Ofensiva opositora para investigar la corrupción

Por Joaquín Morales Solá

A los Kirchner podría sorprenderlos la peor de las novedades después del 10 de diciembre. Conversaciones iniciales entre líderes opositores concluyeron en que impulsarán en el Congreso la creación de comisiones parlamentarias investigadoras de actos de corrupción del kirchnerismo, luego de que se haya producido el cambio de la relación de fuerzas legislativas. Tales conversaciones incluyeron a los diputados del peronismo disidente Francisco de Narváez y Felipe Solá, al radical Oscar Aguad, a Adrián Pérez, de la Coalición Cívica, y al macrista Federico Pinedo. Todos son, o serán, jefes de bloque.

El cometido preciso de tales comisiones (o de la comisión) no fue definido todavía. Algunos, como De Narváez, plantean la creación de una megacomisión en condiciones de husmear en los hechos de corrupción y entre los empresarios que se enriquecieron durante los gobiernos de los dos Kirchner. Mencionan a Electroingeniería, a Cristóbal López y a Rudy Ulloa Igor, entre otros, sobre los que ya existiría una abundante documentación. En esos espacios se menciona al senador Ernesto Sanz, jefe del bloque radical, como eventual presidente de la comisión investigadora, siempre que el legislador mendocino no deba asumir la conducción nacional de su partido.

Otros sectores opositores, en los que milita el propio Aguad, jefe del bloque de diputados radicales, preferirían la creación de comisiones específicas para investigar hechos puntuales de corrupción.

El caso que se dio como ejemplo es el de Skanska, que consistió en el pago de sobreprecios para las obras de construcción de gasoductos. Podrían crearse, según estos legisladores, varias comisiones para indagar en cada uno de los hechos más resonantes de supuesta corrupción en la administración. Según las dos teorías, la comisión (o las comisiones) debería ser bicameral; es decir, tendría que estar integrada por senadores y diputados nacionales.

Sea como sea, lo cierto es que parece definitiva la decisión de crear cuerpos parlamentarios en condiciones de echar luz sobre la presunta inmoralidad en el manejo de los recursos públicos durante la era kirchnerista. La primera razón que impulsó esa decisión es la necesidad objetiva de construir una imagen distinta de la oposición ante la opinión pública. Los legisladores opositores son conscientes de que los Kirchner no les han dejado margen para críticas menores o moderadas después de los recios avances del Gobierno en las últimas semanas.

La otra razón consiste en que la oposición tampoco tiene espacios para ignorar una marea creciente de denuncias públicas de corrupción. Sideral crecimiento del patrimonio del matrimonio presidencial; ventajas comerciales y personales de los Kirchner por estar al frente de los bienes estatales; enriquecimiento de secretarios privados; alquiler de una flota de aviones paralela a la estatal; riquezas inexplicables y ostentosas de funcionarios que están o se han ido de la administración. Estos son sólo algunos de los casos que se conocieron en los últimos meses.

Los opositores se han juramentado un período de "contención institucional" (modificación de leyes aprobadas o por aprobar enviadas por el Poder Ejecutivo), pero saben que deberán enfrentarse con el veto de la Presidenta en muchos casos. La jefa del Estado no podrá hacer nada, sin embargo, si se crearan esas comisiones investigadoras, porque serán resortes exclusivos del Poder Legislativo. La otra línea que se explorará será el llamado a interpelación de ministros del gobierno nacional, que tampoco podrá ser vetada por el Poder Ejecutivo.

* * *

Los Kirchner han cultivado ese clima de inminente beligerancia. Pero ¿contará la oposición con el número suficiente de votos en el Congreso? Según un análisis de Felipe Solá, la oposición en conjunto tendrá 125 diputados (se necesitan 129 para la mayoría) y el oficialismo podría alcanzar, con aliados, los 116. Quedaron fuera de esa aritmética los socialistas y la izquierda de Pino Solanas. Los radicales, a su vez, confían en que los socialistas aportarán los votos necesarios para llegar y superar los 129 diputados.

"Los socialistas jamás se opondrán a investigar hechos de corrupción o a la interpelación de un ministro", aseguró Aguad. Es cierto, por lo demás, que los socialistas necesitarán del radicalismo para enfrentar al peronismo en su distrito más importante, Santa Fe. En la próxima elección de gobernador santafecino no competirá Hermes Binner, el más taquillero de los socialistas.

Como buen peronista, Felipe Solá es el más desconfiado de todos. Sospecha fundamentalmente de un Néstor Kirchner que seguirá con los intentos de cooptación de legisladores opositores desde su atalaya de Olivos. Ya ha detectado que el ex presidente llamó a dos diputados nacionales electos por la provincia de Buenos Aires que responden a Pro. "Yo hablo con mis diputados cada una hora para saber dónde están; en realidad, quiero saber si no están en Olivos", dijo, medio en serio, medio en broma, el ex gobernador bonaerense.

* * *

Ciertas convergencias opositoras se mueven, más tímidas, en otras direcciones. Dirigentes cercanos a De Narváez no descartaron que éste termine desistiendo de su candidatura a gobernador de Buenos Aires para aspirar a ser el candidato a vicepresidente de una fórmula nacional. ¿De quién? Julio Cobos es el primero de sus preferidos. Si Cobos accediera a la presidencia, le correspondería sólo un mandato, porque el primero es el que está cumpliendo como vicepresidente.

De Narváez necesitaría una habilitación de la Corte Suprema de Justicia para ser candidato a vicepresidente, porque nació en el extranjero. La Constitución argentina obliga a que el presidente y el vicepresidente de la Nación sean argentinos nativos. De Narváez podría pedir una relectura de ese artículo a la luz de los tratados de derechos humanos que se incorporaron a la Constitución en la reforma de 1994. Si esa habilitación progresara, De Narváez quedaría facultado también para ser candidato a presidente, que es su remozado proyecto político de los últimos tiempos.

Es una negociación compleja y complicada. Cobos y De Narváez se llevan muy bien, pero no podrán traspasar fácilmente la aprobación del Acuerdo Cívico y Social, que todavía nutre la eventual candidatura del actual vicepresidente.

Los probables acuerdos electorales están, por ahora, en un segundo plano. Sobresalen, en cambio, las alianzas más cercanas para fijarles un límite a los embates de los Kirchner al sistema de libertades y para ventilar las apropiaciones indebidas de los dineros del Estado.

Comentá la nota