Obama da los primeros pasos hacia la reforma inmigratoria

El presidente estadounidense, Barack Obama, abrió con líderes del Congreso el debate sobre una reforma migratoria, una de sus promesas para la comunidad hispana, pero sin dejar de poner el acento en la seguridad fronteriza.
Tras una hora de reunión con demócratas y republicanos, Obama aseguró que "el consenso es que a pesar de la incapacidad de aprobar esto en los últimos años, el pueblo estadounidense aún quiere ver una solución" al hecho de tener 12 millones de

indocumentados viviendo en las sombras.

Esa solución, dijo el presidente, pasa por "reforzar nuestras fronteras, castigar a los empresarios que utilizan trabajadores para rebajar los salarios y (...) reconocer y legalizar el estatuto" de esos ilegales.

Obama encargó a su secretaria de Seguridad Interna, Janet Napolitano, que forme un grupo de trabajo con los miembros del Congreso para "revisar metódicamente" todos los temas controvertidos y hallar una propuesta consensuada.

El presidente, con varios frentes legislativos abiertos en el Congreso, no dio ninguna indicación de cuándo podría salir una propuesta.

Una treintena de congresistas acudieron a la reunión en la Casa Blanca, el método más utilizado por el momento por Obama para buscar consenso en temas controvertidos. Entre ellos estaba el senador republicano John McCain, perdedor de las pasadas elecciones presidenciales.

"Tenemos que asegurar nuestra frontera de la violencia que desborda de México", dijo McCain, senador por Arizona, como una de las condiciones para avanzar en el debate.

Otra de las figuras republicanas y miembro del subcomité de Migración, John Cornyn (Texas), abandonó la reunión antes de que concluyera, constató la AFP.

"Creo que el pueblo estadounidense está listo, pero va a hacer falta una buena dosis de presión", advirtió Obama ante la prensa.

"Una de las cosas que se han dicho en esta mesa es que el pueblo estadounidense aún no está convencido de que el Congreso y el gobierno se tomen en serio la seguridad en la frontera", añadió.

Las encuestas señalan que los estadounidenses son favorables a una reforma migratoria, pero se muestran desconfiados ante una amnistía para los indocumentados sin más.

La seguridad, por otro lado, se ha vuelto una preocupación abrumadora en la frontera con México.

Los demócratas hispanos presentes en la reunión salieron satisfechos.

"Cuando alguien toma el liderazgo, sobre una cosa tan importante, hay que aplaudirle, uno no puede salir de aquí negativo", expresó el representante Luis Gutiérrez, una de las voces más activas en pro de la reforma.

De los 12 millones de indocumentados, los expertos calculan que dos tercios son hispanos.

La reforma migratoria sufrió dos fracasos consecutivos en menos de tres años (2006 y 2007), a pesar del apoyo del entonces presidente George W. Bush.

Los hispanos demostraron en las pasadas elecciones ser una fuerza decisiva, pero en su contra tienen ahora la peor recesión que haya vivido Estados Unidos en décadas.

Obama ya se ha pronunciado sobre ciertos aspectos de una reforma integral: que los indocumentados paguen una multa y que aprendan inglés antes de pedir la legalización, si es necesario volviendo a su país.

Mientras tanto, el presidente anunció que el Buró Federal de Investigaciones (FBI) ha avanzado en la revisión del estatus migratorio de muchos solicitantes de legalización.

Y por otro lado, aseguró que la agencia de inmigración y naturalización presentará en 90 días un nuevo portal internet para acelerar sus servicios.

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