Operativo repliegue

Nadie sabe a ciencia cierta si la salida de un ministro, producto de una alineamiento químicamente puro con el kirchnerismo, marca un antes y un después o una pausa. En el primer caso se trata de una decisión irreversible, en el segundo tan sólo una distinta táctica para una misma estrategia.
En buen romance, fidelidad eterna hasta la gloria o el infierno, o reservar energías para diciembre cuando, operado el recambio legislativo, se puedan abrir para Scioli otros horizontes que permitan un despegue definitivo.

Por los estilos y personalidad del mandatario provincial todo indica que estamos ante la primera opción. Algunos datos circunstanciales así lo confirman.

Fue apenas en esta semana que el gobernador Scioli instruyó la bajada de línea al jefe de Gabinete de Ministros Alberto Pérez de vuelta a fojas cero, hibernar con la teoría del despegue alimentada por Eduardo Camaño y José Scioli y volver a teñir de color kirchnerista la gestión provincial.

Trasciende con fuerza que, de las últimas tertulias con el matrimonio que ocupa la Rosada, los buenos modales y las sonrisas brillaron por su ausencia. Por ejemplo, ante el llanto por la necesidad de fondos de parte de Scioli hubo un frío "emití patacones si querés" desde sus interlocutores. Allí fue cuando el gobernador experimentó la caída de ficha: hay algo más que invitaciones al diálogo y buenas frases de ocasión, porque 400 mil familias de empleados públicos estaban con las expectativas en alza respecto de su futuro.

A Scioli le interesó y mucho la forma de abrir nuevos caminos de entendimiento, lo cual no necesitó mucho tiempo. Simplemente reflexionar sobre el tiempo pasado entre las elecciones del 28 de junio y qué cuestiones impedían una generosidad proporcional a la fidelidad que se había mantenido. Fue allí que se blanqueó que los distintos gestos de despegue con los cuales tanto había jugado Scioli habían dejado el sello de la discordia. Era molesto escuchar sobre acercamientos al campo desde La Plata y a nivel nacional se declaraba la segunda batalla de la "guerra gaucha" con la Mesa de Enlace.

En ese contexto nació la inquietud de desalojar de su sillón al ministro de Asuntos Agrarios provincial, Emilio Monzó, quien, entre otras cosas, había sido el mentor de la restauración de un vínculo prácticamente disuelto en la relación con el campo. Uno recuerda, por ejemplo cuando el año pasado alentaba ya una eliminación de retenciones para productores afectados por sequía, cuestión que hace unos días había quedado expresada en la ley de emergencia nacional, hoy vetada, y que beneficiaba a unos 22 distritos rurales bonaerenses.

Reuniones con distintas entidades ruralistas y la Mesa de Enlace plena, todo fue obra de un Monzó que, por ser demasiado ejecutivo, pagó el precio político de la figura fusible.

El pedido de renuncias a la carta no es solamente el núcleo central que, en realidad, pasa por un profundo cambio de timón en cuanto a la adopción de políticas. Ningún grado de autonomía, aún en un sistema federal; ni de matiz, aún en un gran movimiento como el Justicialista, es posible en la concepción kirchnerista. A modo del genial Michel Foucault, Scioli sufrió en carne propia, aunque con variantes adaptadas a los nuevos tiempos, la propia "microfísica del poder" de quien realmente detenta el discurso y la táctica política dominante dentro del terreno de un oficialismo que, por el momento, no admite retoños.

Lo cierto es que el alineamiento, agravado tras una suerte de primavera, se verá más que profundizado en los próximos días. Tuvo un momento tal vez del más difícil que le haya tocado vivir a Scioli y es el de haber asistido para la foto en la reciente visita de Kirchner a la capital bonaerense. Para colmo una supuesta demora en el arribo al lugar del encuentro lo dejó bastante alejado del padre del proyecto nacional.

