Obama llegó a la Gran Muralla

A diferencia de sus dos antecesores, en su visita a Beijing Obama no desplegará su lista de reclamos sobre la mesa. Intentará ganarse al principal acreedor de su país con palabras conciliadoras y propuestas de cooperación.
La primera visita a China del presidente estadounidense Barack Obama promete ser el punto culminante de su gira por Asia. El mandatario llegará hoy a Shanghai, donde lo espera un auditorio lleno de ansiosos estudiantes chinos. De ahí partirá a Beijing hasta el miércoles, donde hablará ante un público un tanto más difícil. Entre sus visitas a la Muralla China y recorridos por la ciudad, tiene programada una larga reunión con el presidente chino, Hu Jintao. A diferencia de sus dos antecesores, Obama no desplegará su lista de reclamos sobre la mesa. Intentará ganarse al principal acreedor de su país con palabras conciliadoras y propuestas de cooperación. "Estados Unidos no busca contener a China. Por el contrario, la emergencia de una China poderosa, próspera, puede ser una fuerza para la comunidad de las naciones", había adelantado el mandatario desde Japón, su primera parada en Asia.

Ayer Obama llegó a la segunda etapa de su viaje, la cumbre de la APEC en Singapur, un evento que reúne todos los años a los países que comparten costa en el Océano Pacífico. Allí se vio la cara con aliados como la chilena Michelle Bachelet y el presidente surcoreano, Roh Moo-Hyun, y con rivales como el primer ministro birmano Thein Sein. Antes de partir de Japón, el mandatario norteamericano había reclamado la liberación de la Premio Nobel de la Paz birmana, Aung San Suu Kyi, y del resto de los presos políticos que mantiene hace años la junta militar de ese país.

Pero más allá de algunos momentos incómodos, la cumbre será un instante de distensión antes de enfrentarse al gobierno chino. "Las relaciones entre Estados Unidos y China modelarán el siglo XXI, lo que las coloca entre las más importantes relaciones bilaterales del mundo", había asegurado Obama en julio pasado. Según adelantaban ayer los principales medios norteamericanos, el mandatario intentará sellar una alianza estratégica con su par chino, en la que el régimen comunista apoyará la expansión del gasto estadounidense a través de la compra de bonos del Tesoro de Washington.

Además, a menos de un mes de la conferencia de Copenhague sobre el cambio climático, los ecologistas esperan que los dos mayores contaminantes del planeta lleguen a un acuerdo bilateral de reducción de gases con efecto invernadero que permita desbloquear las negociaciones. Sin embargo, los analistas estadounidenses descartaban ayer grandes anuncios para los próximos días.

En el plano diplomático, Estados Unidos necesita la ayuda de Beijing para presionar a Irán y Corea del Norte, en ambos casos para desmantelar sus programas nucleares. En esa discusión, Obama negociará bajar el tono de las críticas de su gobierno contra las violaciones sistemáticas de derechos humanos en el gigante asiático. Desde Washington, antes de iniciar la gira, el mandatario norteamericano había adelantado, casi como excusándose, que no se enfrentaría al régimen comunista. "No estaremos de acuerdo con todos los temas, pero no por eso vamos a dejar de tener una buena relación", había explicado.

Pero sus palabras no parecen haber convencido a las autoridades quienes, según la organización Human Rights in China, habrían comenzado a detener a opositores para evitar cualquier conflicto durante la visita de Obama. Esta semana la policía china detuvo a cuatro reconocidos disidentes. Entre ellos, Zhao Lianhai, responsable de una red de defensa de padres de niños víctimas de leche contaminada con melamina, y Qi Zhiyong, un dirigente que perdió una pierna en la represión del levantamiento popular de 1989.

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