la obsesion k de subordinar la politica a la caja El látigo y el subsidio

Por Alfredo Leuco

Algunos viven de la política y otros de su trabajo. Esta frase podría ser una respuesta chicanera a la presidenta Cristina, que aparece cada vez menos Fernández y más de Kirchner.

Algunos viven de la política y otros de su trabajo. Esta frase podría ser una respuesta chicanera a la presidenta Cristina, que aparece cada vez menos Fernández y más de Kirchner. Recién llegada de Rusia y apenas se sacó su hermoso shapka de zorro plateado, dijo: “Algunos viven de las noticias y otros de su trabajo”. El cachetazo al periodismo podría haber pasado como uno más de los tantos de una presidenta que en mayo fue capaz de decir que “los piquetes de la abundancia” esta vez “no han venido acompañados de tanques sino por algunos generales mediáticos”. Pero la pregunta acerca de cómo se gana la vida cada uno es una llave muy interesante para abrir una puerta hacia el problema más grave que está padeciendo Néstor Kirchner como conductor político: su lógica de prestamista. Nos referimos a ese poder inmenso, casi de sumisión, que se genera por parte del que presta sobre el que recibe ese dinero hasta que lo pueda devolver en su totalidad. Esa relación vertical suele ayudar al que está arriba a domesticar al que está abajo. La usura es entendida en todos los manuales como el cobro de intereses desmesurados por el aprovechamiento de una situación de debilidad o desesperación del otro que puede perder su casa o algún otro bien preciado. La repetición del mecanismo puede llevar a que mucha gente piense que esa relación es la que rige todos los vínculos entre los seres humanos.

A propósito del tema propuesto por la Presidenta sobre la forma de procurarse los elementos de subsistencia que tienen las personas hay que decir, al solo efecto de aportar rigurosidad informativa, que tanto Néstor como Cristina se enriquecieron lícitamente, según la Justicia, por lo menos hasta ahora, con actividades que no son precisamente el ícono de la producción: el préstamo, la cobranza a deudores en problemas y los alquileres de más de 20 de sus propiedades. No se les conoce otras actividades laborales desde que Kirchner entró a la Intendencia de Río Gallegos y Cristina al mundo parlamentario.

Muchos opositores a los Kirchner y periodistas independientes han cuestionado el manejo arbitrario de “la famosa caja” como una forma de disciplinamiento o como el eje de su construcción política. La mayoría de los presidentes, gobernadores o intendentes utilizan ese “flujo” de caja para abrir el grifo a los más verticalistas y para cerrarlo a los más rebeldes. Kirchner perfeccionó ese mecanismo y elevó esa obsesión a la categoría de venganza. Hasta sus aliados más estrechos lo reconocen. Nadie fue tan impacable a la hora de utilizar el látigo o el subsidio. Uno de los economistas argentinos más lúcidos comentó, reservadamente, que las habilidades de Kirchner en este plano no se limitan al “flujo de caja”. El le ha sumado el stock. Tiene en existencia la propiedad de algunas empresas estratégicas, vinculadas a la energía o a los medios de comunicación, cuyos máximos accionistas son tan buenos amigos del matrimonio gobernante que los tratan como si fueran socios.

Ya se sabe que “poderoso caballero es don dinero” y que en muchas de las medidas del gobierno kirchnerista puede advertirse como primer objetivo la acumulación y concentración de fondos en manos del Poder Ejecutivo. Estos criterios les han dado muy buenos resultados. Han sido tan exitosos en sus propósitos que un gobernador de una provincia lejana y con muy poca población no solamente logró ser presidente de la Nación sino que también designó heredera a su esposa Cristina. Eso habla de la magnitud y sustentabilidad de su poder, de la buena lectura que hicieron de la etapa histórica y de las debilidades opositoras para parir nuevos liderazgos y propuestas superadoras.

Hay sectores de la oposición que también aparecen con marchas y contramarchas respecto de su política de alianzas y del armado de una alternativa. Elisa Carrió ya le levantó la prohibición a Felipe Solá y por el hecho consumado de Margarita Stolbizer en Buenos Aires tuvo que hacer lo mismo con Julio Cobos, pese a que uno estuvo hasta hace poco con el régimen, como le gusta decir, y el otro todavía lo integra. Eduardo Duhalde no encuentra su verdadero rol y, producto de su apuro por sumar, aparece en fotos o solicitadas al lado de personajes absolutamente desprestigiados en la sociedad, como Luis Barrionuevo, Julio Cesar Aráoz o Víctor Lapegna, por poner sólo tres ejemplos. Hermes Binner toma distancias de los otros dos hombres fuertes del socialismo como el senador Rubén Giustinani y el intendente Miguel Lifschitz. Roberto Lavagna critica y propone alternativas pero le cuesta aumentar su volumen político producto de su pesimismo por el panorama actual y porque teme una feroz polarización entre Kirchner y Carrió que fracture la sociedad como en los tiempos de Perón.

Lo grave es que a la hora de llevar dinero al molino del Gobierno, Néstor Kirchner no tiene límites y hecha mano a todo lo que tiene a su alcance sin preocuparse demasiado por algunas cuestiones republicanas, de seguridad jurídica o de la inmoralidad. Esto último es lo que ocurrió con varios aspectos del paquete parlamentario anti crisis. Va en el buen camino la eliminación de la tablita de Machinea o la ayuda a las pequeñas y medianas industrias a volver a la formalidad y a los trabajadores a quedar registrados en blanco. Pero va a contramano eso de asociar al Congreso de la Nación a proyectos de ley escandalosos como la moratoria y el blanqueo que premian a delincuentes y evasores. Hay algunos sucesos que pueden tomarse como símbolos y que pueden rotular esas leyes nefastas. Todo ocurrió de madrugada, en medio de varios problemas en el tablero electrónico de los votos y con Borocotó ovacionado en el recinto por el bloque oficialista como si se tratara de Maradona saliendo por el túnel. El verbo borocotear fue parido por la cultura popular para designar a aquel tránsfuga que se da vuelta en el aire como un panqueque. Para el que amaga para un lado y sale para el otro, para seguir con el lenguaje futbolero. Como los Kirchner, que amagan por izquierda y ordenan votar una ley de derecha que sólo festejan los especuladores financieros amantes del neoliberalismo y los traficantes de dinero negro proveniente de la droga, la venta de armas o los aportes de campaña.

