Obama despierta euforia y su imagen está en todos lados

Por Román Lejtman Desde Washington DC

Es alta la expectativa para la asunción de mañana. En los subtes, en las calles y en los restaurantes, se pueden escuchar comentarios, análisis y pronósticos que van desde el futuro de la economía hasta el colegio que Michelle Obama elegirá para sus hijas

Mañana Washington será escenario de un acontecimiento inédito en la historia de los Estados Unidos. Aquí se decidió el desembarco en Normandía, se veló a John Fitzgerald Kennedy y se planificó la caída de la Unión Soviética. Esta ciudad es el ícono del poder mundial, y ahora recibirá a su primer presidente negro: Barack Obama.

La euforia por la asunción de Obama alcanza a todos. Jack Nicholson abordó el vuelo 1094 de American Airlines desde Miami para llegar anoche a Washington. Entró al avión sigiloso, y provocó las sonrisas de los pasajeros que aguardaban su turno para abordar. Todos iban a la misma fiesta, a un lugar inimaginable 700 días atrás, cuando Hillary Clinton era la candidata del establishment, los medios más influyentes y el partido Demócrata.

En esta ciudad, en 1967, se realizó la Marcha al Pentágono, una movilización que acorraló al presidente Lyndon Johnson por su sinuosa estrategia en la Guerra de Vietnam. Anoche, en uno de los bares cercanos a la Casa Blanca, se recordaba ese hito en la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos. Es que Obama sabe que tiene en Irak a su propio Vietnam. Allí hubo miles de muertos -civiles y militares-, es una guerra que no tiene sentido ya para la sociedad americana y las violaciones a los derechos humanos es uno de los legados que deja George Bush.

El futuro Presidente ha dicho que regresará los soldados desde Irak, pero en medio de esa decisión política hay un debate interno que aun no fue resuelto en la intimidad de su gabinete: si se condena la invasión ordenada por Bush, las torturas en las cárceles de Bagdad y los vuelos secretos de la CIA hacia Guantánamo, eso podría implicar avanzar legalmente contra el presidente republicano que mañana abandonará la Casa Blanca.

La seguridad en Washington es infinita y silenciosa. Los servicios secretos, la guardia de infantería, la policía local está en todos los rincones de la ciudad. Pero no asusta. Acompaña a la gente que llega incesantemente. En los subtes, los colectivos, en las calles y en los restaurantes se pueden escuchar comentarios, análisis y pronósticos que van desde el futuro de la economía hasta el colegio que Michelle Obama elegirá para sus hijas.

Los medios publicaron ayer una serie de encuestas de opinión para explicitar cómo llegará Obama a la Casa Blanca. El New York Times, por ejemplo, aseguró en su portada que la sociedad americana tiene frente a la asunción de mañana una mezcla de expectativas y fe. Sin duda que deberá creer en el presidente número 44 de los Estados Unidos: el desempleo aumenta, la economía se achica, no hay créditos para el consumo y Wall Street no es un lugar condescendiente.

No obstante, la alegría y el apoyo institucional se observa en esta ciudad acostumbrada a los gestos de poder. Y Obama no pierde el tiempo: su imagen aparece en todos lados, incluso en los tickets que se compran para viajar en subtes. Sus discursos se repiten una y otra vez en los medios. Y su aparato mediático y tecnológico funciona

a toda hora, a cada instante.

Mañana es el día. Ahora, dependerá de él. Y sus circunstancias.

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