Obama jugó todo para apurar su plan de salud en el Congreso

Como se preveía, el presidente moderó su discurso ante las Cámaras y buscó calmar a los defensores del sector privado. Dijo que uno de sus objetivos es bajar los costos de la medicina. "Nadie tiene que quebrar porque está enfermo", dijo.
En un intento por retomar el liderazgo que perdió en las últimas semanas, el presidente Barack Obama habló anoche ante las dos cámaras del Congreso y dijo que ha llegado el momento de reformar el sistema de salud, que las acaloradas discusiones que han venido teniendo lugar en el Capitolio como en el seno de la sociedad tienen que terminar y que "hay que pasar a la acción".

"En EE.UU. nadie tiene que quebrar porque está enfermo", dijo, poniendo énfasis sobre la importancia de que demócratas y republicanos dejen la politiquería de lado frente a un tema que es de vida o muerte para millones de personas. "No soy el primer presidente que defiende esta causa, pero estoy decidido a ser el último" dijo Obama con tono desafiante y muy determinado propuso un plan que tiene tres puntos: suministrar un seguro médico a los que no lo tienen, dar más seguridad y estabilidad a los que ya lo tienen y reducir los costos sanitarios para las familias, las empresas y el gobierno. Es una propuesta que combina ideas no sólo de sus partidarios sino de la oposición.

Obama llegó anoche al Congreso sabiendo que se estaba jugando el todo por el todo. Hace 16 años, en setiembre de 1993 el presidente Bill Clinton también intentó impulsar su reforma de salud durante una sesión conjunta de ambas cámaras. Su fracaso fue tan grande que en 1994 el Partido Demócrata perdió el control de la mayoría parlamentaria por primera vez en 40 años y sólo pudo recuperarla 10 años después. Obama recordó que hace casi un siglo que el presidente Teodoro Roosevelt propuso una reforma del sistema de salud y que desde entonces "casi todos los presidentes y congresos, republicanos o demócratas, han enfrentado ese desafío de una manera u otra".

Según Obama, tantos fracasos han colocado a EE.UU. en un punto de inflexión. Actualmente hay casi 47 millones de estadounidenses, no sólo indigentes sino también miembros de la clase media, sin cobertura médica. "El tiempo de las peleas se acabó (...) ahora llegó el momento de la acción", dijo, y advirtió: si no se aprueba una reforma sanitaria, "más estadounidenses perderán su cobertura cuando más la necesitan (y) más estadounidenses morirán". El punto más controvertido es lo que llaman la opción pública, es decir, la posibilidad de que los estadounidenses que no tienen seguro médico tengan acceso a uno gratis, subsidiado por el Estado. La oposición republicana ha acusado a Obama de querer "socializar" la medicina. Los demócratas moderados temen que la opción pública salga carísima, aumente el ya abultado déficit y que, al competir con los seguros privados, termine con ellos. La base más progresista demócrata no acepta ningún proyecto que no tenga una opción pública porque considera que sin ella no habrá cobertura médica universal. Ayer Obama insistió en la opción pública aunque también habló de una especie de bolsa de seguros médicos a nivel federal a las que tanto los individuos sin seguro como las pequeñas y medianas empresas podrán acudir para buscar pólizas mucho más baratas. El Estado intervendrá para garantizar el buen funcionamiento de estas bolsas y quizás también para subsidiarlas. No es claro qué pasará con quienes no tienen trabajo ni modo de pagar siquiera estas pólizas.

Obama buscó tranquilizar a los que están satisfechos con sus seguros médicos explicándoles que pueden conservarlos y que, si las compañías de seguros deciden suspender o reducirles cobertura, no podrán hacerlo. Mas aún, explicó que uno de los objetivos de su plan es reducir los costos de la medicina, que es una de las más caras del mundo. ¿Por qué? En primer lugar, los médicos estadounidenses cobran por hora muchísimo más que en otros países para protegerse de los juicios por mala praxis, por lo que sacan seguros que cuestan hasta 100.000 dólares por año. Las primas son muy altas porque las leyes favorecen este tipo de juicios y, cuando un médico es declarado culpable, las multas son altísimas. En segundo lugar, los medicamentos salen más caros porque no hay competencia entre los laboratorios que los producen y el gobierno pone trabas a la importación de los mismos. Falta saber ahora si Obama logró convencer a los escépticos o si sus esfuerzos conducirán a un nuevo fracaso.

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