La opción de Obama

Por Jorge Castro

Barack Obama asume el gobierno de Estados Unidos cuando la crisis financiera se agudiza y la recesión, encabezada por una extraordinaria caída del consumo individual, todavía no ha encontrado su piso (el último trimestre de 2008, el PBI se contrajo 0,5% y más del 5% el consumo).

Obama definió las características de su gobierno a través de un gabinete de unidad nacional, que trasciende las fronteras partidarias e incluye a adversarios recientes, tanto en las filas demócratas como en las republicanas.

Ratificó a Robert Gates como secretario de Defensa, quien es titular de la cartera con George W. Bush y uno de los principales responsables del reforzamiento de la intervención militar en Irak ( the s urge), política a la que se opuso Obama.

Su asesor de Seguridad Nacional es el general James Jones, que tuvo una activa participación en la campaña electoral, sólo que a favor de John McCain. Hillary Clinton, secretaria de Estado, fue su adversaria en las primarias demócratas; y le ganó en el voto popular. Timothy Geithner, titular del Tesoro, es uno de los tres altos funcionarios que enfrentan la crisis financiera: Paulson, Bernanke y él, en su condición de presidente de la Reserva Federal de Nueva York.

Obama ha hecho una opción por una política de consenso nacional y se ha rodeado de personalidades poderosas: Lawrence Summers y Paul Volcker, entre otros.

Pudo optar por la corriente del Partido Demócrata que fue su sustento en la contienda por la nominación presidencial, constituida por los sectores más proteccionistas de la estructura partidaria, vinculados a los sindicatos (AFL/CIO), y que encuentran refugio en la Cámara de Representantes.

Pudo hacerlo, pero no lo hizo. Optó por una política de signo contrario y se volcó a los demócratas pro globalización, que gobernaron en los 90, y a los republicanos que controlan la defensa y la seguridad.

Obama ha quemado las naves: con esta política, en esta crisis, y con este equipo, no le queda más alternativa que convertirse en uno de los grandes presidentes de los Estados Unidos o hundirse muy pronto en la irrelevancia.

El autor es presidente del Instituto de Planeamiento Estratégico (IPE)

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