El capitalismo de amigos se transformó en capitalismo de cómplices. Con expresa indicación desde la Casa Rosada para no incluir en el texto la necesidad de denunciar el origen de los fondos. No se podrá saber si esa plata del blanqueo se hizo trabajando o robando. Todavía está en duda reglamentaria y constitucional si ese eslabón de la ley fue aprobado con esos 128 votos que llegaron raspando. La oposición se hizo un festín de ironías y descalificaciones. Dijeron de todo: ley de autoamnistía, Al Capone andaría por las calles con esa norma, votos producto de obediencia debida y de obediencia De Vido.

El progresismo puso su carta abierta sobre la mesa y votó en contra: desde Bonasso hasta Vilma Ibarra. Desde la nieta recuperada Victoria Donda hasta Claudio Lozano. Desde Cecilia Merchán hasta Eduardo Macaluse. Sólo hubo dos votos muy curiosos: el socialista Ariel Basteiro, que sobreactuó oficialismo K, y la multiprocesadora de identidades políticas Paola Spátola, que pasó a toda velocidad por el menemismo de la mano dura, el lopezmurhpysmo, el kirchnerismo, el felipismo y, finalmente, votó con el oficialismo después de denunciar que la habían amenazado de muerte.

El blanqueo más oscuro de la historia argentina manchará el apellido de los Kirchner. De todos modos, medio en broma y medio en serio, muchos funcionarios dicen que al tigre no le hace nada una mancha más, y que al pingüino tampoco.

Encima, todo esto ocurre en momentos en que el Gobierno sigue mostrando déficits de gestión muy severos, improvisación en las medidas anunciadas que no terminan nunca de implementarse y que no garantizan que sean realmente beneficiosas para salir de la crisis y –otra vez– operaciones cruzadas en las internas del propio Gobierno. Tal vez fue una casualidad, pero el mismo día que Kirchner, en el acto del correo, arengó a su tropa para la batalla parlamentaria y fue duro con los que le criticaban su regreso al pejotismo, todos miraron a Graciela Ocaña, a la que le habían pegado afiches amenazadores en las paredes del centro de la ciudad. Alguien muy cercano a la ministra le dijo a PERFIL: “Si me quieren echar van a tener que pedirme la renuncia en forma pública”.

No hay forma de entender cómo Néstor Kirchner manda a Guillermo Moreno a esmerilar a una flamante ministra como Débora Giorgi en el tema del acuerdo con las automotrices. Cristina desmintió el enfrentamiento, pero las fuentes empresarias lo confirmaron, y además no sería la primera vez, porque Moreno ya tiene varias peleas ganadas por nocaut contra Miceli, Lousteau y Peirano, por ejemplo. ¿Por qué pasa eso? Solá dijo que Néstor bombardeó desde un principio a Lousteau porque se lo había sugerido Alberto Fernández. Pero ¿quién puso a Giorgi? ¿Massa o la mismísima Cristina? ¿Se puede ser tan perverso como para boicotear a su propia esposa o la bronca sigue con Massita porque no viene de la gloriosa Jotapé sino de la odiosa Ucedé ?

La bulimia por el dinero empujó a tomar algunas decisiones equivocadas a Néstor Kirchner. Muchas veces la voracidad le hace perder claridad en el análsis y privilegiar tener el dinero en sus manos, que es lo único que le calma los nervios.

De lo contrario, podrían fomentar el consumo si hubieran seguido los consejos de Roberto Lavagna primero y Alfonso Prat Gay después, de bajar el porcentaje del IVA por un tiempo y particularmente en los productos de consumo masivo que perjudican sobre todo a los más pobres. Esa sí es una medida progresista, igualitaria, universal y keynesiana de verdad. Así los que más necesitan y que gastan todo lo que tienen en elementos de primera necesidad se hubieran beneficiado con la baja de precios rápidamente. En lugar de sacarle dinero con impuestos y despues decidir a quién y de qué manera se distribuyen, se evita todo tipo de arbitrariedad dejando ese dinero en manos de quien estaba. No es una fantasía impracticable. A Kirchner no le gusta porque le quita parte de su poder. Pero se trata de medidas eficientes. A pesar de la oposición del FMI, a finales de 2002, Duhalde y Lavagna lo hicieron por tres meses y el impacto psicológico se notó enseguida, porque aumentó el consumo y el índice mayorista de precios fue negativo.

Ese dogma de Kirchner de convertir al dinero en el eje articulador de su estrategia tiene un problema cultural insuperable que contamina todos sus actos. Es la degradación de la militancia. La reducción del debate ideológico a un mero intercambio de favores. La discusión de rumbos como un juego del toma y daca.

Ese apotegma kirchnerista de la caja, el flujo y el stock no genera afectos ni lealtad hacia el conductor. Sólo crecen los compromisos económicos y las facturas mutuas. La política, que es la más maravillosa actividad que existe para transformar una realidad injusta, se transforma en un asiento contable. El día que los pueblos sean libres la política será una canción, decía Jaime Dávalos. El día que la caja no mande la política será una bendición.

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