Oleaje en contra.

Con los greens, fairways y búnkers inundados por la lluvia, la primera jornada se suspendió después de poco más de tres horas y continuará hoy.
Oyó el repiqueteo de las gotas sobre el techo. Entonces, todavía semidormido, Andrés Romero se levantó a las 5.10 de la mañana, manoteó su teléfono y le mandó un mensaje de texto a Mariano Bartolomé. "¿Se juega?", le apareció en la pantalla de su celular al instructor. Antes de responder, Bartolomé abrió su computadora portátil, miró Internet y comprobó el irreversible pronóstico desalentador: lluvia para todo el día en la primera jornada del US Open. Había sido una noche plácida la del miércoles previo al debut. El Pigu había pasado rápido por el supermercado y, junto con su grupo de trabajo, se cocinó entrañas a la parrilla en una de las casas alquiladas. Después de la cena se fueron todos temprano a la cama, no eran más de las 21.30. Pero al día siguiente, es decir, ayer, el tucumano quedó tan frustrado como los otros 155 golfistas, jaqueados por el 30° día lluvioso de los últimos 45 en esta zona de Long Island.

Lo peor que les puede suceder a los organizadores de un torneo de golf es que se suspenda en la primera o segunda jornada, cuando hay que coordinar la logística de todos los jugadores. Hombres y mujeres de la USGA (Asociación de Golf de los Estados Unidos) pusieron todo su empeño para contrarrestar el temporal y salieron a la cancha con sus pilotos, capuchas y un batallón de rodillos secadores. Una tarea ciclópea, vista el área anegada. Sin embargo, al observar que la Bethpage Black se volvía totalmente injugable, inundada en sus greens, fairways y búnkers, se resignaron y suspendieron la jornada inaugural a las 13.55 local (una hora más en la Argentina).

Tanto el Pigu como Angel Cabrera y Eduardo Romero volverán a despertarse temprano: hoy, las 7.30, saldrán a completar la primera vuelta. Y a las 16, si el tiempo ayuda, emprenderán el segundo giro. La intención es acelerar los threesomes porque mañana arreciaría otro temporal. "Estaremos fregados", teme un periodista costarricense.

Sólo hubo tres horas y quince minutos de golf. A las 10.15, el sonido de sirenas envolvió las 7426 yardas de esta cancha pública, señal de que el juego se suspendía provisionalmente. La esperanza de reanudar la acción, finalmente, se diluyó. Pero si hay algo que tiene en claro la USGA es que no habrá un campeón hasta que se completen los 72 hoyos, como viene cumpliéndose tradicionalmente en este Major desde 1893. Así, la copa de plata podría alzarse el lunes, el martes, el miércoles? quién sabe. Entre las normativas y los comunicados oficiales de esta organización, ya hay almas en pena. Lo del Gato Romero fue tremendo: en el día firmó cuatro bogeys y un triple bogey (+7), o el cuento de cómo despedirse de un Major en sólo cinco hoyos. Como es un optimista incurable, el cordobés no se da por vencido, aunque el clima le está estropeando al jugador más veterano del US Open (54 años) la ilusión de pasar el corte, que era su objetivo primordial. Sólo el inglés David Horsey va peor que él (+10) entre los 78 jugadores que chapotearon en la cancha.

En estos días accidentados y con poco golf, los familiares y amigos de los jugadores suelen recobrar el protagonismo. Es el momento del reencuentro obligado para aliviar la espera. Allí estaba Geoff Ogilvy, campeón del US Open 2006, sosteniendo a upa a su pequeña hija en la puerta del Locker Room, el refugio de los golfistas y donde se les permite el acceso a los íntimos. El australiano miraba hacia el cielo esperanzado, pero la llovizna mutó en aguacero y se metió nuevamente en el bar-vestuario. Enseguida salió Tiger Woods, circunspecto, y caminó por un corredor hasta llegar a un carrito de voluntarios que lo trasladaría a otro pabellón. El N° 1 no corría ningún peligro, no había contacto con los fanáticos en esa zona protegida, pero un policía que hacía guardia salió disparado a escoltarlo como un escudo humano. Antes de retirarse, Tiger apoyó la idea de jugar hasta donde se pudo: "Estoy de acuerdo con que hayamos arrancado. Se anticipaba que iba a ser un día duro, y así lo fue", apuntó.

Los argentinos, en cambio, no se movieron del Locker Room hasta la suspensión definitiva. Allí se secaron, almorzaron y contaron anécdotas y chistes; la mejor forma de pasar el rato. Ocuparon dos mesas, en las que se repartieron Cabrera, los dos Romero, la novia del Pigu, el español Alvaro Quirós, los caddies y los instructores. Cuando les informaron que el telón bajaba, se separaron y partieron con los autos Lexus de la organización hacia sus casas en Long Island. Abandonaron al club mirando detrás de los vidrios empañados. Saben que no será nada fácil sobrellevar este torneo, que agregó la dificultad extra de la lluvia a una cancha capaz de tragarse hasta al más inspirado. El US Open espera normalizarse.

* La Argentina aún está al frente en el Mundial juvenil

Aunque completó la tercera vuelta con 209 golpes, dos más que los Estados Unidos, la Argentina sigue adelante en el Mundial juvenil que se juega en el Chuyko Golf Club, en Japón, ahora junto con el equipo norteamericano, con 625 golpes. Integran la formación: Tomás Cocha, Leandro Marelli, Andrés Schonbaum y Jorge Fernández Valdes.

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