Obama prohíbe la tortura y las cárceles secretas de la CIA

Dio un plazo de un año para cerrar la prisión de Guantánamo; ratificó la Convención de Ginebra
NUEVA YORK. En un fuerte mensaje hacia la comunidad internacional, el nuevo presidente norteamericano, Barack Obama, comenzó a desmantelar los elementos más controvertidos de la estructura de seguridad que había construido su antecesor en la Casa Blanca, George W. Bush.

Ordenó el cierre del centro de detención en Guantánamo, el levantamiento de las prisiones secretas que la CIA tiene en el exterior, la revisión de los juicios militares por crímenes de guerra y la prohibición de los interrogatorios bajo tortura.

"Puedo decir sin excepción ni miedo a equivocarme que Estados Unidos no tortura", afirmó ayer Obama.

Además, dispuesto a lavar la imagen mundial del país, designó a dos veteranos y respetados diplomáticos, George Mitchell y Richard Holbrooke, enviados especiales para Medio Oriente, y Afganistán y Paquistán, respectivamente.

"Las órdenes que firmé hoy deben enviar la inequívoca señal de que nuestras acciones en defensa de la libertad serán tan justas como nuestra causa, y que nosotros, el pueblo, garantizaremos nuestros valores fundamentales de la misma manera, vigilantes, como protegemos nuestra seguridad. Una vez más el ejemplo moral debe ser la piedra fundamental y el faro de nuestro liderazgo global", agregó.

El eje de su enfoque será el cierre definitivo, a más tardar dentro de un año, del centro de detención de sospechosos de terrorismo en la base naval de Guantánamo. La polémica prisión se convirtió en un símbolo negativo de la avasallante política de seguridad que Bush puso en marcha tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, que con el pretexto de librar una lucha sin cuartel contra el terrorismo violó las reglas del derecho internacional e hizo caso omiso de ellas, como la Convención de Ginebra sobre el trato humanitario de prisioneros, y trasgredió derechos civiles básicos dentro de Estados Unidos.

La nueva administración ya había suspendido anteayer, por 120 días, los 21 juicios a algunos de los 245 extranjeros detenidos allí, para revisar sus expedientes y el sistema de tribunales de excepción. La gran mayoría de ellos nunca fueron acusados formalmente de ningún crimen y tampoco recibieron la asistencia legal adecuada, por estar en una suerte de limbo jurisdiccional.

"La herencia de nuestro joven siglo demanda una nueva era de liderazgo estadounidense. Debemos reconocer que el poder de Estados Unidos no viene de la fuerza de sus armas o del nivel de sus riquezas, sino de nuestros perdurables valores. Y por el bien de nuestra seguridad y las aspiraciones comunes de la gente alrededor del mundo, esta era tiene que comenzar hoy", señaló Obama al explicar sus medidas, firmadas delante de un grupo de militares retirados que lo han estado asesorando.

De todas maneras, el cierre de la infame prisión de "Gitmo", como se conoce popularmente a la base militar estadounidense en Cuba, sólo llegará luego de que un panel especial a nivel ministerial haga sus recomendaciones sobre dónde deben ser detenidos los futuros sospechosos de terrorismo, cómo puede Washington asegurarse de que los prisioneros trasladados a otros países no serán torturados, y si los tipos de interrogatorios que se utilizarán en Estados Unidos serán secretos para prevenir que organizaciones terroristas como Al-Qaeda entrenen a sus terroristas para resistirlos.

En este sentido, otra de las órdenes ejecutivas rubricadas ayer obliga a todo el personal de las fuerzas de seguridad a seguir las instrucciones del Manual de Campo del Ejército sobre técnicas para el interrogatorio de detenidos. Este prohíbe explícitamente el uso de amenazas, coerción, abuso físico y el método conocido como "el submarino", que consiste en sumergir y simular ahogar al sospechoso en un recipiente con agua.

El mandatario también ordenó el cierre de todos los centros de detención clandestinos utilizados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en el exterior. "Estamos decididos a ganar esta lucha contra el terrorismo y la vamos a ganar en nuestros propios términos -resaltó-. Lo haremos efectivamente y de una manera que sea consistente con nuestros valores e ideales."

La rápida acción del mandatario en este terreno, por el que Bush había recibido tantas críticas, fue aplaudida con entusiasmo por otros países y por grupos defensores de los derechos humanos. La Unión Europea y Suiza ya han señalado que están dispuestos a colaborar en recibir a los sospechosos de terrorismo.

"Damos la bienvenida a esta importante medida y esperamos que marque el compromiso de poner a los derechos humanos en el corazón de la nueva administración", declaró el director de Amnesty International, Larry Cox, quien de todas formas advirtió que aún quedan muchas preguntas abiertas sobre el destino de los detenidos.

Por su parte, el relator especial sobre tortura de las Naciones Unidas, Manfred Nowak, también respaldó la nueva dirección de Washington, pero aclaró que los detenidos en Guantánamo o los sospechosos de terrorismo que fueron torturados en otros centros clandestinos deberían tener la posibilidad de demandar al Estado estadounidense.

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