Opciones presidenciales

Opciones presidenciales
Por Pepe Eliaschev- La Presidenta habló muchísimo del pasado y apeló reiteradamente a la proverbial evocación de Néstor Kirchner. Machacó hasta la fatiga con las comparaciones entre 2003 y 2013, pero prefirió no comparar 2013 con 2007, cuando ella asumió.
Extensamente habló Cristina Kirchner anteayer ante el Congreso. Ceremonia protocolar que tiene sin embargo un sentido institucional muy preciso, la jornada fue una ocasión claramente partidaria. Se trasmitió por una cadena nacional de radio y TV que sacó del aire la programación normal de las emisoras desde las 12.15 hasta las 16.15 del viernes.

La zona céntrica de Congreso y Montserrat quedó colapsada de modo integral desde la noche previa. Los micros con gente que Mario Ishii envió desde José C. Paz trasladaron muchísimas personas que acamparon junto al Congreso ya desde la noche anterior. Con el eje Entre Ríos/Callao cerrado desde las avenidas Belgrano hasta Corrientes, la circulación fue una utopía dolorosa. Centenares de colectivos trajeron como siempre pobladores de los suburbios, el clásico gesto de los intendentes que deben acatamiento al poder central.

¿Valió al menos la pena? La Presidente habló muchísimo del pasado, apeló reiteradamente a la proverbial evocación de Néstor Kirchner. Machacó hasta la fatiga con las comparaciones entre 2003 y 2013, pero prefirió no comparar 2013 con 2007, cuando ella asumió. Hablo mucho de ella, una vez más. Se mencionó a sí misma nada menos que 57 veces (incluyendo 51 la palabra 'yo') y reiteró sus conceptos demoledores para con quienes, habiendo sido 'del palo', ya son herejes incurables. Tuvo palabras condenatorias para Scioli, De la Sota y Massa, aunque sin nombrarlos.

Pero pese a la movilización de la siempre incandescente militancia camporista, su tema fue poco comprensible para un auditorio popular. Aunque la palabra inflación no apareció en su boca ni una sola vez, aunque disparó en total casi 26 mil palabras, habló de cautelares, casación, jueces, declaraciones juradas, Consejo de la Magistratura, pago de impuesto a las ganancias y otras menudencias. Algo hay que reconocer: pasó de moda (por ahora) la obsesión presidencial de zamarrear a los 'medios concentrados'; ahora se trata de la guerra contra la 'justicia corporativa'. Éste fue el tema primordial de las 26 mil palabras. La palabra 'paritaria' salarial la mencionó una sola vez, pero a la cuestión judicial le consagró casi 4300 palabras.

Especialmente llamativo fue el abordaje del tratado con Irán por el atentado contra la AMIA de 1994. Luego de la lamentable expresión de antisemitismo del senador Miguel Pichetto ('las víctimas del atentado contra la AMIA de 1994 fueron argentinos-argentinos y argentinos de religión judía'), le tocó ahora a la Presidente reincidir de manera asombrosa. Fue cuando mencionó a 'toda la comunidad, y cuando hablo de comunidad me refiero a la comunidad argentina y también a la comunidad judía'.

¿Hay caso una comunidad judía que no es argentina? Pareciera que a la señora de Kirchner la hubiese tentado sugerir que los judíos argentinos son algo diferente a los argentinos en general. ¿Cómo sonaría que ella aludiera a 'la comunidad árabe' separada de la comunidad argentina? Y como si fuera poco, denunció 'complicidad' de los judíos argentinos con el atentado contra la AMIA y aseguró que el Estado de Israel nunca se preocupó por la voladura de su embajada en marzo de 1992. Aquí también cometió un error: habló de 22 muertos, cuando en realidad fueron 29.

Entre los asistentes al discurso estaba el veterano actor Federico Luppi, cuya identificación con el Gobierno no es un secreto. Tal vez al lector de esta columna le interese conocer hoy qué decía Luppi una semana después que asumiera Néstor Kirchner, cuando ya se había declarado 'exiliado' en España, de donde regresó cuando la crisis se abatió sobre ese país: 'Es algo enfermizo. Es una cosa rara que el argentino sea capaz de hacerse montonero o de poner bombas, pero que al mismo tiempo tenga una apetencia constante de papá... Es un país que no ha salido del estado caudillista. (sic) Si hubiera alternativa, es posible que en Argentina la gente pudiera elegir, pero ¿qué tenemos en Argentina? Peronismo y radicalismo. Caca y mierda (sic). ...Es muy difícil que cambiemos. Me refiero a Argentina. Allá no salimos de la teoría y de la conjetura. El único acto de protesta que ya nos cabe es el de no votar. Ya sé que nos seguirían jodiendo igual, pero tener que elegir entre A y B, cuando sé que cualquiera de ellos va a ponerme a ese ministro ladrón que ya conozco, es una desvergüenza. La única protesta válida y real es la de no ir a votar. Quedémonos en casa y que vote sólo el 2 por ciento de la población; así tendrán Gobiernos legales, pero no legítimos. Sin embargo, aún prevalece la teoría del voto útil. Es la enfermedad de la buena conciencia'. (Diego Galán, 'el lucido cabreo de un gran actor', 'El País Semanal', Madrid, 1º de junio de 2003).

En un punto, el exceso de palabras y la a menudo gran profusión de emotividad, convierten en terreno resbaladizo a la agenda argentina. Si por una parte sobra el enfermizo y recurrente giro hacia el pasado, también escasean las ideas y propuestas de cara al porvenir. De esto último hubo casi nada en el discurso del viernes. Ni una sola autocrítica y, en cambio, muchísimo esfuerzo por prodigarse en auto elogios y efusivas declamaciones de éxitos y superioridad, incluso apelando a esas incómodas y embarazosas comparaciones que la Presidente hace con las naciones vecinas, a las que siempre les refriega que somos mejores y estamos más arriba que ellos. Eso fue este 1º de marzo, una tarde llena de palabras.

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