Obama y Hu Jintao acuerdan cooperar pese a las diferencias

China criticó el proteccionismo de EE.UU. y no hubo acuerdo por la valuación del yuan. Pero firmaron una vaga carta de intenciones para evitar que fracase la próxima cumbre del clima. Obama pidió que se retome el diálogo con el Dalai Lama.
Lejos quedan ya los tiempos de rencor entre Estados Unidos y China. Ambas naciones siguen manteniendo diferencias sustanciales e intereses contrapuestos, pero los presidentes Barack Obama y Hu Jintao quisieron hacer ver ayer que el teléfono rojo entre Washington y Beijing funciona mejor que nunca. Palmaditas en la espalda, gestos de asentimiento de uno cuando hablaba el otro, sonrisas calurosas. "Las buenas relaciones entre los EE.UU. y China nunca habían sido tan importantes para el futuro colectivo", exclamó Obama en una declaración conjunta con su homólogo en el Palacio del Pueblo, corazón del gobierno chino.

Pero se necesita mucho más que buenas maneras para cautivar al régimen comunista. Luego de una intensa reunión de más de dos horas, el resultado más tangible que alcanzaron ambos presidentes fue la firma de un acuerdo de cooperación para desarrollar tecnologías de baja emisión de carbono y crear un centro conjunto de investigación y promoción de plantas de carbón limpio, edificios sostenibles y autos eléctricos.

El diálogo sobre calentamiento global fue uno de los puntos clave del encuentro, pues EE.UU. y China son los dos países más contaminantes del planeta (entre los dos suman el 40% de las emisiones mundiales) y también los principales productores de energía. En medio de la polémica por la falta de compromisos reales a menos de un mes para la cumbre climática de Copenhague, Obama y Hu Jintao esbozaron una ambigua y apresurada declaración de intenciones para que la conferencia no termine en fracaso.

"Nuestro objetivo, de acuerdo con lo dicho por el primer ministro (Anders Fogh) Rasmussen de Dinamarca, es tratar de alcanzar no un acuerdo parcial o una declaración política, sino un acuerdo que cubra todos los aspectos de las negociaciones y tenga una aplicación inmediata", aseveró el presidente norteamericano. Hu, a su vez, advirtió que todos los gobiernos deben esforzarse en "ayudar a sacar resultados positivos de la conferencia".

Si hubo un punto en el que Obama pudo comprobar que al Gobierno comunista es un hueso muy duro de roer fue en las negociaciones sobre economía. La delegación norteamericana llegó a Beijing con el objetivo de que China se comprometiera a revalorizar su divisa, el yuan. EE.UU. considera que la actual valorización, por debajo de los precios de mercado, abarata las exportaciones chinas y desequilibra la economía. Sin embargo, todo lo que obtuvo Obama fue una vaga promesa de orientar el yuan a los mercados y una reprimenda pública por parte de Hu Jintao: primero, dijo el mandatario chino, EE.UU. debe "oponerse y rechazar el proteccionismo en todas sus manifestaciones". Con estas palabras, el líder comunista se refirió a la reciente imposición de aranceles por parte de Washington a los neumáticos y las tuberías chinas. Obama no quiso responder a ese dardo envenenado, y solamente insistió en su deseo de una economía mundial más "equilibrada". En lo que va de año, EE.UU. acumula un déficit comercial con China de 166.801 millones de dólares.

El presidente norteamericano pudo devolver el golpe atacando al punto más débil de su oponente: "Los derechos universales deben estar disponibles para todos los seres humanos y todas las minorías", reiteró, a la vez que solicitó al gobierno chino que retome "en cuanto sea posible" el diálogo con el Dalai Lama. Si no hubo más divergencias fue, en buena medida, porque los cientos de periodistas congregados se quedaron sin poder formular una sola pregunta, pese a que el acto estaba catalogado como conferencia de prensa. Una nada sutil estrategia de los organizadores para evitar que Hu Jintao se enfrentara a preguntas embarazosas que no está acostumbrado a responder.

Ambos presidentes coincidieron además en la necesidad de que Corea del Norte regrese a la mesa de diálogo a seis bandas para su desarme nuclear y de que Irán demuestre que su programa atómico tiene fines pacíficos.

Para relajarse luego de toda la tensión y antes del banquete oficial, Obama visitó en una limusina blindada la Plaza Tiananmen y la Ciudad Prohibida de Beijing, residencia de los emperadores chinos durante dos milenios. El presidente norteamericano se mostró "fascinado" por la belleza del palacio, y aseguró que le gustaría regresar junto a sus hijas Malia y Sasha. Hoy visitará la Gran Muralla antes de partir hacia Corea del Sur, la última etapa de su gira asiática.

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