El Ogro hizo llover.

AMISTOSO / MONTREAL 1 (1) - RIVER 1 (3): Fabbiani se disfrazó de goleador y gritó por tercera vez desde que llegó. River ganó por penales y terminó invicto en Canadá, pero mostró poca fricción y juego...
Le pidió que bajara de peso y, aunque todavía está lejos de ser un alfeñique, lo consiguió. Le sugirió que escuchara a Ortega, a Gallardo y que cerrara la boca, y lo logró. Dijo que podía ser el 9 de la Selección en Sudáfrica 2010, y lo alegró. Y aunque Néstor Gorosito tiene claro que Cristian Fabbiani no es un clásico goleador, le reclamó goles y el Ogro le respondió. Porque apareció en el lugar exacto, en el momento preciso, para ganar una pelota en el área chica después de un cabezazo de Cabral, primerear al arquero y darle a River el 1-0 en el último amistoso de la gira por Canadá. Un gol, sí, a puro olfato. Que no valió un triunfo sólo por la chambonada defensiva que le permitió a Brown meter el 1-1. Y porque si bien River intentó tener el control de la pelota y disimular la falta de fricción que destacó su propio entrenador, fue muy chatito y volvió a cometer errores que en el Apertura o la Sudamericana, por los puntos, le pueden llegar a costar bastante caro.

Si se tiene en cuenta que en sus primeros seis meses en River apenas había metido dos goles (a Central y Banfield, ambos por el Clausura) y que en el último amistoso que había jugado River (el 1-0 contra el Everton) ni siquiera había pateado al arco, es para destacar la vuelta de Fabbiani al gol. Como también es para resaltar lo que le cuesta al Tanque ser la única cabeza de área del equipo, ése 1 del 4-2-3-1 que viene puliendo Pipo. Porque así como para un diestro siempre va a ser más natural darle de derecha que acomodarla de zurda, al ex Newell's le surge espontáneamente retroceder, buscar la pelota y meterse en el circuito creativo que ir para adelante y pelear cuerpo a cuerpo con los centrales rivales. Quizá la pegada de Gallardo o la imaginación de Ortega puedan ayudarlo a quedar cara a cara con los arqueros rivales. Pero sin los ídolos, casi no encontró la manera de pesar (¡justo él!) en el área. Bah, como todo River. Porque ante un equipo que juega en lo que sería la segunda división de la MLS y que terminó con suplentes, le costó defenderse, recuperar la bola (Gorosito volvió a probar sin un 5 de cuna y lo pagó), no generó ni una chance clara y si festejó fue porque acertó en los penales y porque, como Pipo esperaba, apareció el Ogro.

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