Obama: reactivar la economía llevará años

WASHINGTON. Como es costumbre desde que fue elegido el primer presidente negro de Estados Unidos, Barack Obama volvió a tener un amanecer amargo.
La economía lo despertó con la noticia de que unos 240.000 norteamericanos habían perdido sus trabajos en octubre y que el desempleo había llegado al 6,5%, el punto más alto en los últimos 14 años.

Una advertencia, una promesa y una demanda lanzó, entonces, el senador demócrata, en su primera conferencia de prensa desde que, el martes último, logró una victoria apabullante sobre su rival republicano, John McCain.

La advertencia fue para todo Estados Unidos. En tono sereno pero sombrío, el presidente electo alertó a los norteamericanos sobre que reanimar su economía llevará años.

"No será ni fácil ni rápido salir del agujero en el que nos hemos metido", dijo Obama.

La demanda fue para el gobierno de George W. Bush y para el Congreso. Obama instó a ambos a poner en marcha, "más temprano que tarde", un millonario "paquete de estímulo económico". Si no lo aprueban, lo hará él apenas asuma, el 20 de enero próximo.

La promesa fue para la clase media. Dijo que la "rescatará" del mundo de incertidumbre y golpes en el que la sumió la crisis financiera. Y, sin perder el tono optimista, agregó que "un nuevo presidente puede tener un impacto enorme" en una eventual recuperación.

El senador demócrata estuvo rodeado por su compañero de fórmula, Joe Biden; su flamante jefe de gabinete, Rahm Emanuel, y por su consejo de asesores económicos en la abarrotada sala de un lujoso hotel de Chicago.

En pocos minutos, Obama pasó de hablar del plan nuclear de Irán a hacer comentarios sobre el perro que comprará para sus hijas cuando la familia llegue a la Casa Blanca. Pero dijo que su desvelo, su prioridad, es y será la economía. "No hay que subestimar la enormidad de la tarea que nos espera. La crisis es el mayor desafío de nuestra vida", dijo

Sin descanso desde que es mandatario electo, Obama vivió los últimos tres días con el ritmo propio de un presidente en funciones. Hizo designaciones para su gabinete; recibió el resumen presidencial de inteligencia; conversó con decenas de líderes mundiales y delineó los ejes de sus primeras acciones de gobierno. Sin embargo, Obama advirtió ayer que el presidente todavía es Bush. "Estados Unidos sólo tiene un gobierno a la vez", dijo.

La advertencia dio paso al reclamo. Y el futuro presidente instó a su predecesor inmediato y al Congreso a que aprobaran el paquete de estímulo que hace recordar al New Deal de Franklin D. Roosevelt y que uno y otro discuten en este momento. El plan de 100.000 millones de dólares acompañaría al salvataje financiero para los bancos. E incluye créditos para el consumo, mayores beneficios para los desempleados, préstamos a los estados para cubrir los crecientes gastos de ayuda médica para los más pobres, un recorte de impuestos y más obra pública. Este punto es el que divide a un Capitolio de mayoría demócrata y al saliente gobierno republicano.

La aprobación del plan antes de su asunción daría a Obama más armas para combatir la inminente recesión. Si el paquete no es aceptado antes, el futuro presidente deberá dedicar sus primeras semanas a presionar por el plan de estímulo. Ayer, prometió -como lo hizo en la campaña- que trabajará con demócratas y republicanos para aprobarlo y "salvar a la clase media".

Más ayuda

"Necesitamos un plan de rescate, crear empleos, más ayuda a las familias de sueldos más bajos y ampliar los subsidios de desempleo para los que no consiguen trabajo", dijo.

Desde que comenzaron, la crisis inmobiliaria y la financiera no dieron respiro a los más de 180 millones de norteamericanos de clase media que ganan entre 30.000 y 100.000 dólares.

El crédito y el consumo se retrajeron, millones de casas fueron rematadas y los costos de la salud y la educación universitaria suben y suben.

Para esa clase media y el resto de los votantes norteamericanos, el futuro de su economía es la obsesión, según las encuestas del martes a boca de urna.

Emblemática de Estados Unidos y motor de esa clase media es la industria automotriz, que comenzó a expulsar trabajadores en los últimos meses. "Es la columna vertebral de la manufactura norteamericana. Me gustaría ver que el gobierno hace todo lo posible para ayudarlo", dijo Obama.

En un encuentro con sus asesores económicos antes de la conferencia, Obama se limitó a escuchar, según contó Antonio Villaraigosa, alcalde de Los Angeles y miembro del consejo. Verdadero listado de luminarias económicas, el grupo incluye al presidente de Google; ejecutivos de Xerox y de la cadena de hoteles Hyatt; y a dos posibles secretarios del Tesoro, Lawrence Summers y Paul Volcker, entre otros. Obama evitó ayer decir quién será el sucesor de Henry Paulson, un anuncio que tiene impacientes a los mercados. La prensa local apuntaba ayer a Summers, ex secretario del Tesoro de Bill Clinton. Sin embargo, la campaña demócrata estaría dividida respecto de su selección.

Ni el senador ni su campaña harán más anuncios sobre el futuro gabinete. Hoy y mañana Obama descansará, con su familia, en su casa de Hyde Park. Probablemente necesite ese respiro. Tiene por delante 72 días de transición, cuatro años de mandato y el desafío de sacar a Estados Unidos de su peor crisis en casi 80 años.

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