Ocaña vuelve a desafiar a Moyano

Por Carlos Pagni

Graciela Ocaña, por candor o por audacia, suele poner en tela de juicio algunas reglas del poder que se presumen inflexibles. En las últimas horas volvió a desafiar el vínculo entre Néstor Kirchner y Hugo Moyano. A la ministra no le bastó con destronar a Héctor Capaccioli, el ex superintendente de Salud y recaudador de la campaña presidencial del oficialismo. Ahora quiere eliminar la Comisión Consultiva que asesoró a Capaccioli durante su gestión. Ese organismo está integrado por sindicalistas designados por Moyano para distribuir los subsidios entre las obras sociales.

Ocaña acusa a los gremios de haber sido cómplices con el ex superintendente en cierta liviandad de criterio -por decirlo de algún modo- en el reparto de los fondos. En su pelea encontró como inesperado aliado a Juan Rinaldi. Es el sucesor de Capaccioli y, hasta hace pocos días, se lo tenía como un ahijado de Moyano, quien lo presentó en la CGT como "un hombre del movimiento obrero".

Moyano comenzó a sospechar de la incondicionalidad de Rinaldi cuando el superintendente demoraba la convocatoria a la comisión sindical asesora. La semana pasada, contra todas sus costumbres, el camionero envió una carta a la Superintendencia para expresar su queja. En vez de contestarle, Rinaldi envió a Cristina Kirchner una propuesta por la cual se reemplazaría la comisión sindical por otra compuesta por funcionarios del Estado, empresarios de la salud y gremialistas. Nada que objetar: es lo que prevé la ley 23.661 que organiza la oficina de control de las obras sociales.

Borocotización

Moyano brama por la "borocotización" de Rinaldi. Casi todos los gremialistas que serían destronados (10 en total) le responden a él. Es más: como secretario general de la CGT, el camionero había reclamado a Kirchner que se respetara un criterio político en el reparto de subsidios. El esposo de la Presidenta respondió: "Arreglalo con Ocaña". Moyano, indignado, llevó el pedido a Rinaldi, quien contestó lo mismo: "El problema lo tenés con Ocaña. Yo sólo cumplo órdenes". Ahora Cristina Kirchner, quien al designar a la ministra le indicó un enigmático "vos sabés lo que tenés que hacer", debe resolver si cederá a la presión del camionero.

Moyano está sumergido en un dilema. Olfatea que el kirchnerismo se ha subido al tobogán y quiere, como hicieron sus antecesores con todos los gobiernos, sacar ventajas corporativas durante el deslizamiento. Su estrategia es demográfica. El 30 de abril se propone reunir 100.000 personas en la Plaza de Mayo para, sin funcionario alguno en el palco, hacer una demostración de poder a la Casa Rosada. Supone que, sensibles a la muchedumbre, los Kirchner cederán lugares en las listas legislativas y cargos en la administración. "Ellos saben que se sostienen por nosotros", repite.

Ese sueño experimenta sobresaltos. El día previsto, el lugar estará ocupado por las Madres de Plaza de Mayo. Además, Oscar Lescano, Carlos West Ocampo y Armando Cavalieri, a quienes se suponía lejanos a Kirchner, solicitaron el lunes pasado, mientras comían un puchero con Moyano, que la CGT invitara a Kirchner. "¿Vas a hacer un discurso contra el Gobierno? ¿No lo vas a convocar cuando vos mismo integrás su mesa en el PJ? ¿Quién le va a decir que no lo invitamos? Y si viene ¿quién le va a decir «vos no hablás»?

Moyano deberá resolver el cuestionario en las próximas horas. No hay muchas señales en su ayuda. Al contrario, ha comenzado a sospechar que la nueva comisión que pretende Ocaña puede haber sido pactada con Cavalieri, quien siempre se quejó de que lo discriminaban en el reparto de subsidios. A esa intuición sumó otro dato: hasta ahora la única con un lugar seguro en las listas del oficialismo es Ocaña. Un paso más y Moyano comenzará a dudar de Kirchner.

Comentá la nota