Ofensiva para polarizar

Por: Ricardo Kirschbaum

Tras algunos titubeos, el Gobierno ha resucitado la polarización. Esta estrategia, en la que los Kirchner se mueven con comodidad, les ha permitido retomar la iniciativa y contener a su base política, evitando por ahora más fugas o reagrupamientos. Al considerar perdida la batalla por recuperar la confianza de gruesos sectores de la clase media urbana y rural, el kirchnerismo quiere profundizar una apuesta de fuerte diferenciación social.

La furiosa blitzkrieg lanzada en la última semana tiene ese sello. La aprobación de las facultades delegadas, la promesa de una televisación gratuita del fútbol, el retroceso en el tarifazo de los servicios y el discurso sobre la pobreza que pronunció Cristina forman parte de una sola pieza: volver a categorías políticas del primer peronismo.

Así, Kirchner está utilizando todas las herramientas que tiene a disposición para garantizar disciplina y acatamiento. Ha sido evidente en estos días la disociación del discurso de gobernadores críticos, como Das Neves, con el voto positivo de sus diputados a favor del oficialismo.

La ofensiva, entonces, se redoblará en todos los planos antes de diciembre, cuando cambiará la integración del Congreso. Y también antes de que se conforme otro proyecto presidencial dentro del justicialismo. Si eso se produce, la relación de fuerzas cambiará y una parte del PJ irá hacia otro campamento.

El planteo de pobres contra ricos es una consigna y, a la vez, una estrategia de polarización que, detrás de frases inflamadas y pasiones políticas, apunta a trabajar sobre un nuevo eje de ordenamiento y de división.

Este planteo tiene el mismo objetivo que las pragmáticas alianzas que Kirchner ha tejido y destejido en su carrera y sobre todo desde 2003. El fin justifica los medios: lo único importante es conservar poder.

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