Si el oficialismo es hábil, mantendrá una cuota de control

La derrota del kirchnerismo tuvo un doble impacto social.
Su intensidad podemos atribuirla a la exagerada exposición del Poder Ejecutivo en el proceso electoral. No es la primera elección de medio término en la que el partido oficialista pierde: en 1987, 1997 y 2001 sucedió lo mismo. Pero sí es la primera en la que los principales rostros del Gobierno decidieron bajar a las listas como candidatos, lo que potenció el "efecto paliza".

La consecuencia lógica de este doble impacto es una mayor expectativa sobre la acción del Congreso, actual y futuro. Una muestra es el irresponsable debate creado alrededor de la renovación de las facultades constitucionales delegadas al Poder Ejecutivo, que se renuevan cada cinco años y que, en 2009, deberían votarse antes del 24 de agosto. Sobre esta delegación, que no debe confundirse con los llamados "superpoderes", se basa jurídicamente la administración pública argentina: por ejemplo, la recaudación impositiva en manos del PEN se realiza con ese aval. El Congreso nunca se había detenido a discutir este principio y la renovación de las mismas se había hecho unánimemente en las últimas oportunidades. Pero ahora, en el contexto político de un Congreso empoderado, nuevos legisladores y observadores ajenos plantean que este acuerdo debería discutirse e inclusive utilizarse como presión al PEN.

Salvo que el oficialismo sufra la fuga de legisladores, como durante la crisis del campo, aún seguirá siendo la primera minoría en el Congreso. La derrota en votos no se refleja tanto en la distribución de las bancas, porque en el sistema de renovación parcial los cambios en la composición del Congreso siempre son suaves. El kirchnerismo perdió bancas, pero no la totalidad de su bloque. Y la oposición ganó bancas, pero eso tampoco quiere decir que vaya a unirse detrás de todos los proyectos, porque los diferentes partidos tienen diferencias que no se van a resolver de un día para el otro.

El Congreso cambia, porque la oposición ganó espacio y el kirchnerismo ya no podrá aprobar tan fácilmente todo lo que quiera. Pero no cambia tanto, porque si el oficialismo es hábil, todavía podrá mantener una importante cuota de control, aún después del 10 de diciembre.

Comentá la nota