Obama pidió a Africa luchar por la democracia y la transparencia

Dijo que el desarrollo se basa en buenos gobiernos y que con corrupción, no llegará.
No se olvidó de la pobreza ni de la corrupción que mata y empobrece al continente, pero ayer el primer presidente negro de EE.UU., Barack Obama, pisó la tierra de sus ancestros para llamar a la responsabilidad de Africa a la hora de labrar su propio futuro. "El desarrollo debe estar asentado sobre el buen gobierno", dijo y se comprometió a ayudar.

"Este es un nuevo momento prometedor", dijo Obama en su primera visita a Africa desde que asumió el cargo. "La historia de mi propia familia resume los triunfos y tragedias de la historia africana", enfatizó frente al presidente ghanés, John Mills, y a parlamentarios.

En Accra, la capital de Ghana, el presidente estadounidense que tiene fuertes lazos con Africa, como hijo de padre keniata, criticó expresamente la corrupción que se expande en muchos países africanos: "Ningún país logrará el bienestar si sus líderes explotan la economía para enriquecerse ellos mismos o si la policía acepta sobornos de los traficantes".

El mandatario estadounidense condenó los numerosos conflictos armados del continente, calificándolos de "muela de molino en el cuello de Africa", y criticó el odio étnico y el pensamiento racial, que ya no tienen cabida en este siglo. "La diversidad de Africa debe ser fuente de fuerza, no motivo de separación", afirmó. Y condenó expresamente la violencia sexual y la explotación de niños soldado. "Obligar a los niños a matar en una guerra es una condena a muerte para una sociedad", dijo Obama. "Si hay genocidio en Darfur o terroristas en Somalia se trata de simples problemas africanos, sino de retos mundiales para la seguridad, que requieren una respuesta global", aseveró.

En este sentido, Occidente no se ha comportado siempre como un buen socio, reconoció Obama. "Pero Occidente no es responsable de que se haya descalabrado la economía zimbabwense, ni de las guerras en las que los niños son utilizados como soldados", puntualizó. Así, Obama instó a los jóvenes africanos a construir el futuro del continente. Pero el potencial de Africa sólo podrá desplegarse si se garantiza un buen liderazgo de gobiernos y estructuras democráticas, señaló.

Con la mirada puesta en la corrupción, Obama declaró que había instado a sus expertos a prestar más atención a este problema en el ámbito de los derechos humanos. "Tenemos la responsabilidad de apoyar a quienes actúan con plena responsabilidad y aislar a quienes no lo hacen. Y eso es lo que hará Estados Unidos", prometió.

A su llegada al país, en la noche del viernes al sábado, el jefe de Estado y su mujer, Michelle, fueron recibidos en el aeropuerto de la capital, Accra, con danzas tradicionales. Ambos venían de Italia, donde el presidente participó en la cumbre del G-8.

El momento más emotivo del viaje fue cuando ayer Barack Obama, su mujer Michelle y sus dos hijas visitaron el centro de esclavos de Cape Coast, desde donde partieron a EE.UU. decenas de miles de esclavos africanos.

Para Obama esta visita fue una "experiencia conmovedora". El Castillo de Cape Coast, a unos 160 kilómetros de Accra, fue durante mucho tiempo sede de la administración colonial británica y del comercio de oro y esclavos. Fue un encuentro con su propios orígenes: algunos de los antepasados esclavos de Michelle Obama salieron de esa región. Pese a los recuerdos dolorosos, el fuerte debe ser un sitio de esperanza, dijo Obama. "Nos recuerda que por más dolorosa que sea la historia, ésta puede ser superada".

Durante una visita de unos 40 minutos, los Obama recorrieron los calabozos donde los esclavos esperaban ser embarcados hacia EE.UU. y también la "Puerta sin retorno", donde los africanos esclavizados podían mirar por última vez su tierra. Obama consideró importante que sus hijas conocieran el lugar, para que tengan en cuenta que "la historia puede adoptar giros especialmente crueles".

Los analistas creen que Obama escogió Ghana como primer destino africano debido a la tradición democrática del país. Antes de llegar ahí, acordó con los líderes del G-8, una ayuda de 20.000 millones de dólares para la agricultura en el tercer mundo.

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