En el oficialismo no todo es alegría

A pesar del gran triunfo obtenido en la elección del 28 de junio, la derrota del kirchnerismo empañó en privado el entusiasmo que se vivió anoche en la sede del Partido Justicialista.
Tanto el gobernador Walter Basilio Barrionuevo como el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Eduardo Fellner y el senador Guillermo Jenefes, se cuidaron de no opinar sobre la derrota sufrida por el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires y en otros distritos del país.

Ayudados por la tardanza de Néstor Kirchner en reconocer el revés –lo que ocurrió recién a las 2 de la madrugada, cuando en Jujuy ya no quedaban festejos- los máximos dirigentes del oficialismo local solo hablaron del abultado triunfo logrado en la provincia, una de las pocas que expresaron tan contundente respaldo al Gobierno nacional, aunque –paradójicamente- la deskirchnerización de la campaña fue uno de los aspectos claves de la estrategia del Frente para la Victoria en el orden local.

Durante la campaña, el electo diputado nacional Marcelo Llanos trabajó con constancia una imagen claramente distante del matrimonio presidencial e incluso llegó a decir que en el Congreso no iba a aceptar imposiciones de nadie. "Tengo una jefa en mi casa que es mi señora, que es la única a la que le acepto que me dé órdenes", afirmó. Pero aún fue más allá, al asegurar que "yo soy justicialista y veo muchos errores en el kirchnerismo".

En un hecho que nadie hubiera podido creer hace apenas unos meses, ni Néstor ni Cristina visitaron Jujuy para apoyar a sus candidatos y en los palcos se prefirió no recordarlos.

La derrota del kirchnerismo no pasará sin secuelas en la provincia de Jujuy, cuyo gobierno –a pesar de las estrategias de campaña- mantiene un fuerte alineamiento político y dependencia económica con la actual gestión del Ejecutivo nacional, a cuya suerte está sin duda atado el destino de la gestión de Barrionuevo.

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