El oficialismo acepta pocos cambios y se le complica la reforma política

El oficialismo acepta pocos cambios y se le complica la reforma política
Bajaría las exigencias a los partidos, pero no logra convencer a los aliados clave.
La visita del ministro del Interior Florencio Randazzo a la Cámara de Diputados entregó dos certezas: el Gobierno está dispuesto a retocar el proyecto de reforma política para que pueda ser sancionado, pero las concesiones que ofrece son "mínimas", según la óptica de sus aliados.

Además, el oficialismo mantiene inalterable el objetivo de darle media sanción al proyecto antes del recambio legislativo del 10 de diciembre, cuando perderá la mayoría. Tiempo no le sobra y para colmo se tomó dos semanas para volver a reunir el plenario de comisiones: llamó a cuarto intermedio hasta el jueves 12.

La oposición en conjunto quiere que este proyecto se debata "todo el tiempo que haga falta". Y como esta ley requiere de una mayoría especial de 129 votos positivos (la mayoría absoluta de los miembros de la Cámara), el kirchnerismo necesita sí o sí de aliados de centroizquierda y del radicalismo K que por ahora se resisten a acompañar el proyecto porque creen que afecta directamente a las fuerzas pequeñas como las que ellos mismos integran.

Por ahora, los K tienen 108 votos propios y una docena de aliados incondicionales. Le faltarían nueve para lograr la mayoría requerida.

Randazzo admitió ante el plenario de las comisiones de Asuntos Constitucionales, Presupuesto y Justicia que el oficialismo "está dispuesto a discutir un organismo electoral independiente", como reclaman aliados y opositores.

Pero el tema clave son las restricciones para las candidaturas y el mantenimiento de las personerías. Un funcionario que acompañó al ministro admitió que el kirchnerismo aceptaría bajar el piso de afiliados (5 por mil en 5 distritos y uno por mil en todo el país) para el reconocimiento de los partidos. Dijo que "los números son números, lo que importa es el concepto". También postergarían un año -al 31 de diciembre de 2010- el plazo para cumplir los requisitos.

Y además estarían de acuerdo en bajar la obligación de sacar por lo menos un 3 por ciento de los votos en la interna abierta y obligatoria para poder participar de la elección presidencial. Los más flexibles entre los miembros del bloque K que conduce Agustín Rossi hablan de llevarlo a la mitad: 1,5 %.

Esos fueron los requisitos más criticados por casi la totalidad de las fuerzas opositoras, que caracterizan al proyecto como un "chaleco a medida" de la UCR y el PJ. Igual, los radicales también critican esa cláusula, aunque en reserva admiten que el proyecto los beneficia.

También podrían producirse retoques en el financiamiento, un asunto sensible en el que los bloques opositores mostraron mayores coincidencias. En cambio, el oficialismo se mantendrá inflexible en lo que considera el núcleo central de la reforma: la obligatoriedad de la interna abierta y simultánea para todos los partidos.

En este asunto la oposición está dividida; el PRO se opuso en toda la línea, a la Coalición Cívica no le gusta la idea, pero su vocero Adrián Pérez esquivó un ataque frontal, lo mismo que el jefe del bloque de la UCR Oscar Aguad.

La diputada Vilma Ibarra (alineada con Martín Sabbatella) pidió que haya "fechas ciertas y no estimaciones" para la interna o primaria y para la elección general. Ahora el proyecto dice que la elección presidencial se hará 90 ó 120 días después de la interna, pero no fija fecha de la misma. Otro cambio que aceptaría el Gobierno.

Randazzo defendió la boleta sábana, contra la boleta única que propuso la oposición. Como golpe de efecto, el ministro mostró un modelo de boleta única que se usará en Córdoba en la próxima elección. Desplegó una enorme lámina de más de 1 metro de ancho por 80 centímetros de alto. "Es el instructivo", le replicaron.

Mientras, el Gobierno busca un canal de diálogo alternativo con el radicalismo por si fracasa la negociación con sus aliados de siempre.

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