Obras en la Rosada por $ 7 millones

Obras en la Rosada por $ 7 millones
Refaccionaron el despacho presidencial
Todo quedó en tonos patrióticos, con los colores de la bandera argentina. Cristina Kirchner decidió renovar el despacho presidencial con su toque personal y, en el afán, cambió definitivamente el tradicional sillón que usaron los sucesivos jefes de Estado. Ya no está tapizado en pana roja; ahora es celeste.

Las reformas en el despacho presidencial son parte de los cambios generales que inició la mandataria en la Casa Rosada, en los que ya invirtieron 7 millones de pesos. Salones y ascensor nuevos, sala de conferencias refaccionada, pintura y pisos flamantes son parte de los arreglos que pretende tener terminados antes del 25 de mayo. Sólo en su oficina, ubicada en el primer piso, se gastaron 80.000 pesos, según informó el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, a LA NACION.

Como le gusta ponerle nombre a todo, Cristina Kirchner aprovechó los cambios en el despacho y lo bautizó. Ahora se llama "Hombres y Mujeres de Mayo". Los cortinados combinan colores crudos en telas brillantes con los sillones en tonos azules claros. Hay rosas blancas por donde se mire y huele a vainilla y limón.

La reforma del despacho presidencial es un clásico en varios presidentes. Carlos Menem lo recargó con colores oscuros y modificó la distribución general. Fernando de la Rúa volvió los muebles al lugar actual, donde los había dejado Raúl Alfonsín. Néstor Kirchner optó por obviarlo, pero Cristina le aportó lo suyo.

El personal de la Casa Rosada aprovechó el viaje de una semana de la Presidenta a la India, hace dos meses, para hacer el lavado de cara del lugar de trabajo de los presidentes. Los gastos de la refacción constan en la resolución 1306 de la secretaría general.

Nada escapó a la decisión de la jefa del Estado, que mandó a recuperar y colocar en su despacho antiguos cuadros de sus próceres preferidos, entre ellos, José de San Martín, Manuel Belgrano, Mariano Moreno y Manuel Dorrego.

En la búsqueda histórica se recuperaron, además, antiguos sillones de madera que había adquirido Julio Argentino Roca, que estaban arrumbados en el subsuelo del palacio de gobierno. Fueron lustrados y retapizados en cuero color crudo para acompañar la clásica mesa de reuniones que está en el centro del despacho presidencial. Las antiguas sillas, similares a una butaca de avión, eran resistidas por la Presidenta. Toda una definición: decía que se parecían a sillones militares. Y por eso los cambió.

Además, la jefa del Estado retapizó las paredes con telas en color crema, para darles luminosidad y contraste con el celeste del sillón presidencial. Orgullosa de su nuevo lugar de trabajo, Cristina permitió desde hace tres semanas que las habituales visitas guiadas que se hacen por la Casa Rosada, por donde pasa un promedio de 5000 personas por fin de semana, incluyeran también una parada en su despacho, ahora abierto al público.

Pero su oficina no fue lo único que estuvo en obra en Balcarce 50. Con la idea de llevarla a su estado original y darle, de paso, su propio gusto personal, Cristina Kirchner ya invirtió más de 7 millones de pesos en dejar la Casa Rosada a punto para los festejos del Bicentenario, según consta en las licitaciones que lanzó para cada obra.

La gran reforma que ya emprendió la jefa del Estado es la sala de conferencias, ubicada en el segundo piso de la Casa Rosada. En total, están presupuestados 5.398.892 pesos. Aunque, hay que decirlo, tiene poco uso en la actualidad por las escasas ruedas de prensa que dan los funcionarios oficiales, ésta será la mayor inversión.

Hasta allí llegará un nuevo ascensor para uso exclusivo de la Presidenta que unirá todos los pisos de la casa. Cristina ya tiene uno, como todos los mandatarios, construido en 1910 durante el mandato de Roque Sáenz Peña. Es de madera de cedro tallado y lustrado. Tiene tres espejos de cristal biselado que terminan en el escudo nacional.

En esa sala también habrá un lugar para que se ubiquen los canales de televisión y otro espacio para computadoras. Incluso, Cristina quiere cambiar el nombre que lleva la sala en recuerdo del fotógrafo asesinado José Luis Cabezas por el de Salón de los Escritores y Periodistas del Bicentenario.

Entre los cambios para dejar la Casa Rosada a punto ya comenzó la reforma del Patio de las Palmeras, ubicado en la planta baja. Parrilli debió mandar a hacer réplicas de las baldosas originales y cambiará las cloacas que estaban en mal estado. Para eso cuenta con un presupuesto de 717.049 pesos que debió licitar, junto con el resto de las obras. Hoy el patio está totalmente tapiado.

Como ya no temen bombardeos, otra de las reformas fue la eliminación de los bloques de cemento que se habían colocado sobre las dos lucernarias que dan a las escaleras Italia y Francia, que desembocan desde el área presidencial del primer piso al Salón de los Bustos, por donde ingresa la jefa del Estado. Eran viejas claraboyas en el techo que permitían la entrada de luz natural, pero habían sido tapadas tras los bombardeos de 1955 a Plaza de Mayo. Una de las lucernarias ya está terminada y la otra, en pleno proceso de restauración, para lo que se invirtieron unos 250.000 pesos entre obra y pintura.

Además, también está prevista la colocación de nuevos equipos de aire acondicionado y la pintura del Salón de los Bustos, que requerirá otros 640.000 pesos.

La Presidenta ya muestra con orgullo sus dos salones nuevos, inaugurados este año. Uno es su preferido, el Mujeres Argentinas del Bicentenario, de estilo minimalista y opuesto a toda la arquitectura clásica de la Casa Rosada. El otro es el Salón de los Científicos, más chico y solemne. Ambos costaron cerca de 600.000 pesos y fueron supervisados por la propia Presidenta, que solía salir de su despacho para recorrerlos en plena construcción.

Además, ya está en marcha una remodelación del Museo de la Rosada y la galería contigua, donde se expondrá al público el mural recuperado del artista mexicano David Siqueiros, llamado Ejercicio plástico , que está en pleno proceso de restauración.

Otras obras, más costosas aún, esperan fecha para concretarse. Entre ellas, la eliminación de una serie de oficinas construidas en durlock en medio de antiguos patios, hacia el sector de la sede gubernamental que da a la avenida Hipólito Yrigoyen, que modificaron la fisonomía de la Casa Rosada en las sucesivas administraciones y Cristina Kirchner quiere volver a su estado original.

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