Al oficialismo aún no le alcanzan los votos en el Senado

Por Joaquín Morales Solá

"¿Qué hará Kirchner si fracasa en el Congreso el proyecto de ley de radiodifusión?" La pregunta se ha vuelto asidua y preocupante entre los legisladores del peronismo. Los números no cierran hasta ahora. Todo está en discusión entre los diputados, pero no hay senadores suficientes, hoy por hoy, para aprobar el proyecto del Gobierno. A primera vista, hay sólo 34 senadores dispuestos a apoyar las regulaciones propuestas por el kirchnerismo; se necesitan 37 del total de 72 senadores que hay para aprobar la iniciativa.

El peronismo kirchnerista (o cercano al kirchnerismo) tiene teóricamente 37 senadores. Sin embargo, los dos que responden al gobernador de Chubut, Mario Das Neves, informaron en las últimas horas que ellos votarán en contra del proyecto oficial. Una advertencia parecida, aunque más sutil, hizo el jujeño Guillermo Jenefes, que anticipó ya públicamente una actitud independiente frente al conflicto. Jenefes pertenece a una familia propietaria de varios medios de comunicación, que podría resultar afectada por la eventual nueva ley de radiodifusión. Hay que restarles tres, por lo tanto, a aquellos 37.

"Estamos frente a la posibilidad de otra resolución 125", exageró un senador del oficialismo. La resolución 125 fue la que aumentó las retenciones para la soja y el girasol y resultó rechazada por el Congreso, luego del desempate del vicepresidente Julio Cobos en el Senado. Pero otra sospecha es aún más turbadora que los números de hoy. ¿Qué harán muchos senadores peronistas que concluirán su mandato el 10 de diciembre (cuando cambiará un tercio del cuerpo) y que se resisten a inmolarse en nombre de un gobierno derrotado? "Sólo la ausencia de dos senadores propios nos condenaría a una derrota", sentenció un senador de linaje kirchnerista.

Muchos senadores peronistas que abandonarán el cargo en diciembre están resentidos con los Kirchner; nunca los llamaron ni les ofrecieron nada ni les dieron una esperanza de una nueva vida política. "Me aseguraron que conservaría el cargo de senador si votaba a favor de la resolución 125. Voté a favor. Nunca más hablé con ellos. Me voy del Senado el 10 de diciembre", contó, dolorido, uno de los que están próximos a la jubilación.

En el Senado está influyendo sobremanera la prédica opositora de que la nueva ley esconde el negocio de la creación de un multimedios kirchnerista. "Están usando el fútbol para atosigar de avisos oficiales Canal 7", resumió un oficialista cuando explicó por qué les es difícil a ellos contrarrestar aquella soflama opositora. Se quedó corto: están abrumando el fútbol no sólo de avisos oficiales, sino de una publicidad parcial y arbitraria sobre las acciones, ideas y posiciones del gobierno de los Kirchner. "¿Cómo decir que las cosas serán mejores cuando la única prueba que hay es que serán peores?", resumió aquel legislador leal al Gobierno.

Carlos Reutemann vuelve a cumplir el papel que desempeñó durante el trámite de la resolución 125. Cuando el senador santafecino se alejó del Gobierno, gran parte de los senadores peronistas se fueron con él. Reutemann acaba de comparar el actual proyecto de ley de radiodifusión con la política chavista sobre los medios de comunicación. Esa posición fue ratificada en las últimas horas por Jorge Obeid, otro ex gobernador peronista de Santa Fe que nunca perdió la confianza de Reutemann. Obeid, actualmente diputado nacional, conservó siempre, al revés de Reutemann, una buena relación con el matrimonio presidencial. Su irrupción con una fuerte crítica al proyecto oficial indica que Reutemann logró disciplinar a sus legisladores, incluida también la senadora Roxana Latorre.

* * *

El proceso entre los diputados es más caótico, confuso y cambiante. Siempre es así en la Cámara de Diputados. Ahí el kirchnerismo puro tampoco tiene el número suficiente; necesita a los aliados de centroizquierda. Pero éstos le han advertido al Gobierno que votarán en contra si las telefónicas son las únicas beneficiadas por la ley y si el eventual futuro órgano de control de los medios audiovisuales tiene mayoría del Gobierno.

En rigor, con las telefónicas suceden dos cosas: el transporte y la generación de contenidos. Nadie entiende por qué se les aplica a las telefónicas la ley de bienes culturales sólo para el transporte de contenidos a través de Internet, cuando lo que importa es, precisamente, el contenido y no el transporte. La ley de bienes culturales obliga a los medios de comunicación a tener un 70 por ciento de acciones en manos de argentinos. La explicación podría ser una sola: la española Telefónica quedaría fuera de juego y sólo se beneficiaría Telecom, cuando se cumpla la disposición de que los dueños italianos de ésta deben desprenderse de sus activos. Grupos empresarios cercanos al kirchnerismo están esperando ese momento para comprar las acciones de Telecom.

La decisión final en la Cámara de Diputados es crucial para el curso posterior en el Senado. Un ajustado triunfo en Diputados (apenas por siete votos) condenó hace un año a la resolución 125 al fracaso definitivo en la Cámara alta. Aun cuando todavía no se sabe si triunfará en Diputados el proyecto de ley de radiodifusión, lo cierto es que nada augura, por ahora, una victoria aplastante del kirchnerismo; todos los números, se los busque por donde se los busque, son exiguos, solapados y esquivos.

Lo único predecible es la actitud de Cobos. Es probable que el vicepresidente termine mandando el proyecto a tantas comisiones del Senado, según la facultad que tiene, que resultará difícil que la iniciativa llegue al recinto antes del 10 de diciembre. Si hubiera empate, además, esta vez no habrá sorpresa. Cobos ya anticipó una posición crítica sobre el proyecto de ley de radiodifusión. ¿Qué hará Kirchner, en efecto, si le devolvieran rechazado su peleón y audaz proyecto? Algunos peronistas pronostican dramatismos, pero otros son más cautos. Ninguno sabe, en fin, si el ex presidente jugará justo en el límite de las instituciones.

Por eso, Cobos eleva súplicas al cielo para que no se repita en su vida otro momento de carnicería, para que muchos peronistas descubran antes la inutilidad de alistarse como soldados de una guerra perdida de antemano.

Comentá la nota