A Obama rogando y con Moreno dando

El Gobierno nacional decidió politizar hasta la sequía y volvió a tensar la cuerda con un campo cada vez más levantisco. Falsas expectativas sobre la "era Obama"

No se sabe si a Guillermo Moreno, quien alguna vez prometió lluvia de gasoil, Néstor Kirchner le encomendó la misión de hacer llover.

Si es que el ex presidente se lo pidió, la mora del secretario de Comercio Interior –que tras domar los índices de inflación está ahora ocupado en organizar al menos 5 mega-corrales para engordar 200.000 terneros overos- está estirando al límite de la ruindad la de por sí escasa disposición oficial a declarar la emergencia agropecuaria a nivel nacional. O, cuanto menos, a homologar en tiempo y forma las que declaran las provincias.

La propia presidenta Cristina Fernández, antes de viajar a Cuba y Venezuela, le pidió al gobernador bonaerense, Daniel Scioli, que pisara la declaración de emergencia de su provincia, paso previo al pedido de que la Nación homologue la medida y disponga la prórroga del Impuesto a las Ganancias y de las deudas bancarias de los productores afectados.

Sequía y ánimo

Ante la persistencia de la sequía y el ánimo levantisco del campo, mal disimulado en la carta que la Comisión de Enlace le envió a Cristina y manifiesto en la "rebelión fiscal" que propicia la Federación Agraria de Córdoba, Agricultura indicó el jueves que la Comisión de Emergencia Agropecuaria (CEA), que a nivel nacional funciona en esa secretaría, se reunirá el martes 27, para tratar pedidos de emergencia o desastre de cinco provincias: Entre Ríos, Chaco, Santiago del Estero, Chubut San Juan y Corrientes.

En rigor, la CEA se reúne todos los últimos martes de cada mes. Pero desde mediados de 2008 su trabajo se trancó. Nada menos que 18 expedientes en los que la Comisión (a la que asisten enviados provinciales, del INTA, del Servicio Meteorológico Nacional, del Banco Central y del Nación y de las entidades del agro) propone declarar emergencias o desastres en 15 provincias, se fueron apilando en los escritorios del ministro de Economía, Carlos Fernández, y de Interior, Florencio Randazzo. Ninguna resolución autorizando esas emergencias vio aún la luz.

Vengativo e incipiente

Ánimo vengativo e incipiente escasez fiscal se mezclan en la mora. Lo prueban el período en que los ministros dejaron de firmar, decisiones como un brutal tarifazo eléctrico destinado en exclusiva a las arcas del Tesoro y el hecho de que, aunque 2008 cerró con un superávit fiscal de más de 30.000 millones de pesos, en diciembre el saldo dio negativo.

La politización de un desastre nacional expresa una cultura política propensa a la división entre buenos y malos, réprobos y elegidos. Un clima de confrontación y sospecha que envuelve hasta el incendio en una Sociedad Rural –la de Morteros, en Córdoba-, por la que horas antes habían pasado Moreno y sus planes, sin siquiera informar a los gobernadores, a los que Cristina había prometido dar lugar en la elaboración de respuestas a una crisis que pega cada vez más fuerte.

Grietas

El gobierno, mientras, busca disimular sus grietas. La más obvia es el ánimo componedor de Sergio Massa, partidario de arreglar con el campo, negociando incluso el nivel de retenciones. Massa juega sus cartas al límite de la paciencia oficialista, a sabiendas de que el Gobierno no puede echar dos jefes de Gabinete en menos de seis meses.

De cara a las elecciones de octubre, y a falta de atractivos propios, el juego kirchnerista es complicar a los rivales, distrito por distrito. El "factor Reutemann" sirve en Santa Fe.

Las llamativamente rápidas y seguras acusaciones de Randazzo tras el incendio en Morteros, más el acto que Kirchner y los radicales kirchneristas preparan en la provincia, en coincidencia con una visita corta-cintas de Cristina, son granitos de arena en Córdoba. La denuncia penal del gobierno provincial contra Julio Cobos huele parecido en Mendoza.

En suma, una estrategia comparable a la que George W. Bush aplicó luego del 11-S. Ante una tragedia nacional, el llamado a la "unidad" en la "guerra al terrorismo" le sirvió para demonizar a sus adversarios y premiar a sus acólitos, hasta a los más incompetentes.

La era Obama

La coincidencia de la visita presidencial a Cuba y Venezuela, mientras el nuevo mandatario norteamericano asumía en Washington, poco cuenta al respecto, a pesar del pedido público de Cristina de que Estados Unidos ponga fin al embargo comercial de la isla, pedido que suscriben todos los presidentes de la región.

Lo que a la larga pesará son los intereses y la firmeza de las políticas de uno y otro gobierno.

Y allí la caricatura oficial puede chocar con la realidad. Es ilusorio pensar que a Obama le interese el nulo peso internacional del gobierno argentino. No porque la Argentina sea un país relativamente pequeño en el concierto mundial, sino porque la pareja gobernante usa al mundo como montaje útil para la interna.

Cristina con Fidel

La foto de Cristina con Fidel, no sumará ni restará nada decisivo. Lo que contará son específicas cuestiones bilaterales. Es probable que el nuevo gobierno norteamericano sea con los Kirchner menos paciente que Bush respecto del trato a las empresas y los acreedores norteamericanos.

No por casualidad, dos representantes (diputados) demócratas, ambos afroamericanos, como Obama, presentaron en septiembre un proyecto que instruye a la Casa Blanca a tomar represalias contra los países que demoren más de seis meses en cumplir sentencias de la Justicia de EE.UU. por más de un millón de dólares.

Si la expectativa de abrazarse con Obama (que, a diferencia de Bush, no pianta, sino suma votos, al menos por ahora) no es satisfecha, a los Kirchner les quedarán los amigos regionales, como Chávez, a quien Cristina volvió a agradecer su ayuda crediticia, pese a que fue la exorbitante tasa de una venta de bonos a Caracas la que inició en 2008 una formidable escalada del riesgo-país, o como Fidel, que hace 15 años de los 50 que lleva como Jefe de Cuba, no deja salir de la isla a la neurocirujana y ex diputada Hilda Molina, para que visite a sus nietos en la Argentina (Molina se ganó el odio de la nomenclatura castrista cuando rechazó la idea de ésta de que el Instituto que había creado atendiera exclusivamente extranjeros, para arrimar más dólares a "la Revolución"), o como Evo Morales, que el viernes nacionalizó una petrolera de capitales británicos y argentinos, amigos del poder local.

El mandatario boliviano tiene, cuanto menos, la virtud de la coherencia, ésa mercadería que tanto escasea en la Argentina kirchnerista.

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