Obama ya puso un pie en la Casa Blanca

WASHINGTON. Fue la primera reunión en el Salón Oval entre el presidente electo que ilusiona al mundo con una nueva era política y el mandatario más impopular de la historia de los Estados Unidos.
Apenas seis días después de alcanzar una victoria electoral aplastante, Barack Obama, acompañado por su mujer, Michelle, visitó ayer a George W. Bush en la Casa Blanca. Juntos inauguraron así la transición más desafiante en 80 años.

El 20 de enero, el senador demócrata regresará a la Casa Blanca, construida hace más de 200 años por esclavos, como el primer presidente negro del país.

Durante la campaña, Obama reprochó a su rival republicano, John McCain, su cercanía con los "fracasos" de Bush. El senador se presentó entonces como el candidato renovador, progresista y abierto a la diplomacia, en contraposición con el neoconservadurismo y militarismo del actual mandatario.

Ayer, sin embargo, presidente saliente y entrante dejaron las acusaciones de lado y mantuvieron una reunión "constructiva, distendida y amistosa", según informó la vocera de la Casa Blanca, Dana Perino. En la misma línea, Stephanie Cutter, del equipo de transición de Obama, dijo que el encuentro había sido "muy, muy caluroso".

A solas, Bush y su sucesor conversaron durante una hora en el Salón Oval sobre los actuales desvelos de la presidencia: la peor crisis financiera en décadas, la inminente recesión y las guerras de Irak y de Afganistán.

Perino había adelantado por la mañana que el contenido de la charla permanecería en privado. Sin embargo, anticipó que el jefe de Estado transmitiría a Obama lo que se ha convertido en su obsesión desde el 11 de Septiembre: el temor a un atentado terrorista.

"Sí sé de una cosa que el presidente va a querer hablar y es que la transición es crítica, primero, por la economía y, segundo, por la amenaza de un atentado. Hemos visto en otros países que, durante el período de traspaso del poder, el país es muy vulnerable", había dicho Perino.

La transición, de hecho, puede ser crítica tanto para Obama como para Bush. Por eso, ambos se han empeñado, en los últimos días, en insistir en que la cooperación entre uno y otro será total.

El senador demócrata y su equipo, condicionados por el peso de sus numerosas promesas de campaña, necesitan el mayor acceso posible al actual gobierno para armar y poner en marcha un plan que les permita reanimar la economía en los primeros meses de su presidencia.

Buscan, además, evitar los errores de las dos últimas transiciones presidenciales, complicada una por la inexperiencia de Bill Clinton y apurada la otra por la demorada victoria de Bush en Florida.

El actual presidente, por su parte, podría encontrar en el traspaso una fuente de popularidad.

La disposición del mandatario a colaborar sin condiciones con Obama es elogiada por críticos y seguidores por igual. Y podría restar algunos puntos a su tasa de desaprobación, que según señaló ayer un sondeo de CNN, es de 76%, la más alta jamás registrada por un presidente.

Mientras Bush conducía a Obama al Salón Oval, Laura se convertía en guía de Michelle.

Preocupada por la educación de sus dos hijas, la futura primera dama había visitado, durante la mañana, varias escuelas de Washington. Y, por la tarde, recorrió la residencia presidencial, con una sola inquietud: cómo se cría a dos niñas en uno de los lugares más custodiados y observados del mundo.

La de ayer fue la primera visita de Obama a la que, en los próximos cuatro años, será la oficina desde la que intentará sacar a Estados Unidos de uno de sus momentos más angustiantes. No fue, sin embargo, su primera vez en la Casa Blanca.

El presidente electo participó, allí, de una cumbre de emergencia para apoyar el plan de salvataje financiero, en septiembre. Y, en 2005, había sido convocado por Bush a una conferencia con otros senadores novatos.

En su libro La a udacia de la esperanza, Obama describió ese encuentro como "raro".

Por un lado, Bush le dijo, en privado, que tenía "un futuro brillante" y que debía cuidarse de los ataques. Por el otro, luego de saludar al senador, el mandatario se limpió las manos con gel antiséptico y lo invitó a que hiciera lo mismo.

El plan de Obama

El encuentro de ayer fue el inicio simbólico de la primera transición en tiempos de guerra desde 1968. Sin embargo, el equipo demócrata ya trabaja contra reloj, desde el miércoles pasado, para preparar la llegada al poder del primer presidente negro de Estados Unidos, el 20 de enero.

En los próximos 69 días, el senador demócrata deberá encontrar postulantes para 4000 cargos oficiales. Y, sobre todo, dar los toques finales al ambicioso plan con el que busca cumplir con sus promesas de cambio, resolver dos largas guerras y reanimar la economía y el optimismo de los norteamericanos.

Parte de ese proyecto es usar decretos presidenciales para deshacer, precisamente, algunos pilares del legado de Bush, como los límites a la investigación con células madre.

La otra parte será, al menos en los primeros meses, lanzar un plan de estímulo y recortar los impuestos para la clase media para dar batalla a la peor crisis económica desde la Gran Depresión.

La reunión de Bush y Obama fue seguida por cientos de personas desde afuera de la Casa Blanca. Allí, en los alrededores de la residencia presidencial y del Capitolio, ya comenzaron los trabajos para el traspaso del mando.

Casi con la misma euforia con que saludaron la victoria de Obama el martes pasado, cientos de miles de norteamericanos planean viajar a la capital el 20 de enero.

Los hoteles y líneas aéreas ya anunciaron que sus habitaciones y pasajes a Washington, respectivamente, se agotarán a más tardar la semana próxima, un récord comparado con otras asunciones.

El gobierno sólo repartirá 250.000 entradas para la gran fiesta. Sin embargo, las autoridades esperan que alrededor de un millón y medio de personas pueblen el centro de Washington para participar de la asunción del primer presidente negro de Estados Unidos.

POPULARIDAD

WASHINGTOn (ANSA).- La aceptación y el rechazo que despiertan Barack Obama y George W. Bush, respectivamente, volvieron a quedar reflejados en el último sondeo de la cadena CNN, que reveló que mientras que el presidente electo es respaldado por el 76% de los estadounidenses, Bush sólo cuenta con un apoyo del 27%, la popularidad más baja cosechada por un presidente en EE.UU.

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