En off - El operativo seducción de "Pepe" Mujica

De qué hablan los políticos cuando nadie los escucha
El presidente electo de Uruguay, José Mujica ("Pepe"), ya trabaja en Buenos Aires para atraer inversiones argentinas a su país. Y lo hace a través de un importante empresario rioplatense, Juan Carlos López Mena, presidente de Buquebus. Días pasados, durante una cena de despedida que el embajador uruguayo, Francisco Bustillo, le hizo a su par brasileño, Mauro Vieira -que recalará en Washington tras cinco años en Buenos Aires-, López Mena contó que por pedido de Mujica está organizando una reunión con mil hombres de negocios argentinos, uruguayos, europeos, mexicanos y norteamericanos para el 10 de febrero, en Punta del Este. "El está convencido de que a la pobreza se la combate con la inversión privada y considera a los empresarios aliados insustituibles. Está decidido a generar confianza con reglas claras y previsibilidad", dijo López Mena, que acababa de compartir la noche triunfal en la casa del ex tupamaro. Compartieron su entusiasmo, entre otros, el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti; los titulares de la UIA, Héctor Méndez, y de la Bolsa, Adelmo Gabbi, y el petrolero Alejandro Bulgheroni.

Prueba de fuego

En la misma reunión, uno de los comensales le comentó a Vieira una curiosidad muy singular: el suyo es un caso más, junto con el de otros dos diplomáticos extranjeros que, tras revistar en Buenos Aires, fueron destinados inmediatamente a puestos de altísimo nivel. Anthony Wayne es el enviado de Barack Obama en Afganistán y el colombiano Jaime Bermúdez pasó a ser canciller de Alvaro Uribe. "¿Lidiar con los Kirchner constituye una prueba de fuego tras la cual viene un ascenso?", se ironizó entre bocaditos de paté y palmitos. Vieira respondió con diplomacia: "Este país es increíble? lo tiene todo. Lula vino como quince veces desde que es presidente. ¡Cómo lo voy a extrañar!".

El guionista de Pinky

Uno de los puntos más comentados de la última sesión en Diputados, donde la oposición se impuso al kirchnerismo por primera vez en seis años, fue el desempeño de Lidia Satragno (Pinky) como presidenta de la Cámara. Pero para hacerlo se preparó dos semanas estudiando los vericuetos del reglamento. La asistieron asesores y diputados de su bloque (Pro), pero también del resto de la oposición. Finalmente, la tarea de "escribir el guión" sobre cómo debía aplicar el reglamento y qué debía decir en cada caso recayó en el jurista radical Ricardo Gil Lavedra, que hizo diferentes versiones según todo lo que pudiera pasar y elaboró el argumento jurídico que le permitió a la oposición votar autoridades y comisiones en el mismo acto. Como en sus tiempos de estrella televisiva, Pinky interpretó al pie de la letra su guión.

Duhalde, online

En el fragor previo a la negociación final en el Congreso, Graciela Camaño, diputada del peronismo disidente, llamó a Eduardo Duhalde a Italia. Era el jueves por la mañana. El ex presidente se preocupó porque Camaño impidió pelear para la oposición la presidencia de la Cámara de Diputados. Camaño le explicó a Duhalde su "propuesta negociadora", pero a éste no lo convenció porque logró que el diputado Néstor Kirchner no perdiera en sus narices todas las comisiones a manos de la oposición. Le salvó unas cuantas, las estratégicas. Los peronistas disidentes se molestaron luego con Camaño porque formó un bloque aparte, el Peronismo Sin Patrones, y logró que el kirchnerismo le garantizara el apoyo para presidir la Comisión de Asuntos Constitucionales. "La negociación fue culpa de Elisa Carrió, que se negó a tumbar a Eduardo Fellner de la presidencia; teníamos el número, aún sin la izquierda", se quejó otro duhaldista, enojado con la líder de la Coalición.

Un gobierno para mi ex

El gobernador peronista de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, no desiste de sus deseos presidenciales. Por eso, según cuentan en la provincia, ya tendría decidido pedir licencia en sus funciones de mandatario provincial para dedicarse a recorrer el país y juntar voluntades para 2011. El problema es, para él, a quién dejarle el poder: el vicegobernador Jorge Pellegrini no es bien visto por la familia gobernante desde que quiso defender a su hijo, involucrado en un accidente de tránsito, y habría amenazado a funcionarios judiciales. Mientras espera que los procesos iniciados contra Pellegrini por la oposición culminen en el congreso puntano, Alberto ya tiene un reemplazante de confianza: nada menos que su ex esposa, Antonia Salino, titular de la Cámara de Senadores y tercera en la sucesión del gobernador. Todo quedaría, una vez más, en familia.

Peronistas pampeanos y... ¿amigos?

Como suele ocurrir todos los años de recambio parlamentario, la lucha por los despachos suele dejar jugosas anécdotas. Como la que vivieron los peronistas pampeanos Rubén Marín y Carlos Verna. El primero termina su mandato el jueves, pero le dejará sus oficinas a la sanjuanina Marina Riofrío. Lo llamativo del caso es que, en 2003, Marín llegó a la Cámara alta y ocupó los despachos que les cedió Verna. Parece que en La Pampa no existe la idea de la devolución de gentilezas.

Solá, el actor frustrado

Los más superficiales especularán con que Felipe Solá atrajo a Fernando Solanas ("Pino") hacia el bloque opositor del jueves pasado con la promesa de presidir la comisión de Medio Ambiente, una obsesión del diputado porteño. Ignoran, prosaicos, que entre Solá y Solanas hay afinidades más antiguas. El jefe de los diputados del PJ disidente fue, en la adolescencia, extra en Los hijos de Fierro , una versión mitológica de Solanas sobre el peronismo. Solá representaba a un estudiante de derecha que quemaba libros. Los que aprecian su histrionismo lamentan que no haya insistido con el cine. Además, un tío materno de Felipe, Enrique González Bergez (hermano menor de Pablo, tradicional dirigente conservador) refugió a Solanas en un campo durante una de las persecuciones a las que se vio sometido el director de cine. El de ahora sería, entonces, el tercer cruce.

"Acero" Cali, de visita

Cruzó presuroso el campamento piquetero de la Avenida de Mayo sin responder al fanático que lo reconoció y le gritó: "¡Acero! Acero!". Ni el traje italiano ni el bronceado rabioso alcanzaban para disimular el porte tosco y la trabajada musculatura de Jorge Cali ("Acero"), el ex campeón mundial de kick boxing devenido guardaespaldas y espantaargumentos del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Dobló en Diagonal Sur, pero no se detuvo en la sede del Indec. Con la mirada fija y el cráneo hundido en el cuello robusto entró al flamante Ministerio de Industria y Turismo, donde se anunció escuetamente para perderse en uno de los ascensores. "Lo espera Bianchi [Eduardo, secretario de Industria]", revelaron en la receptoría a LA NACION, pero dejaron flotando una duda: ¿fue a cuidarle las espaldas a la industria o a enviarle a Bianchi un mensaje de Moreno?

El amor por el shopping

Pretendió desmentir su pasión. Pero le salió al revés. Mientras inauguraba un shopping en La Matanza, Cristina Kirchner se quejó de quienes la cuestionan por su amor a las compras. "Esto es para las revistas que me andan criticando y me dicen que yo de shopping sé. Este es un muy buen shopping, con diseño, pasillos anchos, como en los grandes centros internacionales", dijo. Confesó, sin quererlo, que algo de shopping efectivamente sabe.

Comentá la nota