Obama ratificó la reforma migratoria.

Apunta a regularizar a 12 millones de ilegales.
En un guiño a la comunidad hispana con el que renovó un compromiso asumido en su campaña electoral, el presidente norteamericano, Barack Obama, se comprometió ayer a impulsar una reforma migratoria que permita regularizar a 12 millones de indocumentados en Estados Unidos, de los cuales ocho millones son mexicanos.

"Estoy comprometido a aprobar una amplia reforma migratoria como presidente de Estados Unidos", dijo Obama, en un encuentro hispano de oración en la capital estadounidense, en el que también señaló que vislumbra la llegada a la Casa Blanca "algún día" de un presidente hispano.

Sus declaraciones retoman una promesa que había realizado durante su campaña electoral, el año pasado: entonces dijo que emprendería la reforma en sus primeros 100 días de gobierno. Pero los problemas económicos y las guerras en Afganistán e Irak evitaron que pudiera cumplir, lo que suscitó cierto malestar en la comunidad hispana y en la prensa norteamericana.

"El pueblo estadounidense cree en la inmigración, pero también cree que no podemos tolerar una situación en la cual la gente viene a los Estados Unidos violando la ley, ni podemos tolerar tampoco a empleadores que explotan a trabajadores indocumentados para pagarles bajos salarios", agregó Obama, pero no precisó cuándo la ansiada reforma será realidad.

El mandatario, sin embargo, ratificó que tiene que haber una oportunidad para que los indocumentados se transformen en ciudadanos norteamericanos. Agregó: "A quienes desean ser ciudadanos, debemos pedirles que paguen una multa e impuestos, aprendan inglés, se pongan en la cola de los que acatan las leyes".

No se trata de una tarea fácil: un intento promovido por el ex presidente George W. Bush, en 2006, fracasó en el Congreso, como ocurrió también al año siguiente cuando la idea fue resucitada.

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