La obsesión por lo que vendrá en Neuquén,

Hay dos frentes principales para el gobierno de Sapag: el político-electoral, y el económico de gestión. El primero se enfrenta con cierta ambigüedad desde el MPN; el otro le toca en soledad al Ejecutivo. Los problemas pueden aumentar si subsiste una parálisis que es preocupante.
La parálisis estatal solo puede contribuir a un escenario posible: el de agravamiento de las dificultades de gestión. Por eso, en el gobierno neuquino se buscará a partir de esta semana redoblar los esfuerzos por revertir lo que ha sido, desde hace poco más de un año, un continuo declive de recursos y un aumento imparable de gastos. La gran pregunta es: ¿podrá lograrlo si no modifica aspectos sustanciales de su estrategia política, basada hasta ahora en pactar y negociar con las corporaciones sindicales y empresarias?

El escenario para tomar decisiones no es tranquilo, como casi nunca lo es cuando se está en el fragor inevitable de la batalla por permanecer con la cabeza erguida en el ejercicio de un poder tan relativo como es comandar un Estado provincial en Argentina, país centralista y autoritario como pocos en América Latina.

El escenario se bifurca en dos frentes de batalla: el primero es el político, con elecciones capitalinas el 23 de agosto. Al MPN, y al gobierno en particular, le toca no desatender este frente porque se juega allí una primera batalla de la guerra política permanente, que se acabará recién en 2011 en lo que hace a la fase correspondiente a la década. El segundo frente es el de gestión económica, una trinchera que le toca defender casi en soledad al Ejecutivo de la provincia.

El frente político será enfrentado por el MPN con cierta ambigüedad, nacida de la característica principal que dejó como resultado la interna del 5 de este mes. El triunfo de la Lista Azul fue inapelable, pero no se interpreta como determinante, en función de dos razones principales: Sobisch seguirá la pelea, porque considera que hizo una buena elección más allá de la derrota, al conseguir más de 41 % de los votos; y crecerá la incidencia de un tercer sector, la variable sustentada fundamentalmente por José Brillo, quien por estos días rumia y medita cómo se moverá para seguir construyendo una vía alternativa a los liderazgos tradicionales, haciendo abstracción (aunque más no sea teórica) de los apellidos.

El partido provincial sabe o intuye que en la elección capitalina de agosto se alimentará o desalentará opciones de candidatos a gobernador para el 2011, en todas las fuerzas que intervendrán. Sabe que tiene que ganar estas elecciones, porque si el MPN no gana el distrito principal en 2011, difícilmente pueda retener la gobernación. Este objetivo es a la vez el dueño de todos los miedos en el partido provincial, desde hace ya más de una década: cuando se esboza la posibilidad (probada por la historia) de que a todo partido le llega inexorablemente el momento de abandonar el poder, aunque más no sea circunstancialmente, un frío polar recorre las venas partidarias.

La suerte del MPN dependerá a su vez de dos situaciones precisas: el desempeño del frente mantenido a duras penas entre Farizano y el PJ, que ha quedado en la práctica como único defensor de la gestión municipal de este año y medio; y el resultado del experimento provinciano de la CTA, el UNE de Mariano Mansilla, una fuerza que no ha dejado de crecer aplicando un estricto pragmatismo que lo ha llevado a diversas prácticas de edificación de representatividad, desde la cooptación de militantes del MPN hasta el desarrollo de pactos con los pastores evangélicos, dueños de una vasta red de voluntades que mezclan religión con política al más puro estilo norteamericano.

Una tercera variante que jugará en la elección del 23 de agosto tiene que ver con la UCR y su interna, donde aparece la figura de Horacio Quiroga como candidato para el 2011 a contramano de la política del intendente Farizano, de quien lo separan cada vez más razones objetivas. Concretamente, se duda del respaldo de este sector importante de la UCR a los candidatos del oficialismo, mucho más si se considera que hay una variable más a tono con el pensamiento del radicalismo más centrado, que es la que encarna el Recrear de Marcelo Bermúdez, con el candidato Leandro López. A quienes pretenden equilibrar la política municipal capitalina los seduce la posibilidad de reforzar con otra banca esa "isla de sentido común" que ha sido indudablemente Bermúdez en el Deliberante.

¿Y el frente económico? Como se dijo, el Ejecutivo provincial, es decir, Jorge Sapag, deberá enfrentarlo casi en soledad. Tiene todas las fichas apostadas a lo que el Estado nacional pueda conceder, en función de una necesidad arbitral importante: en el Senado, el voto de Horacio Lores podrá ser determinante en muchas ocasiones. Como sucediera en la década del ’80, cuando Elías Sapag era el representante neuquino, y el actual gobernador, su alumno más dedicado en las oficinas plenas de negociaciones del Senado.

Del Estado nacional, Sapag espera una mejora sustancial para el precio del gas, que permita a la vez resolver aunque sea en parte la declinación de los recursos financieros, y una situación extremadamente preocupante que es la caída de puestos laborales en el sector petrolero. Esta semana hay un paro de 48 horas dispuesto por el sindicato que comanda Guillermo Pereyra, como refuerzo y factor de presión para estas negociaciones que iniciará este mismo lunes Sapag, con Amado Boudou y fundamentalmente Julio De Vido, el ministro que representa directamente a Néstor Kirchner en el Gabinete.

También se espera que prospere la represa Chihuido I, que a fines de este mes o principio de agosto comprobará qué nivel de financiamiento están dispuestos a ofrecer las empresas privadas. A partir de allí –es por lo menos lo que se ha dicho hasta ahora- se comprometerá el Estado nacional, a través de los fondos de ANSES, a financiar lo que haga falta para llegar a los más de mil millones de dólares que hacen falta para el estratégico emprendimiento.

Estas dos cuestiones macroeconómicas son importantes, pero no las únicas, para mejorar una administración que se ha manifestado al menos como insuficiente. Hay que recordar que aguardan respuesta los sindicatos estatales (aguinaldo y aumento salarial para el escalafón general); el sector de Salud, totalmente desvastado después de la paranoia de la Gripe A; la Educación, igualmente afectada por la Gripe además de lo que había quedado como negativo tras el último paro docente; y un sector en crecimiento –el de los piqueteros y usurpadores profesionales- que ha sido alimentado por las vacilaciones y concesiones de una política social llena de remiendos conseguidos a fuerza de gastar plata y sucumbir a las presiones corporativas.

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