El ocaso de una campaña pobre

Por Jorge Rosales

La campaña ingresó en el sprint final. Los candidatos tendrán poco margen ya para hacer correcciones, intentar maniobras y golpes de efecto. Pero lo van a intentar.

La polarización en la provincia de Buenos Aires que exhibe la encuesta de Poliarquía publicada ayer en LA NACION obligará tanto al ex presidente Néstor Kirchner como a Francisco de Narváez a hacer un último esfuerzo esta semana para asegurarse la victoria. Es tan exigua la diferencia que se ubica en el margen de error. Cualquiera de los dos candidatos puede resultar ganador.

La sospecha del Acuerdo Cívico y Social de que una vez superadas las elecciones en la provincia de Buenos Aires el peronismo se encolumnará detrás del ganador, sea kirchnerista o disidente, parece no alcanzar para retener a los votantes que buscan una vertiente opositora. En cambio, a los socialistas de Hermes Binner la estrategia de dos palabras empleada en Santa Fe frente a Carlos Reutemann para asociarlo con Néstor Kirchner le ha funcionado a la perfección. Tanto que el ex corredor de Fórmula Uno, favorito al comienzo de la campaña, podría perder. Sólo dos palabras: "Son iguales".

Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín terminarán esta semana una campaña a todo pulmón, mucho corazón y fondos escasos como para contrarrestar los millones de De Narváez y el aparato oficialista a disposición de Néstor Kirchner. Elisa Carrió se concentrará en la Capital, el distrito que siempre la mimó, para poder alejar los fantasmas de un tercero en discordia que sobrevuela amenazante: Pino Solanas. El cineasta recoge el voto progresista con un discurso opositor. No lo votará sólo la izquierda, sino un amplio sector de la ciudadanía porteña que no se casa con nadie.

En seis días el escenario político de la Argentina será otro. Ni mejor ni peor. Otro, con ganadores y perdedores que comenzarán a diseñar el nuevo mapa del poder. El Congreso será la caja de resonancia de la elección. Allí, el oficialismo -si los comicios convalidan las proyecciones de las encuestas que manejan en la oposición y también en el oficialismo- perderá la hegemonía, necesitará dialogar y buscar consensos. Será una prueba para la política, demasiado acostumbrada a los gritos, a la imposición y a que haya un ganador por demolición.

La campaña concluye después de un proceso pobre en debate de ideas, tal vez el más pobre desde la vuelta de la democracia. Algo se insinuó, pero sólo para chicanear al adversario. La dirigencia política no se resiste a mirar para atrás en lugar de soñar, imaginar, discutir y confrontar proyectos que dibujen el perfil de la Argentina del futuro.

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