Obama, el poder y los valores

Por Eduardo Amadeo Ex embajador argentino en Washington.

El discurso inaugural de Obama recuperó y potenció el mensaje que le llevó a la Presidencia: la política debe basarse en valores. Con esa idea derrotó a una Hillary demasiado pegada al aparato partidario, y a un Bush que representaba al ‘Washington aislado del país’, como el mismo Obama lo calificase.

Cada párrafo de su discurso propone un nuevo camino: diálogo y comprensión en lugar de militarismo; encuentro de culturas en lugar de ‘choque de civilizaciones’; distribución, sensibilidad y compromiso frente a la pobreza, en lugar de derrame y docencia; sentido del mercado y del Estado en lugar de idolatría y rechazo; apertura mental (curiosidad) en lugar de omnipotencia intelectual .Y como ejemplo de una sociedad que puede rehacerse y por eso eligió un Presidente de color cuando hace solo 45 años los negros no podían votar, este tipo de propuestas entusiasmó hasta las lágrimas a millones de americanos desencantados de la política. Pero ahora comenzará la realidad y Obama deberá contestar a la gran pregunta: ¿se puede gobernar con valores? Bush y Bin Laden dirían que si, que los valores sirven para gobernar porque generan la fuerza necesaria para derrotar al enemigo. O sea que, como otros fundamentalistas de los que esta llena la historia, tomaron de los valores lo peor: su carácter de línea divisoria entre ustedes (pecadores, comunistas) y nosotros (fieles, capitalistas) y los enarbolan para matarlos, sin diálogo posible. Pero en una sociedad abierta, comunicada y curiosa , esos fundamentalismos pierden energía. Es tal vez por eso que Bush nos ha dejado un mundo mas desordenado y un Estados Unidos mas débil. Hace 200 años, el genial Talleyrand le anticipó a Napoleón lo que sucedería en la invasión a España cuando frente a un plan puramente militar, que no incluía nada de política, le espetó la famosa frase ‘Sire, las bayonetas sirven para cualquier cosa, menos para sentarse sobre ellas’, que Bush debería haber conocido antes de la invasión a Irán. Pero tampoco hay que ser ingenuo y suponer que todo el sistema de poder mundial y local con el que deberá negociar Obama, ha de rendirse a los pies de su propuesta ética. Chavez ya se dio cuenta que no le conviene un Obama ‘bueno’, y si no fuese por el derrumbe del petróleo, seguiría con su delirante proyecto bolivariano de las Américas. Veremos también como reaccionan las demás potencias en cuanto el exceso de emisión de dólares comience a debilitarlo; o cual será la próxima movida de un Putin con vocación imperial. El sistema político norteamericano aplaudirá en la superficie pero generará todas las presiones imaginables en cuestiones tan diversas como la distribución de los beneficios del paquete de rescate de la economía, el nuevo esquema impositivo, los costos de reducir el calentamiento global , la reforma del sistema de salud y por supuesto las relaciones comerciales con el resto del mundo. No será fácil pasar de los lobbyes a los valores.

Pero en el fondo, se trata de un juego de fuerzas, y ganará quien genere las alianzas mas resistentes y trascendentes en el frente nacional e internacional. Si frena el aumento del desempleo y reforma la salud , Obama tendrá la mitad del camino asegurado en su país . En el mundo, tiene una carta escondida: a diferencia de Bush, su discurso y su imagen son populares. Se ha conectado con las mayorías, tiene aliados en la gente y por tanto los sistemas políticos no deben enfrentársele para ganar votos. Mas aun, como sucedió con Kennedy , puede proponer nuevos paradigmas políticos que se incorporen en los discursos y las acciones y le ayuden a generar diálogos que reduzcan resistencias y permitan acuerdos. Esta es la esencia del soft power y por ello el cierre de Guantánamo no podría ser un mejor inicio. Y la Argentina?? La Argentina podría entrar en la ‘alianza de los valores (buenos)’, que seguramente propondrá Obama en sus futuras intervenciones, y en la que habrá muchos campos para trabajar con espíritu de refundación. Pero deberá entender que tiene que empezar de nuevo. Que suponer que Obama es el anti-Bush nos hará merecedores de un premio por haber maltratado a Bush, es una ingenuidad. El sufrido pero brillante Tom Shannon bien lo sabe y le dirá en su informe a Hillary Clinton: el problema con los K no es la ideología, sino la incertidumbre.

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