Obama logra un crucial avance para su polémico plan de salud

En Montana, de mayoría republicana, logró moderar a los críticos de su programa para ampliar el sistema sanitario. El presidente fue abucheado estos días en actos públicos. Culpó a grupos que, por sus intereses, operan para desinformar.
El presidente Barack Obama salió ayer a enfrentar el odio y la violencia que caracterizaron los cabildos abiertos que tuvieron lugar esta semana para discutir la reforma al sistema de salud que ha propuesto. Dijo que los insultos, los silbidos, las escupidas y las peleas a piñas que se vieron por la televisión no representan lo que el público piensa sobre la reforma. Según Obama, la creciente oposición a su plan proviene fundamentalmente de diferentes grupos de intereses que están operando detrás de la escena para proteger sus beneficios. Pero agregó que la controvertida reforma de salud está más cerca que nunca de ser aprobada ya que los legisladores están de acuerdo sobre mas del 80% de los temas.

Las aproximadamente 1.000 personas que asistieron al cabildo abierto que Obama presidió en Montana, un estado mayoritariamente republicano, lo escucharon con atención. Hubo preguntas duras de quienes se oponen a la reforma y de los escépticos, pero no hubo gritos ni silbatinas como en otros encuentros de este tipo. La sola presencia de Obama bastó para poner orden en el debate.

La violencia y el odio, sin embargo, siguen latentes. Si bien hay gran parte de la población que está seriamente preocupada con respecto a cómo puede afectarlos la reforma sanitaria, muchos aprovecharon los cabildos abiertos para canalizar sus odios raciales e ideológicos. Por ejemplo, en uno de los encuentros que se desarrolló en Maryland, uno de los participantes llegó con un cartel que decía "Muerte a Obama, a Michelle y a sus dos estúpidas hijas".

En otro de los cabildos abiertos, había una señora afroamericana tranquilamente sentada en su asiento cuando de repente un hombre blanco se le acercó y le arrancó un cartel que tenía doblado y apoyado en su falda. La mujer se levantó furiosa pero no consiguió impedir que el hombre lo hiciera pedazos. Los guardias, que no habían visto lo sucedido, se abalanzaron sobre ella y se la llevaron. En rigor, no habían visto lo que había pasado ni se encargaron de averiguarlo. Al día siguiente se supo que el cartel que la señora tenía era una foto de Rosa Parks, la activista negra que revolucionó los derechos civiles en EE.UU. cuando décadas atrás se negó a sentarse en la parte de atrás de un ómnibus, que en aquel entonces era el lugar destinado a los afroamericanos.

Pero eso no es todo. La virulencia de la derecha conservadora afloró también cuando una de las participantes en otro cabildo abierto acusó al senador Arlen Specter, ex republicano que se pasó al Partido Demócrata, de estar robándole al país la Constitución. "Usted quiere terminar con nuestros derechos civiles", dijo a los gritos. "Lo único que quiere es que el gobierno termine con nuestros seguros médicos privados. Así este país se va a transformar en Rusia", remató, evocando los tiempos del comunismo y la ex Unión soviética. De hecho, esa fue una de las críticas más frecuentes. Se trata de un temor que tiene fundamentos.

Si se crea un seguro medico estatal subvencionado, para integrar al sistema de salud a los 47 millones de estadounidenses que actualmente no tienen acceso a la medicina, muchos van a querer reemplazar sus seguros privados por los públicos y eso hará que el precio de las primas de los seguros privados aumenten.

Si bien Obama insistió ayer con que los que están contentos con sus seguros médicos privados podrán seguir teniéndolos y que las primas bajarán porque tendrán que competir con las del Estado, hay quienes temen que las compañías aseguradoras no puedan sobrevivir de esa manera.

También existe el temor de que la reforma de salud salga demasiado cara y contribuya a aumentar aun más el abultado déficit fiscal.Eso, sin embargo, no justifica de ninguna manera la violencia en los debates.

Durante los últimos días, el diputado demócrata de Texas, Lloyd Doggett, fue abucheado por una multitud enfurecida, el legislador demócrata de Nueva York, Tim Bishop, tuvo que ser escoltado por la policía y el diputado de Carolina del Norte, Brad Miller, recibió amenazas de muerte por no convocar a una asamblea en su distrito. Más aún, hace cuatro días apareció una esvástica pintada sobre el cartel de entrada de la oficina de un diputado demócrata negro, David Scott, un fiel defensor de la reforma propuesta por Obama.

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