Los ojos K se posan en Balestrini

"Nadie lo ve como el Sancho de Acevedo". Con estas palabras, un funcionario muy cercano al gobernador Daniel Scioli hizo referencia a su vice, Alberto Balestrini, despejando la hipótesis de un reemplazo en lo más alto del poder provincial debido a la lucha de poder que crece día a día en el seno del kirchnerismo.
La frase, sin embargo, no fue casual y encierra un doble significado: Carlos Sancho fue el reemplazante de Sergio Acevedo en Santa Cruz por pedido expreso de Néstor Kirchner cuando esa provincia se incendiaba debido al crimen del policía Sayago, en General Las Heras, y la discusión por el manejo de los fondos nacionales que llegaban a dicha provincia ya había generado más que un roce entre el gobierno provincial y el nacional.

La cuestión bonaerense no dista de ser muy diferente. No solo por la dependencia extrema en materia de fondos que tiene Scioli ante los Kirchner, sino porque desde la Casa Rosada se observa a Balestrini como alguien mucho más leal y comprometido con el proyecto nacional que el ex campeón de motonáutica.

El ex intendente de La Matanza, sin embargo, es por sobre todas las cosas leal a sí mismo y a sus convicciones. Nunca se lo verá inmolarse por nadie que tenga la conducción y a él lo ponga en un casillero determinado, como sucedió con Eduardo Duhalde en su momento y ahora, es obvio, sucede con Néstor Kirchner, quien siempre está subordinando los roles de los demás.

Todas las suposiciones sobre el posible recambio institucional surgieron tras la derrota del 28 de junio, oportunidad en la que Scioli había empezado a elaborar una estrategia, tenue pero sostenida, de despegue de las estrategias nacionales y, fundamentalmente, de las formas en que el oficialismo K se relacionaba con los demás sectores. El punto más tirante de la relación fue cuando el gobernador participó de la Exposición Rural y se comprometió a ser el portavoz de los reclamos agropecuarios frente a Cristina Fernández de Kirchner.

Eso fue lo último que se conoció como política de desmarque, pero desde allí se multiplicaron las versiones sobre el abandono del poder del gobernador, quien asumiría la banca obtenida en las últimas elecciones, y su reemplazo por el mucho más "fiel" Balestrini.

Por ende, también aparecieron las negativas al respecto. Fue el propio vicegobernador quien dijo con todas las letras que no pretende suceder a Scioli, con quien mantiene una excelente relación y hasta se los ha visto llegar a los actos en un mismo vehículo. Inclusive cuando asumió Baldomero "Cacho" de Olivera como ministro de Desarrollo Humano bonaerense se insinuó una operatoria directa de "Palestra" en el gabinete sciolista, debido a su buena sintonía en la Tercera Sección Electoral.

Sin embargo, al ver la conformación del gabinete elegido por el intendente de Avellaneda en uso de licencia, esta hipótesis también dejó de tener sustento. "Alberto sabe que tiene poder, que conduce el distrito más populoso del país, y eso lo usa para mantenerse y crecer, algo que nunca dejó de hacer. Pero también conoce sus limitaciones, que aparecen cuando pasa los límites de La Matanza", sostiene uno de sus principales operadores políticos.

Así las cosas, Scioli no mira tanto sobre lo que trama su vicegobernador sino el ex presidente de la Nación, que lo sujeta cada vez que intenta tener un acto de independencia política. Inclusive la presidente Cristina le puntualizó que para nada gustan sus coqueteos con Eduardo Duhalde, Roberto Lavagna, la Iglesia y el Campo, a los que nunca el gobernador dejó de atender.

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