Según trascendió, lo de Monzó es un caso testigo. El observatorio de fidelidad se hará hacia todo aquél funcionario que no brinde explícitos gestos de lealtad suprema. Muy de cerca, nuevamente, estarán en vidriera para la Casa Rosada las figuras de Eduardo Camaño y de Baldomero Álvarez, según señalaron fuentes confiables. Aquél, por su pasado duhaldista, y el último por la plataforma que lo catapultó al rango ministerial como "primum interpares" de una liga de intendentes del Conurbano que alguna vez también amagó con autonomía y despegue.

Otro que sugirió nuevos huecos en el gabinete fue el director de Escuelas, Mario Oporto. Ahora se reveló que, en la última reunión con los gremios para aclarar que la financiación de la educación ingresaba a zona de desastre, deslizó una frase tan breve como contundente al señalar que "aquí mismo en algún momento pueden haber otros actores, otros interlocutores". Tal vez se estaba refiriendo a su propia figura, según señalan quienes frecuentan la sede la cartera educativa.

Si se producen nuevos cambios, la idea de intervención kirchnerista se convertirá en algo demasiado difícil de eludir ante la opinión pública. La figura de "Casa Tomada" de Julio Cortazar con los hermanos dueños de una vivienda a quien le van tomando en distintas etapas el inmueble aparece en vías de cristalización.

Más allá de idas y venidas de funcionarios, queda la experiencia de movimientos políticos que, a su vez, le generaron un costo a Scioli, quien no quiere pasar a la historia como aquél que dejó a la Provincia en situación de emergencia. Pero, hasta el momento, salvo algunas excepciones, no ha generado la gran decisión que le abra las puertas de la historia, aquello con que un gran político siempre sueña. Por el momento, en un 90 por ciento de los casos de tomas de decisiones, se corresponden con continuidades de gestiones anteriores, lo cual puede ser una virtud en función de no descartar aquello que se considere útil. Pero también, estos tiempos exigen renovadas pruebas de originalidad. Es allí cuando se vuelve a la trampa que impide el despegue para el sello propio. Si ni siquiera se le permite mostrar un pequeño matiz en el espectro, las buenas serán admiradas para quienes dominan la usina política. Nadie admira a quien sólo reproduce ideas ajenas.

Scioli no se puede dar el lujo de pensamientos o proyectos a largo plazo. La sonrisa y el optimismo demandan, en esta época, más de un esfuerzo. Evidentemente, ni para él ni para sus antecesores ha sido fácil administrar recursos cuando estos son escasos.

Es por eso que ordenó a sus equipos el rastreo de fondos y, evidentemente, los encontró en las obras públicas no ejecutadas, siendo esta la primera señal de ajuste importante de las cuentas. Esta decisión no será gratuita y provocará en la actividad económica y en la construcción en particular una fuerte retracción, con la pérdida de fuentes de trabajo. También habrá menos posibilidades de vidriera para él como gobernador y para los intendentes. Pero la urgencia de la crisis no da opciones.

La creación de nuevos impuestos -sobre la cual deberá opinar seguramente la Legislatura- no es clara en cuanto a los efectos en la recaudación. El impuesto a la herencia y otros previstos en los puertos bonaerenses por el momento alimentan una idea de preocupación y de gestión, pero sólo eso.

Desde el poder provincial aseguran que será importante que los efectos se logren, al menos en estos meses. En noviembre y diciembre el aguinaldo será un problema, porque los fondos aún no están garantizados.

Si los nuevos impuestos por crear no arrojan efectos positivos, las matemáticas no fallan y alientan subas en los existentes. Diciembre es un mes muy temido por Scioli, quien no va a querer títulos referidos a un impuestazo, medio tan criticable para el fin de nivelar cuentas.

Nivelar cuentas remite a garantizar la normalidad del funcionamiento de un Estado. Por estos momentos, no se puede aspirar a otro objetivo. (www.agencianova.com)

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