El día en que Obama se sacó los guantes

El mandatario les puso nombre a todos los que intentarán frenar su multimillonaria expansión del presupuesto: las aseguradoras médicas, los bancos, las financieras, y las industrias petrolera y gasífera. Dura respuesta republicana.
Barack Obama advirtió ayer que está listo para dar pelea contra quien sea. Sin titubear y clavándole los ojos a la cámara, el presidente estadounidense dejó escapar su lado más combativo. “No vine aquí a hacer lo mismo que se venía haciendo o a tomar pequeños pasos hacia adelante”, arrancó su discurso semanal. “Lo que estamos proponiendo es una amenaza al statu quo de Washington”, agregó. En un lenguaje muy llano y claro, como el que utilizó el martes pasado en el discurso del Estado de la Unión, les puso nombre a todos los que intentarán frenar su multimillonaria expansión del presupuesto. “A la industria de aseguradoras médicas no le gustará nuestra idea, a los bancos y las financieras que otorgan los préstamos estudiantiles no les gustará nuestra idea, y a las empresas petroleras y de gas no les gustará nuestra idea.”

El mandatario recordó que aumentará los impuestos a todas las empresas y familias que ganen más de 250 mil dólares al año y, con ese dinero, financiará profundas reformas e inversiones en el sistema de salud, educación y en el desarrollo de energía alternativas. Una vez más Obama defendió el paquete de 3600 millones de dólares que aprobó el Congreso de mayoría demócrata hace apenas unas semanas. “Vinimos a traer el cambio profundo que este país demandaba cuando se votó en noviembre pasado. Ese es el cambio que produciremos con el nuevo presupuesto y ese es el cambio por el que lucharé las próximas semanas”, aseguró el mandatario.

Pero la lucha no se hará esperar mucho. Ayer algunas de las figuras más importantes del Partido Republicano salieron a anunciar el principio de la batalla. “La era del estatismo (big goverment) está de vuelta”, sentenció el líder de la oposición en la Cámara de Representantes, John Boehner, parafraseando a Bill Clinton cuando asumió en 1993 y prometió que la era del estatismo había terminado.

Mitt Romney, uno de los candidatos en las últimas primarias republicanas, llamó a los republicanos en un discurso a ponerse en pie de guerra para evitar seguir los pasos de los estados sociales europeos. “Me temo que sé a dónde nos quieren llevar los liberales demócratas –dijo, y algunas sonrisas se encendieron en el auditorio lleno de conservadores–. Nos están empujando en dirección a las economías europeas Estadocentristas. Tendremos que pelear como nunca antes para garantizar que Estados Unidos siga siendo Estados Unidos.”

Ayer el diario The New York Times advertía que el plan de Obama no sólo chocaría con la oposición de los republicanos y las grandes industrias oligopólicas, sino también con algunos de sus aliados demócratas. El anuncio del mandatario de que recortaría parte de los subsidios agrícolas incomodó a más de uno de los estados rurales y, en consecuencia, a sus congresistas y senadores en el Capitolio. El senador Byron Dorgan, un fiel demócrata de Dakota del Norte, ya adelantó que apoyará todas las políticas del mandatario, excepto cualquier recorte a los subsidios agrícolas. Lo mismo hizo su colega Kent Conrad, quien además es el presidente del Comité de Presupuesto, un funcionario con el que la Casa Blanca deberá llevarse bien en los próximos años.

Pero a pesar de las alarmas que quieren encender los republicanos y los sectores más conservadores, lo cierto es que la expansión del presupuesto es una de la iniciativas del nuevo gobierno que más aceptación ganó entre los demócratas. Diferente fue el anuncio del viernes pasado sobre la retirada de las tropas de Irak para el año que viene. Obama cumplió su palabra y ordenó el repliegue, pero según los líderes de su partido en el Congreso la retirada es demasiado lenta y deja atrás a demasiados soldados. “No veo justificación para que haya 50 mil militares en Irak”, criticó en televisión la presidenta de la Cámara de Diputados, Nancy Pelosi. Al igual que su colega en el Senado, Harry Reid, propusieron dejar entre 15 y 20 mil soldados en el país del golfo Pérsico. Según el plan de la Casa Blanca, en agosto de 2010 cerca de 50 mil tropas quedarán en el país para asesorar a los iraquíes y proteger los intereses norteamericanos en el terreno.

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