La obsesión por garantizar un resultado puede ocultar tensiones latentes

Después del impacto de una noticia importante, siempre viene la reflexión y el análisis. Y eso ocurrió tras la jugada calificada como "maestra" de Néstor Kirchner de comprometer a toda su gente en las listas electorales de junio próximo.

Sin embargo, al descorrer las ramas del árbol que tapa el bosque quedó en claro que fue una excelente jugada de contención interna, pero que también demuestra una cierta debilidad hacia el frente externo y hacia una opinión pública expectante.

Cuando Kirchner somete a plebiscito a toda su estructura, incorporando a Daniel Scioli y a intendentes con varios mandatos en sus espaldas, está demostrando que el solo no puede. Que no puede con la sola presencia de su nombre a la cabeza de la lista garantizar el triunfo oficialista de manera contundente en cuanto a votos y a conquista de espacio en el Congreso.

Necesita como el agua tras varios días de desierto ya no un apellido Scioli, sino el hombre clave para subir puntos en la intención de voto. Esto quedó demostrado en últimas encuestas (encargadas antes de las candidaturas testimoniales) que daban cuenta que Scioli mantiene una buena cuota parte de buena imagen ante los bonaerenses. Cómo señalan desde la oposición, su imagen de acción, aún sin resultados evidentes, le han formado una armadura a prueba de balas.

No obstante y bueno es decirlo, las visitas al interior rural siguen siendo algo desagradables. Un legislador oficialista se tomó el tiempo de hacer cálculos e indicó que, de 37 visitas al interior, sólo en tres ocasiones recibió escraches o recepciones para nada de hospitalarias.

Pero en general el saldo es positivo o "no negativo", contrariando al vicepresidente Julio Cobos.

Todo viene en relación con el análisis de un hipotético Scioli sin Néstor, que se barajó en los últimos días y que el oficialismo bonaerense deslizó en forma no tan inocente con sus famosas encuestas midiendo a ambos o al mandatario provincial en soledad.

Esa cualidad o privilegio de ser uno de los oficialistas que pueden dar esperanza de triunfo contundente debería tener un costo elevado en una eventual negociación. El tema es atreverse a negociar con el actual titular del Consejo Nacional de PJ:

Si quien garantiza un triunfo o esperanzas de él tiene derechos a condicionamiento sería lógico que hubiera reclamos de mayor espacio de poder del sciolismo en las estructuras de poder bonaerense. Tal vez más diputados y senadores a entrar en las próximas listas y mas concejales en distritos con peso político propio. Y una serie de exigencias que puede haber para todos los gustos.

En todo eso debe estar pensando el kirchnerismo "paladar negro" ante la eventualidad de que el gobernador vaya sólo en la lista. De ser así, la opinión pública podría estar divisando un nuevo liderazgo sin necesidad de padrinos externos. Algo así como un líder o referente de la era post kirchnerista.

Se viene, entonces, un juego de poder muy arriesgado en la escena bonaerense. Recuperar terreno cuando se venía la inundación es una acción relacionada con quienes pueden demostrar una imagen alta en la opinión pública.

También está demostrado que Scioli tiene mejor nivel de diálogo con otros sectores que no se entienden con el kirchnerismo, pese a estar incluido en el proyecto nacional.

Esos sectores pueden ser sociales, pero también políticos que, pese a ser antipáticos para la Casa Rosada, aspiran a tener una buena relación con el bonaerense. Esta teoría también encaja en un eventual post kirchnerismo donde otros sectores del peronismo puedan ser nuevamente bienvenidos. Al respecto nadie del sciolismo lo afirma, pero abre suspicacias a la luz de determinadas señales desde el poder.

Te vas porque yo quiero que te vayas

La buena imagen suele sufrir impactos por las decisiones políticas. Nadie puede medir en tiempo inmediato la decisión de no mantener en el gabinete a Santiago Montoya.

No tanto por la decisión, sino por lo que significó su presencia como construcción de imagen de gestión. Su gran logro de habilitar la imagen disuasiva del estado en procura de combatir la evasión impositiva, es un verdadero desafío para cualquier reemplazante. Lo sabe muy bien quien fue designado a tal efecto, Rafael Perelmiter. Y será muy observado no solo por el común de la gente sino por muchos grupos de presión que fueron afectados en sus intereses durante más de un lustro.

Pero también hay una gran novedad en los cambios de gabinete. No debería pasar desapercibida la inclusión de Martín Ferré en el ministerio de la Producción, por corresponderse con el círculo íntimo del gobernador Daniel Scioli.

Scioli intentó demostrar autoridad con su decisión de despedir a Montoya, aunque todo huele a un alejamiento que el propio ex funcionario eligió cuando en un comunicado criticó duramente el proyecto nacional.

Muchos ven a Montoya en un futuro no muy lejano en un camino compartido con el peronismo disidente y con Felipe Solá en particular. Otros señalan que se fue por su tenacidad para resistirse a ser un candidato testimonial.

En la oposición

Por lo pronto se sigue construyendo en proyección con el mapa de poder que quedará diseñado con la instancia clave electoral del 28 de junio. El peronismo disidente mantiene su entusiasmo en base a encuestas que le dan un equilibrio en las dos amplias secciones electorales del conurbano. Sus expectativas crecen a partir de un supuesto piso de intención de voto del 30 por ciento.

También quedaron encantados con diagnósticos o pronósticos acerca de la posibilidad de habilitar en la oposición la idea de un "voto útil" para reducirle poder al kirchnerismo.

Así lo expresó esta semana, por ejemplo el consultor Artemio López sobre la base de ciertos estudios de experiencias anteriores. El se basa en el esquema de una elección plebiscitaria en la cual, a su criterio no existen dos opciones opositoras. En ese sentido, según lo advirtió en diversos comentarios, el voto opositor se pliega con aquel frente o partido con más posibilidades de competir.

Este estudio enfureció a más de un dirigente de la Coalición Cívica que, con ese esquema, advierten el riesgo de perder terreno en su batalla por conquistar más representación parlamentaria.

Voceros de ese espacio que tiene como referente máximo a Margarita Stolbizer señala que esa encuesta parte de una usina que suele medir habitualmente para el kirchnerismo que manifiesta así su intención por frenar el crecimiento de lo que consideran "la verdadera alternativa". A tal punto están convencidos de esto que preparan como slogan de campaña "la única alternativa de cambio posible".

Por el momento, lamentan que Elisa Carrió se enfrasque en la campaña porteña y no aliente una nacionalización de la campaña.

La intensidad de la discusión mediática es posible que baje, salvo imprevistos de casos que conmuevan la agenda periodística. La necesidad pasa ahora en todos los partidos por lograr el estado de equilibrio interno que se suele lograr con un para nada fácil armado de listas de candidatos.

En ese caso, la procesión irá por dentro. Pasada la fecha de presentación formal de listas, prevista para el 9 de mayo, el proselitismo recuperará terreno para mantener el voto cautivo y, sobre todo, la persuasión hacia los indecisos. (www.agencianova.com)

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