Ocaña dijo que el dengue llegó para quedarse

Ocaña dijo que el dengue llegó para quedarse
Se refirió a "mezquindades" en el manejo de fondos; hay 8185 casos
"El dengue llegó para quedarse", dijo ayer la ministra de Salud de la Nación, Graciela Ocaña, en lo que fue la admisión oficial más cruda sobre la gravedad de la situación sanitaria del país.

A 11 años de su reaparición, la enfermedad ya afectó a por lo menos 8185 personas, causó 7 muertes y no se descarta su proliferación en la Capital y el Gran Buenos Aires en el mediano plazo.

La funcionaria advirtió que no sólo el dengue se ha instalado en América latina, sino también la fiebre amarilla. "Si yo pensara que no se hicieron todas la acciones posibles, no viviría; estoy muy cansada, pero sigo trabajando", dijo tras una reunión con los ministros de Salud de la provincia y la ciudad de Buenos Aires, Claudio Zin y Jorge Lemus, respectivamente.

En un encuentro posterior en su ministerio, del que participó La Nacion, Ocaña reconoció que el desconocimiento de los médicos en zonas donde nunca antes había existido el dengue, como Chaco y Catamarca, retrasó el registro de casos en el nivel nacional. Este factor, sostuvo, agravó el brote.

"En esas provincias no se hacía la notificación de los casos febriles porque las fichas que tienen que llenar los médicos son bastante engorrosas", dijo Ocaña, y agregó que entre los funcionarios provinciales y municipales "emergió la peor mezquindad" por el manejo de los recursos enviados para atender la emergencia. "Hacer una disputa política de esto sería un error, porque nadie puede escupir para arriba; hay distintos intereses en algunos lugares, pero quiero dejar en claro que acá no se va a ocultar nada", expresó la ministra.

Los cortocircuitos empezaron en Charata, sudoeste del Chaco, donde la epidemia atacó rápidamente a miles de personas (extraoficialmente se habla de 6000). Los fondos enviados el intendente local, Miguel Tejedor, por parte del organismo sanitario nacional, no se utilizaron o se aplicaron tarde, según deslizó Ocaña.

Otra: la ministra de Salud del Chaco, Sandra Mendoza, esposa el gobernador Jorge Capitanich, estaba de licencia en plena emergencia y visitó la ciudad mucho después de que la situación estuviese desbordada para entregar gorritas con su cara estampada. A este contexto, según comentaron en el Ministerio de Salud, habría que sumarle las informaciones erróneas sobre presuntos fallecimientos y un gran descontrol en la medidas sanitarias en los municipios. En Catamarca, la epidemia terminó reconociéndose cuando los enfermos desbordaban los hospitales, dijo Ocaña.

"He visto cosas patéticas... se peleaban entre ellos porque son de diferentes partidos; esto sacó lo peor de cada uno", dijo Ocaña sin dar precisiones en relación con las disputas entre el gobernador Capitanich, del Frente para la Victoria, con Tejedor, que proviene del partido radical.

El dengue es un flagelo que volvió para quedarse no sólo en la Argentina sino en toda América del Sur. Hay 23 países donde todos los años se producen brotes. El dengue poco a poco empezó a perforar las fronteras del norte del país para instalarse. En el Ministerio de Salud consideran que la situación descontrolada en países vecinos como Bolivia, Paraguay y Brasil repercute en la Argentina.

Sin embargo, Chile (que sólo tuvo casos en la Isla de Pascua) y Uruguay están libres del mal.

A esta altura, en el país, según los datos del organismo sanitario, existen 23 municipios "de muy alto riesgo", 94 de "alto" riesgo y otros 470 de peligro "mediano", entre ellos, la ciudad de Buenos Aires.

Llamativamente, la zona de Charata, donde el brote explotó con más fuerza, estaba ubicado en este último ítem. Según los expertos, la enfermedad suele tener un comportamiento errático relacionado con las vías de comunicación (rutas) y la migración de las personas. En algunas provincias, según los datos oficiales, las denuncias de casos parecería haber ingresado en una tendencia decreciente. En cambio, en Roque Sáenz Peña y en Pampa del Infierno, ambas localidades del Chaco, el número de enfermos sigue en aumento.

"El dengue se puede controlar, pero no erradicar; la situación no se puede evitar a esta altura, sino que sólo puede mejorarse", expresó ayer el representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para la Argentina José Antonio Pagés. "El llamado a la participación de la comunidad en las tareas de prevención tiene que ser mucho mayor acá en la Argentina; a veces hay que hacer crisis para resolver las crisis", opinó el especialista.

Inquietante

El mosquito Aedes aegypti, transmisor y portador del virus, tuvo su momento de apogeo en la Argentina en la década del cuarenta y cincuenta. Para erradicarlo, en ese momento, se utilizó un poderoso insecticida (DDT) que ahora está prohibido, porque, además de matar a los mosquitos, provocaba serios problemas en la salud de la población.

"La situación actual puede ser más grave o diferente, porque los cambios climáticos favorecen la proliferación del mosquito y la urbanización es distinta (el insecto vive en los hogares). Además, el uso de recipientes es mucho mayor", dijo el director nacional de Control de Enfermedades y Riesgo, Hugo Fernández.

El mosquito vive a sus anchas desde el norte hasta el centro del país. Según Fernández, en el país circulan tres tipos de dengue diferente. Y la reinfección de una persona con otra cepa deriva en la variante hemorrágica de la enfermedad, que puede resultar mortal en un 10,9 por ciento de los casos.

"Para la fiebre amarilla la prevención se basa en la vacunación, pero en el dengue, al no haber anticuerpos, las medidas de control no son fáciles", reconoció Fernández.

8185

Casos

* Los pacientes con dengue confirmado aumentan día tras día y la gran mayoría siguen registrándose en el Chaco, Salta y Catamarca

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