Ofensiva K en el Congreso: un final con tareas cumplidas y varios costos

Los diputados del oficialismo se preparan para sacar en rápido trámite el último proyecto que llega a sus manos en un diciembre muy movido: la eliminación de la tablita de Machinea. Confían en liquidarlo en un día y en explotar la iniciativa: están armando una sesión especial, sin chances para que la oposición intente incluir otros temas y, en lo posible, sin compartir protagonismo con ningún otro sector. Bastante lucharon con proyectos más ingratos, que generaron costos políticos hacia afuera y dentro del bloque.
Será, esperan, la despedida de un año difícil, con algo de revancha, de la mano de una medida de impacto social positivo. El capítulo previo, el jueves pasado, fue el paquete impositivo, con el cuestionable y más que amplio blanqueo de capitales, que esta semana apurará el oficialismo en el Senado. En Diputados las cosas no fueron sencillas y hubo que trabajar mucho para mantener encolumnado al bloque. Néstor Kirchner metió presión, tuvo un acto público y también encuentros con el jefe de la bancada, Agustín Rossi, y con algunos legisladores que arrastraban dudas.

Kirchner, trascendió en el bloque, fue cuidadoso y hasta se mostró distendido en los contactos personales, pero volvió al discurso duro en el encuentro público con senadores y diputados que encabezó apenas unas horas antes del debate en la cámara baja. Aquel acto, en rigor, era esperado por los legisladores como una cita sólo con el ex presidente: algunos se incomodaron con el carácter más amplio que tuvo finalmente -ministros, algunos gobernadores, jefes sindicales, entre otros asistentes- y que deshizo la idea de un intercambio más reservado con los legisladores.

El ex presidente dedicó mucho tiempo en las últimas semanas a asegurar el armado que permitiera aprobar sin cambios los proyectos enviados por el Gobierno. Habló con gobernadores y otros dirigentes -"jefes territoriales"- para garantizar respaldos en temas delicados como la prórroga del impuesto al cheque, sin mejorar la coparticipación pero a cambio casi siempre de promesas de obras en las provincias. También lo hizo en el turno del paquete que ahora espera la sanción de los senadores. No descuidó a las conducciones de los bloques y hasta atendió personalmente algún que otro caso particular.

Los problemas para alinear a las filas propias y sumar aliados se correspondieron en general con lo que se percibía como impacto en la opinión pública. No se trató sólo de olfato: también pesaron algunas de las encuestas que circulan regularmente por despachos oficiales. Los trámites fueron más cómodos en el caso de las AFJP o el de Aerolíneas, a pesar del debate público, con imagen de las empresas muy cuestionadas en esos relevamientos. En sentido inverso se anotaron las evaluaciones sobre el blanqueo y también, en parte, la moratoria.

El oficialismo obtuvo mayorías muy amplias en algunos debates: llegó a dividir aguas en la oposición con la ley que puso fin a las AFJP. Y en otros, registró fisuras y no pudo contar con aliados habituales. Así ocurrió en Diputados con el triple paquete impositivo. Hasta la mala suerte -en rigor, la demora de una legisladora- le jugó en contra: logró reunir número para sesionar con el ingreso de Eduardo Lorenzo, cuyo sobrenombre, Borocotó, se transformó en verbo (borocotizar) para descalificar la acción y más aún el efecto de los sorpresivos cambios de bando en la política.

Esa última sesión de los diputados terminó con polémicas por la aprobación del capítulo sobre el blanqueo de capitales. En el bloque peronista califican a los reclamos opositores como una provocación: En la otra vereda, varios sectores dicen que irán a la Justicia. Hay otras cuentas: los opositores no lograron número para enfrentar el proyecto y los oficialistas, más allá de que el final no fue el mejor en términos de imagen pública, se preocupan más por los problemas repetidos para contener a sus diputados y a los aliados más firmes.

Para la votación que viene, el oficialismo no tendrá problemas de votos. Toma precauciones, en todo caso, para evitar que bloques opositores intenten alguna jugada más mediática que efectiva. Aseguran que el fin de la tablita de Machinea, seguramente con palos a ex integrantes de la Alianza, será el único tema a tratar: saben que algunos opositores intentarán sumar otras cuestiones, sobre la marcha, para no dejarle toda la escena al Gobierno. ¿Será el último capítulo del año en el Congreso? Eso, admiten todos, depende de lo que se resuelva en Olivos.

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