Operación triunfo.

El correntino no tiene el mejor recuerdo de Ostrava: allí fue intervenido de una súbita apendicitis en el 2008. Ahora, el nuevo valor debutará en la Copa.
El llamado de Tito Vázquez para sumarse al equipo de la Davis en Ostrava actuó de inyección anímica para Leonardo Mayer: al día siguiente, logró una buena victoria sobre el francés Julien Benneteau para alcanzar los cuartos en el césped de Eastbourne. "Tito me dijo que quería que me entrenara a full, en el mejor nivel, y ahí me puse un poquito más las pilas todavía...".

Leo es la última aparición del tenis doméstico. Correntino, 22 años ("un crecimiento lento, pero seguro, cada año mejoré mi ranking", destaca), el Lagarto compartió viajes en la época formativa con Juan Martín del Potro, y hasta ganó con Delpo el doble de una etapa del circuito sudamericano Cosat, en Chile, hace seis años. "Jugábamos juntos en la categoría Sub 14 y 16. Teníamos una clave, tirarle al 'queso', para apuntar al más malo del rival. Yo jugaba de drive", recuerda Leo.

Con 15 años, Mayer viajó a la academia de Rubén Ré, en Chaco. Un año después abandonó el secundario para dedicarse por completo al tenis. "Querría completarlo alguna vez, faltan dos años. Soy malo en el estudio", reconoce.

El correntino comenzó la temporada en el puesto 113° del ranking y hoy figura 61°. Ante el bajón de los "veteranos" (Calleri, Chela, Cañas), Vázquez le guardó un lugar. Así llegó a Ostrava... ciudad que no le trae el mejor recuerdo. Resulta que, en mayo del 2008, Mayer se disponía a jugar en la ciudad checa el Prosperita Open, un challenger de 42.500 euros. Su rival era Brian Dabul. El domingo previo al inicio, se levantó con dolores. "No podía más de la panza. 'Debe ser hambre', pensé. Desayuné y me agarró más fuerte... A la noche no daba más. Llamamos a emergencias y me dieron un calmante", recuerda. Leo visitó el hospital con su entrenador, Emiliano Redondi; le hicieron análisis y la causa del dolor no aparecía. "Hasta que tocaron ahí abajo y en una hora me estaban operando de apendicitis. Pasé una semana en Ostrava, hecho mierda, y después un mes y medio al pedo en casa. Espero que esta semana en Ostrava sea más productiva...", pide.

-¿Por qué diste el salto ahora, a los 22 años?

-Me animé, más que nada. Mis rivales ahora no juegan mucho más que los de challengers. El tenis estaba siempre, pero en un game, estábamos iguales y no arriesgaba, no quería jugarla mal. Ahora cambié.

-Se vio contra Fernando González en Wimbledon, saliste a no respetarlo.

-Ahora no respeto a nadie, entro y juego, grito el punto como hay que gritar, no desubicado. Sin ese respeto, empecé a mejorar.

-Sacás duro y jugás bien en cancha rápida. ¿Siempre fue así o lo trabajaste en este último tiempo?

-Ya era así, pero con Emiliano nos dimos cuenta de que hay que atacar un poco más, no jugar en defensa y menos los puntos importantes. Por eso ahora me animo a la volea, juego bien adelante. Antes no voleaba mucho ni era efectivo. Ahora no es buenísima, pero es efectiva, segura.

-¿Tu tenis siempre fue distinto al típico nuestro? -Jugaba más en polvo, pero no se me complica en ninguna superficie. Tengo golpes planos, pero nunca pegué con mucha rosca. Con Rubén Ré, incorporé el slice... Soy ágil, no me molestan las pelotas bajas.

Mayer quiso copiar el revés de Gaudio ("No lo pego igual que él, eh") y el saque del croata Mario Ancic ("si te fijás, el movimiento es parecido"), hoy le llega su primera citación copera, con la chance de estar con José Acasuso en el doble del sábado. "Me encantaría, pero no puedo obligar, si no soy nadie. La actitud correcta es la de venir a sumar". O, al menos, si no juega, pasar una semana más placentera que la del año pasado en el mismo lugar.

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