Obama pateó el tablero de América del Sur y las amenazas de guerra cruzaron el continente.

Obama pateó el tablero de América del Sur y las amenazas de guerra cruzaron el continente.
El presidente Alvaro Uribe realizó esta semana una gira por Sudamérica para "explicar" el alcance de las negociaciones con Estados Unidos sobre la instalación de siete bases militares en Colombia. La movida generó fuertes reacciones y advertencia de enfrentamientos armados desde Venezuela y Ecuador, y el gobierno de Brasil exigió que la Unasur fijara una postura común sobre la decisión del Pentágono. La cumbre que se iniciará mañana en Quito buscará bajar los decibeles del mapa sudamericano, que dibuja un complicado juego de estrategia militar. Nadie quiere perder la partida.
George W. Bush no lo hubiera hecho mejor. Con una simple movida de ajedrez, Barack Obama pateó el escenario sudamericano y generó una de las mayores tensiones regionales de los últimos años, desde que se supo que su gobierno quiere instalar siete bases militares en Colombia con el objetivo de llevar a cabo "operaciones contingentes, logística y entrenamiento", según se lee en la declaración del Pentágono.

El plan de la Casa Blanca es reemplazar la base de Manta, Ecuador, que debe cerrarse este año y no será renovada. Y fue tal la conmoción que causó la noticia, que esta semana finaliza con olor a pólvora en América del Sur, entre amenazas cruzadas de guerra y fuerte tensión militar en las fronteras de Ecuador, Colombia y Venezuela.

La movida de Obama demuestra que las promesas de "cambios" pueden tener mucho asidero en lo que respecta a algunas políticas cosméticas de la Casa Blanca y el softpower estadounidense, pero que no tienen ningún impacto en las estrategias de seguridad internacional y la realpolitik. El año pasado, por ejemplo, el gobierno de Bush anunció que reinstalaría la IV Flota en las aguas del Atlántico Sur para patrullar los confines de esta región en el contexto de un conflicto muy similar al que ahora estalló entre Estados Unidos y los gobiernos sudamericanos.

"El imperio yanqui tiene dentro de sus objetivos planear una guerra entre Venezuela y Colombia y eso hay que decírselo a Colombia porque es lo último que nos puede ocurrir: una guerra entre hermanos", advirtió el viernes el siempre enérgico venezolano Hugo Chávez. Pocas horas después del discurso del bolivariano, el ecuatoriano Rafael Correa también encendió la alarma: "Estamos preparados para repeler cualquier incursión militar en el suelo patrio. Lo que ocurre en Colombia no es nuestra guerra, aunque nos quieren involucrar en ella".

Pero la diatriba de Venezuela y Ecuador no debe ocultar la pelea de fondo: mañana se reunirá la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), precisamente en Quito, y allí se debatirá la consolidación del Consejo de Defensa Sudamericano (CDS), que fue concebido a propuesta de Brasil para articular las fuerzas armadas del subcontinente. La discusión geopolítica más importante no parece ser otra, por lo tanto, que la intención estadounidense de ponerle un freno al avance de Brasil en el liderazgo regional.

"Sudamérica tiene capacidad para mover el tablero político de todo el mundo", había anunciado el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva el 24 de mayo del año pasado en Brasilia. Los doce países sudamericanos habían terminado de ratificar el Tratado Constitutivo de la Unasur y se comprometían a darle forma a esa especie de OTAN regional que Lula había imaginado. No era el único que soñaba: en el encuentro de Brasilia, Chávez fue mucho más allá y adelantó la creación de "la unión de los ejércitos del sur". Sólo Colombia había manifestado entonces sus reparos.

Un año después de aquella desafiante cumbre militar, la autonomía militar de Sudamérica parece empezar a quedar en el olvido.

Ese parece ser el resultado de la gira que Uribe realizó esta semana para "explicar" sus negociaciones con Estados Unidos y encontrar respaldo a su propuesta de abrir la región a sus bases militares.

Las respuestas que obtuvo el colombiano no fueron alentadoras. Los siete países que visitó manifestaron su rechazo, algunos con mayor contundencia (Bolivia), otros con mejor diplomacia (Chile, Uruguay, Paraguay y Perú) y el resto exigiendo que el tema se debata en la reunión de mañana (Brasil y Argentina). Uribe insistió en que cederle el territorio colombiano a Estados Unidos apunta a acorralar a la guerrilla de las FARC y a sus narconegocios. Sería, en definitiva, la reinstauración del Plan Colombia concebido a fines de los 90 por Washington y Bogotá.

El Plan Colombia, que tuvo un presupuesto original de 7,5 mil millones de dólares, fue duramente criticado por organizaciones como Amnistia Internacional por tener una "naturaleza esencialmente militar", "ignorar que las raíces profundas del conflicto están en la crisis de los derechos humanos" y "atacar los cultivos ilícitos y el tráfico de drogas a través de una sustanciosa asistencia militar a las fuerzas armadas".

Mientras el golpe en Honduras sigue sin resolverse y el derrocado Manuel Zelaya llama a la "insurrección popular" hondureña y al "regreso de las guerrillas insurgentes latinoamericanas", Colombia y Estados Unidos vuelven a apostar por la matriz militar de su alianza. Pero esta vez a escala regional, generando un lamentable escenario: cualquier chispa puede provocar un incendio.

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