Oficialismo y oposición, rehenes de los tiempos

Felipe Solá se juega en un acto al que buena parte de la dirigencia disidente pegará el faltazo. Aprovechará para dejar en claro que "el peronismo bonaerense soy yo". El cobista Daniel Katz pidió su reingreso a la UCR. El Comité Provincia se lo concedió de inmediato. El neoalfonsinismo reclama que el retorno sea considerado por la Convención.

Susana Viau

17.10.2009

Canal 7 emitió dos veces un video anónimo dirigido a poner bajo sospecha a un analista político del diario La Nación, cuyas columnas suelen echar una mirada crítica sobre la gestión K. La factura de la cámara oculta hace presumir la participación de servicios de inteligencia en la filmación. A modo de coartada, el material llegó a la Justicia pero la puerta de entrada fue un lugar poco corriente: la División Apoyo Tecnológico de la Policía Federal, un cuerpo que pertenece a la esfera de Julio Alak pero que sigue reportando a su antecesor, Aníbal Fernández. El columnista Carlos Pagni estuvo expeditivo: se autodenunció en Tribunales. Por su lado, el vicepresidente y el gerente general de la Papelera Massuh, hoy en poder del Estado y rebautizada Papelera Quilmes, fueron despedidos con violencia por el interventor Guillermo Moreno. Los directivos reclamaron la indemnización que les correspondía y asciende a cifras astronómicas. Moreno quiso entonces dar marcha atrás, pero era tarde: los ex ejecutivos de Massuh rechazaron la invitación. Gracias al estilo pendenciero del secretario de Comercio, el dinero se peleará ahora en los Tribunales. En el entorno de los dos altos empleados se comenta que ambos sufren presiones de toda índole para inducirlos a entrar en razón. El presidente del radicalismo, Gerardo Morales, ha denunciado penalmente a la senadora correntina Dora Sánchez por cohecho y violación del pacto interamericano contra la corrupción. Sánchez, una mujer de escasa experiencia, anunció primero que votaría contra la ley de medios y luego de la charla mantenida por el gobernador Arturo Colombi en Olivos, elogió el texto de la norma y avisó que haría lo contrario. Donde dije "digo", digo "Diego". Así las cosas, la política parece volcarse a la utilización de herramientas no convencionales –la extorsión, las operaciones, la calumnia– y a dirimir sus conflictos en terrenos que no le son propios. La Justicia es el lugar al que son llevados los enemigos del Gobierno y es a la que acuden quienes quieren poner freno a sus maniobras; los jueces suben o caen, ascienden o son abandonados de acuerdo a las necesidades y las urgencias de la pareja presidencial. Ese clima exasperado conduce a una espiral de crispación cuyas etapas superiores son imprevisibles. Pero, además, la atmósfera es contagiosa. Sólo así se explica que un secretario general del Estado Mayor de la Fuerza Aérea y ex combatiente de Malvinas, el brigadier Marcelo Ernesto Puig, haya sido despedido el año pasado por haber tomado un café con Juan Bautista "Tata" Yofre. "Es el enemigo", le comunicó a modo de explicación la ministra Nilda Garré, impregnada de la filosofía santacruceña de "el que no está conmigo está contra mí". Ocurre que la "confraternización con el enemigo" suele ser un delito de los ejércitos y restringido a tiempos de guerra. Néstor Kirchner está en guerra.

Sometida a ese embate, la oposición responde como puede, pero no logra desembarazarse de sus problemas íntimos. El del peronismo disidente es, de momento, la falta de candidatos y de conducción, extraño dilema para un partido que llama así a su fundador y abreva incluso en un manual de conducción política. La celebración del 17 de octubre dará cuenta de esa desorientación. Felipe Solá se ha lanzado al desafío de encabezar, junto a Ramón Puerta y Adolfo Rodríguez Saá, un mitin al que ya se sabe que no asistirá el resto de la plana mayor de la rebelión justicialista: ni Carlos Reutemann, ni Eduardo Duhalde, ni el salteño Juan Carlos Romero serán de la partida. Voces de peso intentaron disuadir a Solá, que no aceptó argumentos. Aprovechará la oportunidad para enviar mensajes a varias bandas. El más importante estaría dirigido a Francisco de Narváez, empeñado en tejer una alianza con Julio Cobos para 2011. Con Cobos en la presidencia, supone el empresario, él mismo en la vicepresidencia, Mauricio Macri en la Capital y Solá en la provincia de Buenos Aires, la prueba se ganaría caminando. En ese marco, Solá busca sentar presencia y recordarles a los olvidadizos: "El peronismo bonaerense soy yo". Duhalde no comparte la idea del mosaico que comienza a esbozar De Narváez. Está convencido de que los grandes partidos deben rearmarse. El peronismo, sin Kirchner, tiene que dejar de ser un factor de disolución y el radicalismo necesita ponerse nuevamente de pie. Si el camino hacia la recomposición implica que Cobos y el radicalismo ganen la próxima confrontación, habrá que aceptarlo, sostiene. En política se gana y se pierde.

