sistema federal de organización política y la Convención Constituyente propuestos por el Gral Urquiza después de Caseros, con el asesoramiento del Dr. Juan Bautista Alberdi fue acordado por todos los gobernadores en mayo de 1852 en San Nicolás de los Arroyos. Inclusive por el gobernador de Buenos Aires designado por el entonces Director Provisorio de la Confederación , General Urquiza, Don Vicente López y Planes. Todas las legislaturas provinciales ratificaron el acuerdo de San Nicolás, menos la de Buenos Aires. La legislatura porteña fogoneada por el diputado y Coronel Bartolomé Mitre mediante tumultos y violentas agresiones rechazó del Acuerdo, provocando la renuncia del venerable Vicente López y Planes, el autor de nuestro himno nacional.

En 1857 el Dr. Valentín Alsina fue electo gobernador de la Provincia de Buenos Aires mediante fraude y violencia ejercidos contra los porteños "reformistas" que propiciaban la unión de la provincia de Buenos Aires con sus hermanas en el seno de la Confederación

La posición política del partido gobernante porteño, paradójicamente llamado "liberal", solo admitía integrarse a las demás provincias en tanto Buenos Aires mantuviera el predominio, tal como lo había tenido con los sucesivos gobiernos desde Mayo de 1810 hasta la caída del Gobernador Juan Manuel de Rosas. Es que Buenos Aires tenía toda la plata, los recursos del comercio exterior que generaba el puerto de Buenos Aires y no quería compartirla con las demás provincias al nacionalizarse la Aduana.

En noviembre de 1859 la situación militar parecía indicar que era impensable continuar con el enfrentamiento armado. A dos leguas de la Plaza de Mayo acampaba el ejército nacional comandado por el Gral. Justo José de Urquiza que presidía la Confederación Argentina en 1854. La fuerza nacional de cerca de 20.000 efectivos había sido autorizada por el Congreso a avanzar y tomar la ciudad rebelde de Buenos Aires terminando con la sedición. El ejército provincial de Buenos Aires que comandaba Bartolomé Mitre había sido derrotado en la cañada de Cepeda, un año antes. Sin embargo persistía la actitud beligerante de los dirigentes porteños que rechazaban la Constitución Nacional sancionada en 1853 y pretendían mantener a Buenos Aires como Estado Autónomo.

Pero tanta audacia y desubicación de los separatistas llegó a su término cuando los porteños “reformistas” pudieron lograr en la legislatura porteña la renuncia del Dr. Valentín Alsina y la designación de Felipe Llavallol en el gobierno. Entonces se aceptó concurrir con comisionados a negociar en el Campamento de Urquiza de San José de Flores, bajo la mediación del Gral. Francisco Solano López. Por Buenos Aires concurrieron a San José de Flores el ministro de Gobierno Dr Carlos Tejedor, máxima expresión del localismo recalcitrante porteño junto al ministro Juan Bautista Peña y Antonio Cruz Obligado. La Confederación comisionó a dos veteranos de la Independencia compañeros del Gral San Martín, los generales Tomás Guido y Esteban Pedernera y al diputado jujeño Dr Daniel Aráoz.

Con habilidad, reconocida por todos los observadores, el mediador condujo las deliberaciones y en pocos días se firmó el Pacto por el que Buenos Aires prometía integrarse a la Confederación y la Confederación ordenaba el retiro de sus tropas fuera de la provincia. Se salvó la situación y hubo un período de paz. Duró poco. Pero el Pacto que evitó la catástrofe fue celebrado gracias a la constancia e inteligencia que demostró en su gestión el mediador Gral. Francisco Solano López.

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