Obama llamó a Lula y prometió trabajar "en coordinación"

Obama llamó a Lula y prometió trabajar
Fue un gesto del presidente de EE.UU. hacia el líder de Brasil, la potencia del cono sur. "Por favor, llámame Barack", le pidió a su colega. Hablaron de la próxima reunión del G-20 en Londres y de la ayuda brasileña a la estabilidad regional.
En una entrevista telefónica de 25 minutos con Lula da Silva, el presidente norteamericano Barack Obama acordó en la necesidad de "sostener la estabilidad política de América Latina". "Por favor, llámame Barack", le dijo Obama a Lula en un tramo de la conversación. "Bueno, pero entonces espero que me llames Lula", replicó el brasileño. A esa llamada presidencial le siguió luego una comunicación entre la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y el canciller Celso Amorim.

Luego de convenir una primera entrevista bilateral en Washington en marzo próximo, la conversación giró sobre tres puntos: Obama dijo a Lula que dio órdenes a sus colaboradores del área económica para coordinar con Brasil posiciones en la reunión del G-20 financiero que se realizará en abril, en Londres. De ese grupo participan Argentina, los países del BRIC (Brasil, India, China y Rusia), Sudáfrica, Australia, Corea y las grandes potencias. Quizá lo más llamativo fue que el flamante presidente estadounidense haya expresado a Lula su deseo de reactivar la Ronda de Doha de la OMC, para liberalizar el comercio y suprimir subsidios agrícolas; sobre todo porque frente a la crisis internacional, que tuvo su epicentro en Estados Unidos, las tendencias proteccionistas se propagan por el Primer Mundo.

Otro de los temas abordados por ambos fue el de la estabilidad política regional. Obama se comprometió "a trabajar en coordinación" directa con Brasil. Hasta ahora, el gobierno de Lula da Silva, junto con el de Cristina Kirchner y con el anterior, el de su marido, ha jugado un papel claramente "disuasivo" en los conflictos regionales, que evitó apelar a mecanismos extrarregionales. El último caso fue el de la masacre de campesinos bolivianos en Pando que se resolvió en el marco de una reunión del Grupo de Río.

Pero quizá lo que más interesa hoy al nuevo gobierno demócrata es obtener algún resultado en la próxima cumbre del G20 financiero, el 2 de abril en Londres. En este grupo, que podría perfilarse como una suerte de "nueva dirección económica" mundial, Lula reclamó que se establezca con urgencia "una nueva arquitectura financiera internacional", con una reforma de los organismos multilaterales, como el FMI y el Banco Mundial y reglas mucho más severas para los mercados de capitales.

Lo cierto es que el gesto de Obama alivió un cierto sentimiento de desconfianza de parte de Brasil. Con su carisma y simpatía, logró romper el hielo que se había empezado a formar alrededor de la relación entre los dos países. Lula supo desarrollar, desde principios de su gestión, una amistad notable con el ex presidente George W.Bush. Tanto que fue uno de los últimos en conversar con el republicano en el momento de la despedida. Entonces, Bush lo invitó a pasar unos días en su rancho de Texas y Lula lo convidó a pescar.

Por un viejo axioma de la izquierda tradicional, el gobierno brasileño temió que las buenas relaciones mantenidas durante su gestión con EE.UU. gobernado por un conservador pudiera convertirse en un "flan" bajo el comando de un demócrata. Lo llegó a sugerir en forma indirecta cuando afirmó una semana atrás: "Obama es el presidente de la primera potencia mundial, pero Brasil es el país más importante de América Latina". Desde otro lugar, el asesor internacional de Lula, Marco Aurelio García, reclamó en forma reiterada que a Brasil le gustaría que permaneciera en su puesto el subsecretario de Estado para América Latina, Thomas Shannon. De hecho, Obama decidió mantener al funcionario en ese lugar hasta abril próximo, cuando se realice la Cumbre de las Américas en Trinidad-Tobago.

Obama no fue agradable y entrador con Lula simplemente por su naturaleza. Después de todo, todavía no se conocen personalmente. De acuerdo con fuentes del gobierno brasileño, influyó también la necesidad del momento. Si Bush "dejó" a Brasil desarrollar una estrategia para mantener dentro de coordenadas aceptables a los presidentes izquierdistas de la región, sobre todo en lo que respecta a Venezuela, no habría razones para cambiar de rumbo en este momento. Lula solo tiene otros dos años de gobierno y no hay garantías absolutas de que pueda imponer su sucesión.

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