Obama, tras los pasos de Mestre

El plan de rescate financiero de Estados Unidos le “copia” al saneamiento del Banco de Córdoba en los ’90. ¿La diferencia?, será 1.000 veces más costoso.
No sólo el general Perón parece inspirar al presidente de Estados Unidos; el plan de rescate del sistema financiero de ese país guarda ciertas similitudes con el plan que permitió sanear al Banco de Córdoba una década atrás. ¿Pura casualidad? No, en el mundo de las finanzas está casi todo inventado, salvo la vacuna para evitar la creación de burbujas.

Hace pocos días, la presidenta Cristina Fernández se atrevió a sugerir que Barack Obama obtuvo su inspiración leyendo a Perón. Bien, ¿por qué no también incluir a Ramón Mestre y a José Manuel de la Sota entre los inspiradores del flamante mandatario estadounidense? ¿Parece alocado? Desde luego que lo es, sin embargo, las soluciones a los pequeños y a los grandes problemas a veces guardan sorprendentes parecidos. Por ejemplo, el sistema de rescate a través de un fondo público-privado, conocido como “Bad bank” o “Banco malo” anunciado ayer por el gobierno de Estados Unidos sigue una receta similar al primer plan de saneamiento del Banco de Córdoba y el posterior intento de privatización, que fue abortado por la crisis de 2001.

Durante su administración, Ramón Mestre debió resolver la virtual situación de quebranto de los bancos de Córdoba y Social; obligado por el Banco Central, fusionó ambas entidades, despidió o transfirió más de mil empleados y finalmente conformó una nueva entidad, libre de las “deudas tóxicas” que en ese entonces habían hundido al Córdoba. Las mismas fueron a integrar un fondo fiduciario, el equivalente del “Bad bank”, que durante varios años intentó recuperar parte de lo perdido por las entidades financieras oficiales, primero a través de la gestión de Córdoba Bursátil, la sociedad de Bolsa de la Provincia, y posteriormente, a través de un proceso de privatización de esas deudas. Por su parte, el Córdoba se liberó de sus activos incobrables, pudo sanear su balance y comenzar a prestar de nuevo. Las cosas funcionaron relativamente bien.

Las auditorías de ese entonces revelaron que durante las administraciones del BPC y el Social, especialmente a comienzos de los ’90 y hasta fines del ’94, había habido, entre otras innumerables irregularidades, “una inadecuada ponderación del riesgo crediticio” e “incumplimiento de las disposiciones y regulaciones sobre la calificación del riesgo de los deudores”. Como se puede observar, son virtualmente las mismas razones que llevaron a la crisis financiera norteamericana: préstamos “a la marchanta”, sin garantías adecuadas y sin regulación. Entre 1995 y 1999, el BPC debió pasar a pérdidas más de 1.000 millones de pesos-dólares. El costo del paquete de rescate de los bancos de Estados Unidos será un poco más ambicioso: alrededor de un billón de dólares, es decir, 1.000 veces más costoso.

Pero con el Córdoba no todo quedó aquí; la recesión económica a partir del ’99 incrementó otra vez el porcentaje de deudores morosos y el ex gobernador De la Sota tuvo como idea crear una entidad libre del lastre de esas nuevas deudas, para hacerlo más atractivo a los posibles inversores. La debacle financiera de 2001 hizo que ese proceso quedara trunco.

Los inversores estadounidenses no recibieron con demasiada satisfacción el lanzamiento de este programa de rescate; entre el pánico y la desconfianza, todavía no recuerdan que durante los tumultuosos años ’80 debieron apelar a un mecanismo similar para evitar la quiebra de numerosas entidades financieras.

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