La odisea de vivir con las cloacas abiertas

Los vecinos de calle San Luis, desde Las Heras hasta Entre Ríos, se vieron obligados a cambiar su forma de vida desde que comenzó la obra de OSSE.
Adolfo Montigel vive en un edificio sobre la calle Catamarca esquina San Luis, desde hace un año y medio. Como el salón que hay en la planta baja estaba desocupado, en febrero pasado decidió alquilarlo para poner un kiosco con mesitas de café. "Alquilé el lugar esperanzado con que me iba a ir bien porque por acá pasaba mucha gente", contó. Pero la suerte le jugó una mala pasada: justo cuando estaba terminando de ambientar el lugar, OSSE comenzó a realizar las obras cloacales a la vuelta de su negocio. Cuando el hombre inauguró el local, un olor nauseabundo inundaba la zona. Y poco a poco la gente comenzó a alejarse. "Volaron todas mis expectativas. Pero tengo que aguantar hasta que terminen, ya hice la inversión", contó.

La situación es sólo un ejemplo de las complicaciones que tienen los vecinos de la calle San Luis, entre Las Heras y Entre Ríos, desde que abrieron una zanja en medio de la calle para cambiar el caño de las cloacas.

Todos coinciden en que su vida cambió considerablemente con la obra. Y no sólo porque no pueden ventilar sus casas por el olor. Según contó una mujer que vive a la vuelta del kiosco de Adolfo, por calle San Luis, desde que comenzó la obra no pasan ni el verdulero ni el sodero, por lo que tienen que movilizarse hacia los negocios del barrio. Y, aunque eso parezca fácil, allí es toda una odisea. La señora, que no quiso dar a conocer su nombre, describió que "tengo que venir cargada con las bolsas, caminar toda la cuadra hasta el puente de tierra, cruzarlo. Después cruzar la calle que está llena de pozos. Ir hasta el puente del otro lado, pasarlo y volverme caminando por la cuadra de enfrente para llegar a mi casa". Todo esto, porque el límite entre la calle y las veredas está surcado por una malla media sombra. Y sólo se puede cruzar en los sitios en los que la tela está abierta y hay puentes improvisados de tierra o madera.

Esos obstáculos también deben ser sorteados por los carteros. Nelson Icazati contó que "tardo 10 minutos más por cuadra para entregar las cartas. Es complicado andar en bicicleta por la vereda y cruzar de una cuadra a otra".

Para las personas que llegan hacia el lugar en vehículo, la situación también es complicada. Ricardo Videla, que vive sobre la calle Salta, contó que "acá el auto es una incomodidad. Yo tengo que salir en contramano hacia Libertador para salir de mi casa. Y la gente que vive sobre la San Luis tiene que dejar sus autos en la calle, sobre las arterias perpendiculares". Estas calles se transforman así en playas de estacionamiento. Con vehículos estacionados en los costados y en el medio por la falta de espacio.

Otro inconveniente es la basura. Los camiones que la recogen no pueden transitar por la calle. La gente debe caminar dos o tres cuadras con sus bolsas hasta llegar a una arteria que no esté cortada. Un vecino, que vive en medio de San Luis entre Santiago del Estero y Alem, contó que camina con la bolsa de residuos hasta la calle 25 de Mayo. Pero eso no es lo que más bronca le da: "Cuando se inició la obra nos dijeron que en 15 días iban a abrir la calle. Decidí dejar mi camioneta en el garage, pensando que la iba a poder sacar en ese tiempo", relató. Pero pasó un mes y medio y la calle permanecía cortada. "Por el tiempo sin uso, la batería se agotó, le tuve que comprar una nueva. Me quejé. Así que la empresa de la obra hizo una especie de puente en la salida del garage y pude sacar el vehículo", dijo el hombre todavía enojado.

En la zona se encuentra también el Sanatorio Argentino. El médico Gustavo Paredes comentó que el mayor inconveniente que tienen es el de la gente que en algunos casos no sabe que la calle está cortada y desconocen por dónde pueden circular. El médico contó que hace dos semanas llegó una mujer desde Chimbas a punto de parir. Pero el vehículo en que se movilizaba quedó parado en la esquina de Santiago del Estero, a una cuadra del sanatorio, porque no podía pasar. "Tuvimos que moverla en silla de ruedas desde la esquina hasta el sanatorio", contó.

Pero, más allá de todo, lo que más preocupa a los vecinos es la inseguridad. Que, según dicen, se da como consecuencia de la poca visibilidad por las telas colocadas a la orilla de la calle y el escaso tránsito de gente. Así, los ladrones rompen los vidrios o cerraduras de los autos que están estacionados en la calle. Mariana Recabarren es una de las víctimas. Los delincuentes abrieron su auto en la noche y le robaron la caja de herramientas. Además, contó que a otras personas les han robado el estéreo.

Aunque los vecinos del lugar ya no confían en los plazos difundidos, la versión oficial indica que las obras terminarán dentro de 15 días aproximadamente. Entonces la gente que vive en la zona podrá recuperar su vida normal.

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