Olímpico desentendimiento de la conflictividad pública y social

Además de desentenderse de tantas cuestiones verdaderamente graves que preocupan a los catamarqueños, casi como que la pobreza, la desocupación, la subocupación, la inseguridad, los pésimos servicios públicos o la salud no fueran temas de su incumbencia, Eduardo Brizuela del Moral tampoco se muestra interesado en desactivar el peor conflicto que tuvo en sus años de gobernador con el sector docente.
Pero las graves consecuencias del conflicto sobre la educación publica, que ya hizo perder cerca de treinta días de clases, a los que hay que sumar semanas enteras perdidas por la gripe A y el dengue, epidemias que su Gobierno tampoco supo prevenir correctamente, hacen mas urgente una reacción del primer mandatario. Por lo menos, algún día debería exponer su criterio acerca de este recurrente problema.

Es difícil pensar que el primer mandatario provincial se mantenga en silencio porque el problema lo haya superado; después de todo fue rector de una universidad, intendente, senador nacional, y encima va por su segundo mandato consecutivo. En tal caso ¿habrá decidido Brizuela esperar que la solución llegue desde la Nación, o sea, que la suspensión por dos años de la ley de responsabilidad fiscal, que restringe el gasto y endeudamiento de las provincias, le libere las manos para firmar cheques a diestra y siniestra? Es una de las dudas que deja tanto silencio.

Hay otros interrogantes también interesantes. ¿Hay ministro de Educación? ¿De Hacienda? ¿De Gobierno? o alguien que haga un aporte, no ya a la provincia, que está visto que poco importa, sino a la bendita paz social con que tanto se llena la boca el oficialismo?

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