A diferencia de los disidentes, el radicalismo tiene candidatos pero carece de conducción. El tironeo comenzó a acentuarse esta semana cuando, con la mayor discreción, el marplatense Daniel Katz, jefe de la bancada cobista de la Cámara de Diputados, pidió por escrito su reingreso a la UCR, el partido que lo había expulsado tras su adhesión a la concertación K. La Mesa de Conducción de la provincia de Buenos Aires, controlada por alfiles de Leopoldo Moreau y Federico Storani, aprobó con celeridad su reincorporación a las filas. Se afirma que aún hay más: Cobos y Moreau habrían diseñado una solución global: adelantar la elección de delegados al Comité Nacional; llevar como primer candidato bonaerense a Ricardo Alfonsín, que así podría aspirar a la presidencia de la UCR; generar las condiciones del regreso de Moreau a la cima del Comité provincia y, por último, garantizar la resistida reelección del cordobés Oscar Aguad para la presidencia del bloque de Diputados. La vuelta al redil de los cobistas terminaría de inclinar la balanza en favor de ese plan. El esquema tiene un flanco débil: no cuenta con el respaldo del entorno de Alfonsín, quien estudia la posibilidad de reemplazar a Aguad al frente de los diputados y acaba de consolidar en Rosario su alianza con Morales y Ernesto Sanz. Los amigos del diputado electo rechazan que la readmisión del cobismo se resuelva entre gallos y medianoche. La decisión de acoger a los expulsados, hicieron saber, tendrá que ser convalidada por otros órganos del partido. El argumento es que tamaña responsabilidad no puede dejar de lado la opinión del Tribunal de Conducta ni del pleno de la Convención partidaria. Si la postura de esa vertiente lograra cuajar, Cobos tomaría el desplazamiento de Aguad como una derrota personal. Y no estaría lejos de la verdad. El aparato, la tradición, la trayectoria, la pertenencia habrían hecho valer sus pergaminos. La revancha de una historia de 100 años sobre sus ovejas descarriadas.

Lo cierto es que tanto radicales como peronistas disidentes enfrentan una contradicción de hierro: el tiempo. Están obligados a trabajar hacia el interior de sus partidos para recomponerlos y a la vez necesitan incidir sobre la realidad, porque al presente no se le puede responder "gracias, no fumo". Kirchner lleva una ventaja respecto de ellos: su liderazgo es único, nadie lo discute porque nadie ha logrado crecer a su lado y quien se atrevió a soñarlo padeció las consecuencias. Carece de herederos y no se desvela por cuestiones estratégicas. El futuro se resume en su propio destino y termina en 2011. En función de esa perspectiva alarga unos plazos y acorta otros, planea postergar hasta el primer trimestre de 2010 el inicio de las conversaciones con el FMI y acicatea a tres hombres de su confianza para que terminen ya el proyecto de reforma política. Lo quiere a la firma de Cristina Fernández lo antes posible. Reforma política, ley de medios, Presupuesto son los cerrojos con que procura asegurar la transición y su salto personal a la nueva oportunidad. Está convencido de que controla el reloj. Se engaña. Ni sus éxitos institucionales, ni la brutal concentración de poder, ni la envidiable capacidad demostrada para sobreponerse al infortunio lograron frenar la caída vertical de su imagen en la opinión pública. Pero a la aseveración de que Kirchner está en el fondo de las encuestas, un viejo zorro del peronismo acota: "Néstor está en el piso, pero desde el piso, pega". Quizás a eso se reduzca todo.

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