El oficialismo resignaría los superpoderes

Legisladores kirchneristas admiten que derogarían las polémicas facultades del jefe de Gabinete; no se cambiará el uso de decretos
El oficialismo en el Congreso tomó nota de la derrota electoral que sufrió hace diez días y estaría dispuesto a resignar el uso de las facultades extraordinarias para el manejo de las partidas presupuestarias, mejor conocidas como "superpoderes".

Así lo admitieron a LA NACION diferentes legisladores kirchneristas consultados específicamente sobre este tema. Sin embargo, la concesión oficialista a la oposición sería sólo parcial y sólo se aplicaría en el presupuesto 2010.

La polémica ley de superpoderes se aprobó en 2006, en pleno auge kirchnerista, y faculta al Gobierno a reasignar partidas dentro del cálculo total del presupuesto. La oposición reclama su derogación para que el Congreso recupere sus facultades presupuestarias (como indica la Constitución nacional). Pero no sólo eso: también exigirá que se modifique la ley que reglamenta los decretos de necesidad y urgencia (DNU). Es que los decretos son aún más arbitrarios que los superpoderes, advierte la oposición, pues han permitido tanto al ex presidente Néstor Kirchner como a su esposa, Cristina Fernández, manejar a su total discreción miles de millones de pesos provenientes de la recaudación adicional que ingresaba en el fisco producto de la subestimación del crecimiento en el presupuesto.

Un ejemplo sirve para ilustrar la diferencia entre superpoderes y DNU. Según los datos oficiales, el año pasado el Gobierno incrementó en 41.537 millones de pesos el presupuesto 2008. El 88 por ciento de esos recursos adicionales que ingresaron en el fisco se repartieron, de manera discrecional, por medio de DNU. El resto (sólo un 12%) se reasignó por superpoderes. La presidenta Cristina de Kirchner, consciente de las críticas que despierta el uso de los decretos, emitió uno solo el año pasado, pero por un monto sideral: 36.727 pesos. Este único decreto aún no tuvo ratificación parlamentaria.

La mecánica oficial

Este ejemplo sirve para comprender por qué al oficialismo no le molestaría demasiado ceder los superpoderes presupuestarios. Pero no quiere saber nada de modificar el uso de los DNU. La oposición dará batalla por ambos, pero para modificar la ley reglamentaria de los decretos necesitará la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cada cámara, según exige el artículo 99, inciso 3 de la Constitución nacional. Difícilmente los opositores reúnan semejante mayoría este año; tal vez pueda lograrlo a partir del 10 de diciembre, con la nueva composición de las cámaras legislativas.

La oposición no se quedará de brazos cruzados. El jefe del bloque radical de Diputados, Oscar Aguad (Córdoba), anticipó ayer que junto con su par del Senado Ernesto Sanz (Mendoza) presentarán en los próximos días sendos proyectos para derogar los superpoderes y limitar el uso de los DNU. "La ley actual permite que un decreto sea válido aun con el silencio del Congreso, es decir, mediante la sanción ficta. Nosotros exigimos que, para que un decreto pueda regir, tenga el aval expreso de ambas cámaras parlamentarias", enfatizó a LA NACION Aguad.

En el mismo sentido, se expresó el jefe del bloque de Pro, Federico Pinedo. "Definitivamente, los superpoderes deben ser derogados y la ley de DNU modificada. No puede ser que para dictar una ley se necesiten de las dos cámaras del Congreso, mientras que un decreto ya es válido con el aval de una sola de ellas", sostuvo el legislador.

Las demás fuerzas opositoras también se sumarán a la embestida. "El año pasado, Unión Peronista propuso derogar los superpoderes y, por pocos votos, no lo logramos -enfatizó el jefe de los peronistas disidentes, Enrique Thomas [Mendoza]-. Ahora, debemos buscar el consenso necesario para eliminarlos definitivamente. También debemos exigir la aprobación de ambas cámaras para que un decreto sea válido."

El consenso casi unívoco de la oposición anticipa una dura batalla parlamentaria en los próximos meses. Consciente de ello, el oficialismo mostrará una faceta conciliadora y dialoguista, aunque esto no implica que será más concesivo en su totalidad.

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