La oferta y la demanda crecen en las oficinas del Gobierno.

No resulta nada novedoso destacar la enorme proliferación de vendedores ambulantes que se instalan frente a los edificios públicos o lugares de concurrencia masiva para ofertar sus productos.
Esto es como consecuencia de la desocupación y la falta de ingresos fijos en el seno familiar que permitan vivir ordenadamente.

Se ha podido comprobar, que es cierto lo denunciado en más de una ocasión acerca de la proliferación de vendedores ambulantes en casi todas las oficinas públicas nacionales y provinciales de nuestra ciudad.

Además, lo que había comenzado "tímidamente" entre compañeras de trabajo se ha convertido en una gran cadena de "oferta y demanda".

Es que la proliferación de "vendedores" ambulantes que diariamente, de lunes a viernes, ofrecen sus productos, ya sea en prendas de vestir, artículos del hogar, prendas íntimas, sin olvidar a los "puntuales chiperos", ha crecido en una dimensión inimaginable.

Sería realmente oportuno, que los responsables de organismos públicos prohiban el ingreso de estos "humildes trabajadores", dentro de las oficinas, ya que se está cayendo en el vicio de convertir un lugar de trabajo en algo que no es correcto y posibilita una enorme pérdida de tiempo para los empleados públicos.

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