Lo que el obispo le dijo a Sapag

Mientras el ambiente político argentino se conmocionó este jueves por una alusión directa del Papa a la pobreza en Argentina, en Neuquén, el lunes, el obispo Melani le había transmitido al gobernador Sapag dos preocupaciones centrales: una, la pobreza; la otra, el narcotráfico y su presencia inquietante en la sociedad neuquina.
La actitud de la Iglesia católica ante la pobreza en Argentina no debería sorprender, por dos razones básicas: porque es cierto, hay muchos más pobres que los que un país rico debería tolerar; y además porque ha sido una posición histórica de la Iglesia, preocuparse por quienes tienen poco y sufren mucho.

Más allá de lo que cada uno pueda opinar sobre la Iglesia, es indudable que cada tanto pone el dedo en la llaga de los habitualmente irresponsables gobiernos argentinos.

El tema, que pasó a ser noticia muy importante este jueves, porque hubo una comunicación del Papa, Benedicto XVI, directamente al foco del problema en nuestro país, no toma desprevenido a los representantes del Vaticano en Neuquén.

El obispo, Marcelo Melani, tocó precisamente esta cuestión -la pobreza- en su diálogo con el gobernador Jorge Sapag, el lunes pasado. Y le agregó una preocupación que es muy fuerte, tanto en Melani como en el equipo de la Pastoral Social, que lleva adelante un trabajo de mucha continuidad y muchos años en Neuquén, desde la época de Jaime De Nevares: esa preocupación es por el crecimiento de la presencia de drogas entre los jóvenes, consecuencia a su vez de la creciente importancia que tiene la capital neuquina para el narcotráfico.

Pobreza y drogas fueron los puntos centrales transmitidos como preocupación de la Iglesia por Melani a Sapag, según informó el propio obispo en el programa Sin Pelos, en RDV 90.7.

Si se toma en cuenta que hace unos días la policía "encontró" 12 kilos de cocaína en una vivienda del barrio San Lorenzo; y que apenas unas semanas atrás, también en el mismo barrio, se había "encontrado" otros 11 kilos de la misma sustancia, se tendrá una idea de la magnitud del problema: casi un millón de pesos en "merca" que circula (¿con qué frecuencia?) por un barrio donde los millones solamente se miran por la TV.

Por eso el obispo le transmitió el mensaje al Gobernador. No es un mensaje nuevo, pero el tema de la droga, en la preocupación del obispo y sus colaboradores, refleja un componente más del drama social que se ha comenzado a vivir ya hace tiempo, y que subsiste en medio de una extraordinaria ignorancia -o indiferencia- o tal vez alguna otra cosa, de parte de las autoridades.

Al obispo no le llama la atención que aparezcan cargamentos de droga en humildes viviendas. "Necesitan plata", dice. Los narcos pagan bien, y además la miseria es un buen escondite, como se ha podido verificar en otras grandes ciudades del mundo.

Melani, que ha pasado a la notoriedad nacional por una presunta maniobra del Vaticano para "anularlo" como obispo, a través de un coadjutor que le "intervenga" el obispado, no está preocupado por eso.

"Si el Vaticano envía un coadjutor, será bienvenido, como un hermano", dijo este jueves. Dijo también que "el obispado es grande" y que él mismo se desempeñó como coadjutor, en Viedma, de quien fuera el obispo de Río Negro, Esteban Hesayne.

Melani, que tiene 71 años y sabe que su jubilación está cercana, tiene razones más elementales que las políticas del Vaticano para preocuparse. Por ejemplo, la pobreza y la droga que hacen estragos en los humildes barrios de la capital neuquina.

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